Otra cumbre comunitaria para olvidar

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Si la cumbre anterior supuso un fracaso en materia presupuestaria, con una reducción histórica del ya paupérrimo presupuesto comunitario, la finalizada ayer ha puesto de manifiesto que los 27 son incapaces de acometer las medidas necesarias para rescatar al continente.

Los objetivos para España, y para la UE en general, de esta cumbre eran básicamente dos: la mal llamada Unión Bancaria, y el Fondo anticrisis planteado por España e Italia. Ninguna de las dos resoluciones resultan ser satisfactorias para el conjunto de la UE, la primera por ser prácticamente de difícil implementación sin cambios muy profundos, y la segunda porque apenas ha tenido eco entre los países más ricos, especialmente Alemania, y además choca con la política interna llevada a cabo por los países demandantes.

En lo que respecta a la Unión Bancaria, acuerdo de mínimos alcanzado bajo la presión de los mercados, dejando en prácticamente papel mojado lo acordado. La primera premisa que hay que criticar es que se consagra el principio de riesgo sistémico para que se active el mecanismo de supervisión único. España, en este punto, aporta prácticamente todo el sistema financiero a este mecanismo, mientras que Alemania escapa de cualquier control, especialmente la de las Cajas de Ahorro, verdadera bomba de relojería que el día que se rompa el esquema y acaben las ayudas de Estado que suponen el paraguas del rating AAA que se aplican a dichas instituciones, la situación de la banca alemana sufrirá mucho. De las 426 cajas de ahorro alemanas solo una estaría bajo la supervisión europea, lo que deja fuera del esquema a un conjunto de entidades que suponen casi un billón de euros, lo cual indica que el riesgo está latente y revela que la UE solo se mueve al servicio de los intereses del lobby bancario alemán, principal acreedor de buena parte de la deuda pública española, griega o italiana.

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Sin embargo, La OCDE ha destacado recientemente en un documento los riesgos de las entidades alemanas como una de las "principales cuestiones" a tener en cuenta en estos momentos en la crisis del sistema financiero europeo. Si se analiza en profundidad la exposición al riesgo soberano de los países con serias dificultades en estos momentos, Portugal, Irlanda, Grecia o España, la banca alemana aparece en mucha peor situación que lo que las cifras y los resultados del stress test revelan.

La principal crítica que se puede hacer a los test de stress es que no se incluyeron quitas de deuda soberana en los balances bancarios, es decir, en aquellos balances en los que los activos se mantienen hasta vencimiento, ante el supuesto de que no es posible la suspensión de pagos en deuda soberana entre los países analizados. Por el contrario, en el caso de los balances de trading (trading books), sí se han contemplado quitas, que alcanzan los 26,4 billions. La contribución de los cinco países más problemáticos es de casi 14,4 billions.

Alemania es, salvo Italia, el país más expuesto en materia de deuda soberana, tanto en el caso de trading books, como de balances estrictamente bancarios. En el caso de los balances bancarios, la situación es aún más llamativa. En este punto las exposiciones a la deuda soberana son infinitamente mayores, casi el 83%, siendo Alemania, con mucha diferencia, el país con mayor riesgo, casi 422.000 millones, es decir el 30% del total de la zona euro. En conjunto, Alemania tiene el 21% de la deuda española, un 12% de la griega, un 7% de la portuguesa, un 8% de la irlandesa, pero también un 48% de la italiana. Lo cual, en un contexto en el que la probabilidad de impago de deuda soberana empieza a ser relevante en algunos países periféricos los riesgos de la banca alemana parecen muy infraestimados. Esta cifra de exposición equivale al 12% del montante de capital Tier 1 de toda la banca europea a finales de 2009, llegando al 14% del Tier 1, si sumamos el trading book. Alemania, con casi 24.000 millones de € de quita, sería el país más perjudicado ante la probabilidad de suspensión de pagos de la deuda soberana, estando muy sobrestimada su capacidad de reacción y crecimiento en caso de que los países periféricos sufran, como es nuestro escenario, un serio deterioro fiscal.

Con estas premisas, por tanto, lo aprobado en materia de supervisión bancaria, al margen de que se retrasa hasta 2014 y que es muy probable que no entre en vigor, es realmente un mecanismo que nace viciado y no podrá eliminar o mitigar el riesgo sistémico del conjunto del sistema bancario en la UE. Adicionalmente, un problema no abordado es que las normas contables son radicalmente distintas en Alemania, Francia o España, lo cual añadirá aún más dificultades a los futuros supervisores europeos, dejando al descubierto las lagunas del acuerdo. Tampoco se ha puesto de manifiesto si se extenderán las sanciones transfronterizas en caso de malas praxis, y si se contará con el número de inspectores suficientes para encargarse de todo el montante de trabajo que supondría la puesta en marcha de una verdadera supervisión única. No hay que olvidar que la estructura del crédito no es la misma, que el número de oficinas tampoco y que la tenencia del capital y las ratios son diferentes y no están homogeneizadas. En conjunto, la armonización supervisora será imposible si no hay normas contables  homogéneas y si no hay un grado de excepcionalidad tan grande, como el que ha impuesto Alemania, tratando de esconder su enorme riesgo sistémico.

En lo que respecta al fondo anticrisis, la actitud de España e Italia es totalmente contradictoria. La idea esencial es que una parte del gasto social, fundamentalmente prestaciones por desempleo, se paguen con este fondo. No hace tanto tiempo, el anterior presidente Aznar, espetaba al presidente González aquella famosa frase de pedigüeño ante la insistencia de aquel en conseguir los fondos de cohesión y estructurales, algo que se demostró muy útil para la economía española y explican una parte importante del crecimiento económico y especialmente en la convergencia en renta per cápita que se produjo en aquellos años. Por ello, sorprende que el actual presidente Rajoy insista en que la UE le pague una parte del enorme coste de las prestaciones por desempleo, cuya cuantía y duración ha sido reducida por el actual Ejecutivo, y máxime en un momento en el que los principales asesores en materia económica, FEDEA y FAES están lanzando la señal de que el subsidio de desempleo debe ser reducido drásticamente e incluso lo más radicales abogan por eliminarlo. Si además, se han eliminado gran parte de las políticas activas de empleo, estamos ante una coyuntura muy dura para los que han caído en el desempleo y los que caerán en los próximos años, fruto de la recesión profunda en la que estamos inmersos.

La actitud de Alemania para con esta propuesta es coherente con la postura que defiende también España, es decir la reducción sistemática del gasto público, fundamentalmente el gasto social. No hay que olvidar que en España se achaca a los parados, desde el Ejecutivo, una cierta holgazanería, lo que invalidaría ahora esta petición de copago del subsidio de desempleo y otros gastos sociales entre España y la UE27.

En resumen, esta cumbre no se puede catalogar de exitosa, ni para la UE, y mucho menos para España. Los tímidos avances en Unión Bancaria, lenta y sin las bases contables, financieras, fiscales y equitativas que la hagan posible, mantienen el riesgo latente sobre el sistema financiero y también consagran que la UE mantiene la doble moral entre el riesgo sistémico del Sur y el Norte, especialmente  entre las Cajas de Ahorro alemanas y españolas. LA otra gran apuesta de España, el fondo anticrisis, rezuma incoherencia en la propuesta y sólo se explica por lavar una conciencia por parte de Rajoy que está llevando con la acción suicida del recorte de gasto, a una de las recesiones más profundas de nuestra historia reciente. Se constata, una vez más, que Rajoy es un Presidente sin peso político en la UE y que sus socios ningunean su incoherencia ideológica y su liquidez política.

 (*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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