La democracia orgánica de puertas giratorias

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Joan Tardà i Coma *

El neoliberalismo instala las puertas giratorias de la política entre el sector público y privado. Un empresario de la industria armamentística es ministro de Defensa, un antiguo asesor de Lehman Brothers es ministro de Economía. En el otro lado de la puerta, Aznar, Rato, Zaplana, González, Solbes, Salgado son consejeros de grandes empresas que se vieron beneficiadas con sus gobiernos.

Las grandes corporaciones y las familias del régimen están en connivencia con el poder para la creación de un sistema corporativista, oligopólico, donde economía y política se confunden tanto como lo público y lo privado en una democracia orgánica. Donde el poder político beneficia al poder económico, no se sabe si por ideología, por futuros intereses particulares o por sumisión. Donde el poder político desmantela al sector público para entregárselo al privado. Los beneficios públicos se convierten en dividendos privados, de unos pocos, de muy pocos, de cada vez menos.

La privatización de los servicios públicos nos dirige al sistema americano: quien puede pagar una mutua tiene derecho a la sanidad. Quien no, mala suerte, que se hubiera espabilado en el país de las oportunidades… neoliberales. Es la ley del Salvaje Oeste americano.

La Ley de tasas de Gallardón como ejemplo del paradigma:  tasas de acceso a la Justicia que se convierten en obstáculos, que sólo podrán superar los ricos o aquellos que puedan pagar una mutua legalista (en los próximos tiempos veremos generalizarse estas mutuas tanto como las sanitarias).

No nos engañemos, no son políticas aisladas. Existe una coherencia transversal en todas las políticas del gobierno Rajoy: desde la reforma de la Ley de Costas, que supone su  privatización perpetua, hasta una cínica Ley de “liberalización del comercio” que convierte al Estado en el gratuito intermediario exportador de la industria armamentística. La lógica es la misma que hemos visto estos últimos años con la “crisis”: privatización de beneficios, socialización de gastos y pérdidas.

Y, ahora, le llegó el turno a los órganos reguladores –controladores y fiscalizadores– de la competencia para que no  tengan capacidad para denunciar y frenar el nuevo sistema de concentración oligopólico. Liquidados y centralizados con la excusa de la racionalización y el ahorro, el gobierno pasa a asumir esas competencias de control y se arroga la facultad de árbitro neutral. Eso es lo que hace la llamada Ley de creación de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

La crisis es simplemente el shock necesario para aplicar una ideología que dualiza la sociedad acabando con las clases medias y entregando todo el poder a las grandes corporaciones. El neoliberalismo se desenmascara como la misma democracia orgánica que tuvimos en otros tiempos.

(*) Joan Tardà i Coma es diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso.
3 Comments
  1. Javier G. says

    Gran artículo, pero al señor Tardá nunca le perdonaré el ardor con el que defendió – y votó – la operación que acabó con la vida del 2% de la población libia, cuando muchos expertos ya avisaron de lo que iba a ocurrir.

  2. Salud says

    Muy de acuerdo con usted, Joan. ¡Visca Cataluña! Y visca la Republica.

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