Ni pacto por el empleo ni brotes verdes

La gravísima situación económica que vive el país, con unos datos de paro y crecimiento que nos sitúan al borde del estallido social, no han merecido nada más que un burdo anuncio de brotes verdes y fin de la recesión en 2013 en el PP, y por parte de la oposición un vago anuncio de pacto por el empleo.

Esta mezcla de balbuceos ha coincidido también con un sorprendente anuncio, siempre fuera de España y a través de la prensa, por parte del presidente Rajoy instando a Alemania a impulsar el crecimiento, ante la pertinaz recesión que asola a España y que únicamente vía exportación será imposible de superar. Este aparente cambio de discurso de Rajoy, tan ridículo como tardío, fue contestado de inmediato por la presidenta Merkel, ridiculizando su mensaje e instando a exportar productos a América Latina. Este tímido cambio de relato y discurso por parte del presidente del Gobierno choca frontalmente con todas las medidas tomadas, y con las que están previstas a lo largo del ejercicio. Las continuas reducciones de salarios y rentas, pagos en especie y prestaciones han provocado que el último trimestre de 2012 fuera uno de los peores de los últimos años, acelerando la caída de actividad, consumo e inversión, tanto pública, como privada. El resultado material es que el año 2012 finalizó con una reducción del PIB del 1,8%, con un 0,7% de caída en el cuarto trimestre de 2012. El efecto más dramático se ha traducido en la mayor tasa de paro de la historia reciente, un 26%, y una cifra, que solo el maquillaje de las tasas de actividad, ha dejado ligeramente por debajo de los fatídicos 6 millones de euros. De todos ellos, 1,8 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, lo que ya indica que se ha roto definitivamente el ascensor social y buena parte de la clase media ha retrocedido casi 15 años en renta y conquistas sociales.

Lo peor de la situación es que el objetivo de déficit tampoco se ha logrado, después de dos aplazamientos y de elevarlo al 6,3% desde el 4,5% inicial, lo que revela el absoluto fracaso de la política económica planteada por la UE y servilmente implementada por el Gobierno Rajoy y el representante del lobby financiero, encarnado por el Ministro de Economía. Con esta política de deflación interna, trufada con un fuerte alza de precios interiores por subida de impuestos y políticas de incremento de precios de farmacia y educación, la sociedad ha sufrido el mayor recorte de poder adquisitivo de la historia económica reciente. El cóctel es realmente explosivo, y dada la inercia que tiene la economía española, será absolutamente imposible cumplir el objetivo de déficit en 2013, máxime tras el ejercicio de ingeniería fiscal realizado en 2012. Al margen de la situación macroeconómica, la Seguridad Social está sufriendo el descalabro del mercado laboral, y también la fuerte caída de las bases de cotización, que ponen en peligro el futuro del sistema, a lo que nadie está poniendo reparos. La hucha de la Seguridad Social, cuya cuantía rondaba los 70.000 millones de euros cuando Rajoy llegó al poder, está sirviendo para pagar pensiones y pagas extras, en un ejercicio que no estaba contemplado en el espíritu de la ley.

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Las expectativas para 2013 no son mejores. Con el escenario macroeconómico ya incumplido en enero, y una sobrestimación de ingresos fiscales que supera los 3.000 millones de euros, el discurso de apostar por el crecimiento es papel mojado y pura retórica sin sustancia, propia del espíritu de este gobierno. Todo apunta a que el decrecimiento puede acrecentarse, y con ello se mantendrá el ajuste del empleo, pudiendo terminar 2013 con más de 6,7 millones de desempleados.

Si el Gobierno se caracteriza por la inacción, por convencimiento, y por falta de preparación y proyecto, la oposición política mayoritaria no anda mucho mejor. Las elecciones catalanas y el posterior espectáculo político del acuerdo de soberanía, han dejado fuera de juego a la oposición mayoritaria, y sin apenas respuestas políticas, en parte fruto de la alarmante falta de un equipo económico riguroso, sólido, formado y con prestigio social. La última medida propuesta en política económica –más una ocurrencia que una verdadera reflexión sobre una alternativa, que no alternancia– ha sido el pacto por el empleo con el PP. Este anuncio sorprende, no solo por la materia,  sino también por el mero hecho de plantearse, máxime tras aprobarse una reforma laboral que contraviene lo que tradicionalmente defendía el PSOE. Pero más aún, la pobreza del análisis viene de las propuestas concretas, apenas reducciones de cotizaciones sociales, tan manidas, como ineficaces, o un fondo de emprendimiento de 20.000 milones de euros, para relanzar el crédito, sin que se ataque el verdadero problema: el sobreendeudamiento privado y la atonía de la demanda interna, fruto de la caída de salarios y rentas. Sin medidas de fondo, de calado, sin una verdadera revolución en la política económica, no habrá alternativa y el posible pacto sobre empleo tendrá el mismo efecto que el pacto constitucional: destruir el tejido social, ahondar en la prevalencia del sistema financiero sobre la economía real y dejar desamparados al colectivo de renta media y baja, que antaño confiaron en la izquierda y que hoy la han dado la espalda ante la traición cometida.

En resumen, estamos ante el peor escenario posible. Un gobierno con un objetivo definido, desmantelar el raquítico Estado del Bienestar, bajo el manto de la política económica de ajuste y deflación interna dictada por la UE y los mercados financieros. Este sueño ya se ha cumplido y hoy la inequidad alcanza tasa no conocidas y la pobreza social asoma ya por los arrabales de las grandes ciudades, adentrándose en los círculos otrora habitados por las clases medias incipientes que dieron la gran victoria electoral al PP. Enfrente el conjunto vacío, desarmados y faltos de credibilidad, no solo política, sino entre los agentes económicos más afines, el PSOE puede llegar a convertirse en un partido marginal. Por ello, solo cabe esperar que una nueva organización surja de las cenizas, que aúne lo que se merece la población de izquierdas de este país: rigor, prestigio, valentía, sensibilidad y un proyecto nuevo que encarne una verdadera alternativa, no una alternancia llena de pactos de papel y vacios de contenido.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.