El hombre que parecía don Quijote

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Luis Goytisolo *

Conocí a José Luis Sampedro al poco tiempo de que publicara Octubre Octubre, novela editada, si no me equivoco, en la colección azul de la Alfaguara de la primera época, es decir, la que dirigía Jaime Salinas. Llegó a la casa de Carmen Balcells a la hora del café, tras un almuerzo que Carmen había organizado para Lisa Morpurgo -quien compaginaba sus actividades editoriales en Italia con la astrología- y para mí.

Recuerdo que José Luis mostró cierto interés por la astrología, creo yo que más por ser cortés que por verdadera curiosidad. Me pareció un hombre tímido y extremadamente educado, lo que no le impedía introducir en la conversación observaciones clarificadoras. Por ejemplo, que él no era banquero –como le había calificado Carmen- sino bancario, es decir, empleado de banca.

Nos caímos bien mutuamente. A mí me pareció entonces –sin que, por supuesto, se lo llegara a decir jamás- la imagen misma de don Quijote. Si yo hubiera tenido que filmar una película sobre esa novela no habría dudado en proponerle para el papel.

A decir verdad, su imagen no dejaba de responder a cierta realidad: un bancario, autor de libros sobre economía y profesor universitario, que detestaba los negocios especulativos y un novelista al que le daba cierto apuro hablar con sus lectores del contenido fuertemente sexual de sus obras. José Luis intentaba siempre que esa cuestión quedase aparte, como tuve ocasión de comprobar, divertido, hablando con él de su novela El amante lesbiano. En resumen, una personalidad tan atípica desde el punto de vista de su profesión en el ámbito económico como en el de su producción literaria.

No creo que volviéramos a vernos hasta mi ingreso en la Academia, algo en lo que él me precedió unos pocos años. Nuestro trato allí siempre fue excelente ya que el aprecio era mutuo. En ninguno de sus tres ámbitos –el económico, literario y académico- buscaba Sampedro el menor protagonismo.

Todos esos rasgos se acentuaron, creo yo, a partir del episodio cardiovascular –como suele decirse piadosamente- que sufrió en Nueva York, y que propició que conociera al médico que le salvó la vida, el doctor Fuster. Entre los dos se estableció una gran afinidad que les llevó a escribir un libro conjuntamente, La ciencia y la vida.

En los últimos años, la nueva visión del mundo, creada a partir de ese episodio no hizo más que acentuarse y –más que la literatura o la economía- le interesó el futuro del mundo o, lo que es mejor, el futuro de la vida, desde los planteamientos provocados por los conflictos financieros y sociales hasta la ecología.

Cada vez más delgado, cada vez más adusto, cada vez más afable, cada vez más preocupado por los aspectos más cotidianos del mundo en que vivimos. Y de una austeridad progresiva sólo comparable a la alcanzada por Ghandi.

(*) Luis Goytisolo. Escritor y académico de la RAE. Su última obra publicada es Antagonía (Anagrama, 2012).  Su ensayo Naturaleza de la novela, por el que acaba de obtener el Premio Anagrama 2012, aparecerá el próximo mes de mayo.

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2 Comments
  1. juanjo says

    «Es justo recvonocer que el vocablo goblalización es moderno y atractivo, ya que sugiere algo global (es decir, común a todos) y suscita además la imagen de un globo en cuya barquilla se eleva la humanidad, solidariamente unida, hacia el empíreo.

    Desgraciadamente, la solidaridad no es la actitud predominante por parte de los globalizadores (…) en la barquilla del globo no se eleva más que una minoría de globalizadores, mientras quedan en tierra los millones de globalizados que dependen de ellos. Por supuesto, los de la barquilla alegarán que su relación con los que no suben es más bien de interdependencia; pero también son interdependientes el jinete y su caballo, con consecuencias muy diferentes para cada uno (…)

    Y concluye resaltando la abismal desigualdad entre la minoria globalizadora y el resto.
    ..
    DESIGUALDAD QUE MUESTRA UNA AGRAVACIÓN PROGRESIVA
    J. L. Sampedro
    ..
    Tan desigual, añadiaría yo, como los 12 millones de €€ cobrados por Miguel Blesa por hundir Caja Madrid y los 400 de limosna que recibe mi amigo Jose, tras haberse dejado las costillas trabajando de jornalero.

  2. carlosg says

    Enhorabuena a Cuarto Poder por ofrecernos firmas como ésta: un clásico en vida de la literatura española. Magnífica evocación del maestro Sampedro.

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