Madrid, Mayo 2013: ‘el lado malo de las cosas’

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Francisco Serra

La víspera del Primero de Mayo, un profesor de Derecho Constitucional,  agobiado por el continuo deterioro de la situación económica, decidió tomarse la tarde libre y entrar en un cine a ver una comedia. Aunque estaba deseando evadirse de la dramática realidad, llegó demasiado pronto a la taquilla, mucho antes de la hora, y se encontró con que una familia entera, arropada bajo una manta, había encontrado refugio frente a las inclemencias del tiempo a la puerta del local. La joven pareja y los niños parecían haberse escapado de una viñeta de Gila y el profesor, ya con el ánimo alterado, se sintió incapaz de asistir a la proyección.

Unos días antes había acudido a una cena, en la que una amiga, dedicada al trabajo social, había expuesto la triste condición de quienes habían agotado todo tipo de ayudas y buscaban, instalándose en la Plaza Mayor o en otros lugares turísticos, la intervención de la policía para que los llevara al albergue a pasar la noche; parece, sin embargo, que si ya se ha empleado varias veces ese recurso, la autoridad se limita a expulsarlos de su rincón y deben ingeniárselas para guarecerse en algún portal o en un coche abandonado.

El profesor fue dando un paseo a visitar a su madre, que había estado seriamente enferma y había precisado ser hospitalizada por algún tiempo. Un célebre poeta escribió que la forma de una ciudad cambia más rápido que el corazón de un hombre y el Madrid del día anterior al Primero de Mayo de 2013 era ya muy distinto del que existió apenas dos o tres años atrás. Sin ir más lejos, el día del libro, como hacía siempre, el profesor quiso comprar una rosa y un ejemplar de alguna obra literaria y se encontró con que la librería más próxima a su domicilio había cerrado y la floristería que estaba en su misma calle también había desaparecido.

Dejándose llevar por el camino que había recorrido tantas veces bajó por la calle de la Santísima Trinidad y tomó el pulso a la urbe, comprobando que en algunos restaurantes se ofrecían menús del día incluso por seis euros. Un poco más allá había prosperado en la época de la transición un lujoso establecimiento en el que se podía saborear la más exquisita comida rusa, mientras unos engalanados violinistas amenizaban la cena. Sin duda, debía ser una casualidad que ese prestigioso local (que se llamaba La Troika, quien lo diría) estuviese próximo a la que fue sede del Partido Comunista de España. De una troika a otra, las esperanzas puestas en la democracia y en la incorporación a Europa se han visto dolorosamente frustradas.

También en su itinerario advirtió cómo hasta las grandes cadenas proponían un “platazo” o una nada cara superhamburguesa, ante la vertiginosa caída del consumo. Su madre, al leer esos anuncios en el periódico, le había comentado una vez: “Vuelve el plato único”, recordando la posguerra, cuando de forma más o menos obligada se recomendaba un día a la semana tomar nada más una cosa. “Ya solo falta que regrese también el piojo verde”, concluía, meneando la cabeza y haciendo memoria de las campañas sanitarias que advertían contra la enfermedad que llamaban así (en realidad era el tifus exantemático, una epidemia propagada por las carencias en la nutrición de los españoles en esa época).

Después de charlar con su madre, al llegar a casa, el profesor se sentó a ver la enésima “comedia de la temporada”, El lado bueno de las cosas, aunque había leído una crítica poco favorable de ella en cuartopoder.es. No le estaba gustando demasiado, pero, encima, tal vez por fortuna, se le estropeó el aparato reproductor de DVD y se tuvo que conformar con la programación televisiva. Zapeando, se encontró con las noticias de Telemadrid, que no parecían conceder demasiada importancia a la citación judicial como imputados por el caso Bárcenas a algunos de los más importantes empresarios de la construcción y destacaban por encima de todo la asunción de la corona por el nuevo rey de Holanda, tras la abdicación de su madre. El profesor tenía un amigo que trabajaba en esa cadena  (a pesar de llevar tiempo sin verlo, podía apostar que estaría afectado por el ERE) y le comentó en una ocasión, con sorna, que nunca había dado una información más “veraz” Telemadrid que cuando estaba en huelga casi permanente, porque, solo mostrando la imagen fija, en negro, por lo menos no tergiversaba la realidad.

A la mañana siguiente, su hija le preguntó al profesor el título del film que había visto y él contestó, tras alguna vacilación, El lado malo de las cosas. “¿Y es bonita?”, insistió la niña. El profesor se acordó de una narración del escritor alemán Jean Paul, en la que se cuenta la vida de un pobre maestrillo de escuela que, al carecer de dinero para poder comprar libros, decide escribirlos él mismo y, mezclando la trama de la película con lo que había visto en la televisión, contestó: “Muy triste, es la historia de un hombre que sale de un psiquiátrico y acaba convertido en rey”. “¿Como La Cenicienta?”, quiso saber la pequeña. “Justo al revés”, precisó el profesor, “porque hoy es preferible estar loco que querer ser rey”.

6 Comments
  1. Herminia says

    Es deprimente que sean Caritas y Cruz Roja quienes se ocupen, en solitario, de la miseria. Los servicios sociales están desasistidos por desgracia

  2. Susana says

    También nos estamos quedando sin cines donde meternos -consumidores e indigentes- dentro de esta deforestación social, económica y cultural

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  4. Viola says

    Malos tiempos estos. Mi enhorabuena al profesor Serra por su excelente artículo.

  5. Jansenius says

    Aunque casi siempre sí, no siempre estoy de acuerdo con usted, doctor Serra. Pero los acuerdos y desacuerdos son a veces lo de menos. Sus textos en este sitio, y éste muy en particular, me parecen de lo más lúcido y de lo más solvente que puede leerse por ahí. No lo dude: a veces las épocas necesitan de un profesor de derecho constitucional que les pase el cepillo a contrapelo. Si lo conociera a usted personalmente, se lo diría de manera quizá más persuasiva pero, ciñéndome a este medio, me permitiría animarlo a que recogiera en un libro estas intervenciones. Seguro que se lo ha dicho ya más gente.

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