Monumentos a sí mismos

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Alfonso Guerra, el lunes, día 27, durante la presentación en Madrid de su libro de memorias. / Sergio Barrenechea (Efe)

El mismo día de la famosa entrevista a José María Aznar en Antena 3, en la que el expresidente del Gobierno criticó la política del actual presidente, Mariano Rajoy, y dejó abierta la posibilidad de volver a la política,  en el Palacio de la Moncloa se reunieron otro ex presidente del Gobierno, Felipe González, y el actual presidente, el ya citado Mariano Rajoy. Coincidiendo con este batiburrillo, el ex ministro y ex presidente autonómico José Bono acudió como invitado a El Hormiguero, programa de televisión en el que soportó, sudoroso pero sonriente, todo tipo de bromas y majaderías. Prácticamente al mismo tiempo, Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno entre los años 82 a 91, inició la gira de presentación de su libro de memorias, modestamente titulado Una página difícil de arrancar. Memorias de un socialista sin fisuras, en el programa de La Sexta Al Rojo Vivo. Puso su mejor mueca de grajo para acusar al juez Baltasar Garzón de solicitar a los socialistas que le pagasen en dinero negro, por supuesto sin pruebas, y salió pitando para El Hormiguero donde, sonriente, soportó toda clase de memeces y chorradicas.

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La hiper actividad de los viejos políticos resulta cuando menos preocupante. Quizá porque se añade a la preocupación que produce la ineficacia de los actuales políticos. Preocupaciones a las que sumar la mala impresión que causan los políticos del futuro, en caso de existir el futuro de la política.

¿Quién es el diabólico doctor Frankenstein capaz de devolver a la vida semejante cuadra de despojos políticos? ¿Acaso los ciudadanos no tenemos que soportar bastante con los actuales? Sus soberbias desbocadas, sus desmesurados egos, su mesianismo rampante, su incontenible verborrea… Escuchar a Aznar, a González, a Guerra y a Bono confirma la teoría de aquellos que pensamos que la Transición fue un pufo, que la clase política es ejemplo perfecto de mediocridad, y que las biografías de políticos que no sean las de Winston Churchill o Nelson Mandela están sobrevaloradas.

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Coincidiendo con la resurrección del grupo de zombis anteriormente analizado, el Gobierno de Mariano Rajoy ha publicado un anuncio de licitación pública en el BOE para restaurar la basílica del Valle de los Caídos. Unas reformas valoradas en 286.485 euros. ¿Esta acondicionando el PP la última, y esperemos que definitiva, morada de los políticos españoles que mejor concepto tienen de sí mismos? Recuerde que con el Valle de los Caídos, Franco se hizo su propio monumento. Con cada entrevista en televisión, Aznar, González, Guerra y compañía se hacen un monumento a sí mismos.