El disputado voto del 15M

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Jesús Cuadrado *

Cuando Cayo Lara, de IU, intentó participar en una acción de “indignados” en Madrid, “mientras la mayoría de los manifestantes congregados gritaban proclamas en su contra y le instaban a marcharse”, declaró que él estaba allí “como un ciudadano más”. La misma escena se reprodujo con la dirigente socialista Beatriz Talegón que, tras verse obligada a abandonar una manifestación antidesahucios “después de haber sido objeto de abucheos”, manifestó, también sorprendida, que ella “no estaba provocando”. Lo que sorprende realmente es que dos políticos del sistema pretendan participar en acciones antisistema como si tal cosa. La verdad es que el intento de absorber el combustible político de movimientos populares de indignación no se produce por primera vez; en la obra colectiva sobre “Occupy Wall Street” hay buenos análisis históricos sobre intentos similares.

Asistimos a un proceso de confusión entre complejos movimientos populares, justificadamente indignados con un sistema político degradado, y partidos políticos que, con todos los matices que se quiera, forman parte de ese entramado político fracasado. Sirve de poco insistir en “nosotros somos diferentes”. Incluso para recién llegados, como la organización política de Beppe Grillo en Italia, rige el principio de la responsabilidad política. Así que, cuidado con la confusión de límites, tanto para líderes de los movimientos asociados al 15-M que están pensando en dar el paso a la política como para políticos en activo tentados por el potencial electoral de estos movimientos. Ni el 15-M debe ser confundido con un partido político ni un partido político debe pretender engullir al 15-M. La responsabilidad política tiene servidumbres, las que no entendieron ni Cayo Lara ni Beatriz Talegón.

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No está el país para “pescadores en río revuelto”. Lo que tenemos es un sistema político con un funcionamiento profundamente erróneo, la convicción de que así no podemos seguir y, para nuestra desgracia, una dificultad manifiesta para organizar alternativas viables para salir de ésta. Digo alternativas viables, ya sé que propuestas hay muchas, desde los que proponen declarar todas nuestras deudas como jurídicamente “odiosas”, que no hay que pagarlas, a los que directamente nos remiten a la virgen de Fátima. Es tal el desconcierto en el que vivimos que, como respuesta a la desconfianza casi absoluta en las opciones políticas “realmente existentes” (ver CIS), el plató se ha llenado estos días de políticos del pasado, con Aznar, Felipe González, Alfonso Guerra o Julio Anguita, entre otros, como estrellas invitadas. Todo un síntoma de la descomposición de un sistema político agotado.

Merkel aparte, que nuestro sistema político en activo está incapacitado para sanear el país es bastante obvio. La gestión y hundimiento de las Cajas, por ejemplo, no deja títere con cabeza. Antes de entrar en la cárcel, el inefable Blesa dejó esta píldora: su responsabilidad en la operación por la que se le encarcelaba, dijo, no era mayor que la de los otros 20 miembros del Consejo de Administración. Aún estamos esperando la reacción de los sindicatos y partidos que pusieron allí a todos esos consejeros, a que les pidan explicaciones y den explicaciones, a su vez, a que tomen las decisiones que acrediten a todas esas organizaciones, las de izquierdas incluidas, como aptas para rehabilitar un sistema corrompido. La imagen de incapacidad para la autoregeneración desde las propias direcciones de los partidos es manifiesta. Una y otra vez, se demuestra que las castas dirigentes de partidos y sindicatos, afectados por el mismo proceso de descrédito, se protegen siguiendo literalmente el principio de las élites “extractivas” bunquerizadas.

En este contexto, pasa a ser decisivo el éxito de las reacciones sociales desde fuera del sistema político tradicional, incluidas las disidencias que se están produciendo en algunos partidos, especialmente en el PSOE (Socialismo y Ciudadanía). De hecho, la historia de las democracias muestra que es la movilización que se genera fuera del sistema político la que hace posible, cuando triunfan, que las instituciones “inclusivas” se impongan a las extractivas de las élites políticas caciquiles. Los riesgos son evidentes y van desde el intento de manipulación por parte de organizaciones políticas clásicas a la ingenua aspiración de pretender sustituir un sistema político de partidos por la acción directa en la calle. El proceso se repite: “la clase política no sabe si censurar a los manifestantes, adherirse a ellos o intentar asimilarlos”, en palabras del periodista de EEUU, experto en este tipo de movimientos, Michael Hiltzik. En el pasado, en las movilizaciones espontáneas contra sistemas políticos obsoletos, hay éxitos y fracasos. Coincido con Tony Judt, y Acemoglu y Robinson (“¿Por qué fracasan los países?”), en que el de Mayo del 68 está entre los fracasados, si se mide por resultados concretos, además de haber producido un tipo de izquierda narcisista que, en mi opinión, sigue siendo una rémora. Sin embargo, otros como el movimiento por los derechos civiles en EEUU de los años 60, o como los que perseguían crear un sistema de pensiones en EEUU en los años 20, a los que tanto se parece el movimiento antideshaucios, consiguieron cambios decisivos e irreversibles en los sistemas políticos a los que combatían. En fin, no todo lo que se mueve tiene éxito.

Los antecedentes expresan que, cuando movimientos sociales que reaccionan contra una crisis como la que hoy vivimos en España, pretenden suplantar al sistema político, fracasan. Cuando estas movilizaciones discurren al margen de los partidos tradicionales, pero, son capaces de obligarles a aceptar reformas propuestas por ellas, tienen éxito. Aunque son necesarias otras condiciones para obtener resultados, como ser capaces de crear coaliciones sólidas en movimientos sociales muy complejos o de conseguir la credibilidad de una opinión pública justificadamente muy descreída, así como huir de aspiraciones tan etéreas como “terminar con el capitalismo”. Como ahora parece que empieza a ocurrir en Italia, antes, los estudiantes franceses del 68 fueron muy efectivos en las calles, pero perdieron prácticamente toda influencia en la reforma real del sistema. Así, cambiar de raíz nuestro deteriorado sistema de partidos exige una presión externa contundente; la de la iniciativa de la plataforma “Por una nueva ley de partidos”, con sus siete propuestas concretas, me parece una orientación adecuada. Si las instituciones democráticas españolas están secuestradas por las élites políticas de los partidos, y lo están, se trata de rescatarlas, no de fundirlas; es lo que tenemos.

¿Y la cuestión derecha-izquierda? Para lo que nos ocupa, la inutilidad de nuestro actual sistema político, lo más progresista, lo más útil contra el proceso de aumento insoportable de la desigualdad en el país, es, creo, lograr un sistema político limpio, libre de las redes caciquiles de los partidos, que bloquean cualquier evolución que no controlen. Una vez más, en España, el conflicto decisivo es entre “la vieja y la nueva política”. Vamos a ver si esta vez gana Jovellanos.

(*) Jesús Cuadrado es militante del PSOE. Fue diputado de este partido de 2000 a 2011.
5 Comments
  1. Ursu says

    Ganará la nueva política, aunque eso no quita que haya partidos más sensibles y cercanos que otros a la gente de la calle, precisamente los que se reclaman de la fuerza del trabajo frente a la dictadura del capital y la usura, que nada produce, sino crisis y paro, y deberá ser considerada delito severamente punible en la nueva política.

  2. nasciturus says

    Me parece una reflexión completa y profunda, más aún en el poco espacio que tiene.
    Habría importantes matizaciones, pero me conformo con que abunden comentarios como este.
    Gracias

  3. paco otero says

    Sr. Cuadrado, en esta exposición si, estoy con usted,admiro su profundidad, no me ha importado leerla varias veces…yo también deseo que sea la linea Jovellanos la que por fin salga adelante en nuestro país…aunque la España de la «COZ» sigue triunfando, a veces tristemente con los ropajes mas aparentemente progresistas y revolucionarios…, la de «la RAZÓN»va lenta,(perdón, aunque sé, sobra la advertencia pero no confundir precisamente con la razón-la coz periódico)…pero JOVELLANOS( y tantos otros desde entonces hasta hoy seguro que lo sabían/lo saben.

  4. celine says

    Estoy de acuerdo en la reflexión de que cualquier movimiento al margen del sistema fracasa. Pero, como dice usted, los 15M del mundo han de valer para meter en vereda a los caciques. Por eso apoyo a los inspiradores de ahoratudecides.es y a una nueva ley de partidos con listas abiertas y sin regionalizaciones que valgan. Nos toca mover ficha a todos. Cuanta más información, más discusión y debate y más compromiso sin intereses espurios mejor.

  5. juan gaviota says

    Se imaginan ustedes que un dirigente nacional, admitiese ,que el es la causa del problema ;En consecuencia tendría que hacerse ipso facto el arakiri político.
    Tranquilícense ustedes ; No se van a hacer el arakiri,viven demasiado bien, van a actuar como si el tema no fuese con ellos y esperar para ver si escampa el chaparrón.
    Y como creo que el sistema esta tocado y en fase de hundimiento, personalmente me decanto por un final como el de el Titanic, con los músicos tocando hasta el final, como si no ocurriese nada.

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