Geografía

Imagen de archivo de un acto de Esteban González Pons en un mitin en Valencia. / pp.es

“Están en un bar un ingeniero español, uno alemán, uno inglés y uno francés. Y dice el español: ¿qué desean tomar los señores?”. Chiste.

Hace unos días decíamos, con motivo del derrumbe de una fábrica textil en Bangladesh, que todo es cuestión de geografía. Nos referíamos al hecho de que nuestras vidas dependen en gran manera de si hemos nacido en Estocolmo, Ginebra o Washington, o de si lo hemos hecho en Al Fashir (Sudán), Chitral (Pakistán) o Santa Ana (Bolivia).

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Sigo pensando ahora, como entonces, que todo es cuestión de geografía. Es decir, que todo depende de la superficie terrestre, de sus territorios y paisajes, y de cómo se relacionan con esos entornos las sociedades vegetales, animales… y humanas. La geografía nos ayuda a entender mejor no solo nuestro planeta, sino la complejidad de nuestra especie. ¡Quién sabe si aún esconde mundos remotos, habitados por poblaciones salvajes! Desde Marco Polo a Magallanes, pasando por Pizarro, Livingstone, Frison-Roche o Hillary, solo los mejores se han enfrentado a esos mapas en blanco. Hombres y mujeres que creen en la aventura de la geografía, que desprecian las incomodidades, sufrimientos y riesgos que han de superar para franquear barreras y hacer del planeta un hogar único y universal. Un mundo feliz.

González Pons es uno de estos exploradores de leyenda. Para el vicesecretario general de comunicación del Partido Popular no hay fronteras: el mundo es estrecho y cercano. Y Europa, más. Tan estrecho y cercano como para sugerir, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que ir a trabajar a Alemania no es salir de España. “No podemos considerar que trabajar en la UE es trabajar en el extranjero, porque si lo hacemos así, nos estamos equivocando”, dice el geógrafo del Partido Popular.

El padre Pons se refiere a los 300.000 jóvenes que han salido de España, 60.000 de ellos solo el año pasado, en busca de trabajo desde el comienzo de la crisis. Bueno, que han salido de España… Que han dejado sus residencias habituales por otras situadas en Alemania, Austria o Suiza.

Pons es un sinvergüenza redomado, pero no el único: hace un par de meses Fátima Báñez, ministra de Empleo, se refirió a la fuga masiva de jóvenes como “movilidad exterior”. Un año antes Marina del Corral, secretaria general de Inmigración y Emigración, aseguró que quienes abandonan España lo hacen “por el impulso aventurero de la juventud”.

María Dolores de Cospedal no podía quedar al margen de semejante cúmulo de desfachatez: “Los jóvenes españoles son jóvenes europeos, hasta ahí podíamos llegar”, ha afirmado hace solo unas horas. La secretaria general del PP no ha dicho nada de la diferencia de oportunidades entre, por ejemplo, un estudiante alemán y uno español. O de la diferencia de sueldos en el caso, poco probable, de que el español consiga trabajo. Los jóvenes españoles son jóvenes europeos, y punto. “Hasta ahí podíamos llegar”.

Que 300.000 jóvenes hayan tenido que abandonar España en busca de trabajo supone un fracaso de la economía local. No olvidemos que las políticas de empleo son nacionales, no europeas. Se va el talento, profesionales formados con dinero público que disfrutarán las sociedades alemana o austriaca. Cada político debería responsabilizarse de sus miserias, pero por el contrario trata de justificar su incapacidad para gestionar.

O quizá para Pons, Báñez, Cospedal y compañía la geografía solo sea cuestión de grandes espacios. Es decir, que únicamente entiendan salir de España como lo hace Bárcenas: a todo trapo, con destinos exóticos, para esquiar, escalar o pasear en trineo tirado por perros. ¿A trabajar a Alemania? Por favor…

P.D.

Mientras Pons quiere hacernos creer que ir a trabajar a Alemania no es salir de España, en Italia el primer ministro Enrico Letta pide perdón a los ciudadanos que tienen que emigrar: “a los que se ven obligados a marcharse de un país moribundo, sin esperanza y sin futuro… A ellos les debo en primer lugar una disculpa. Las disculpas en nombre de una política que durante años ha fingido no entender y que, con palabras, acciones y omisiones, ha permitido este desvanecimiento de pasión, sacrificios, competencias. Lo dije en mi discurso de investidura: todos estamos implicados”.