El magistrado militante

Germán Gómez Orfanel

F. era un jurista de prestigio reconocido que había conseguido con cierta facilidad ser nombrado miembro del Tribunal Constitucional español. Estaba encantado, la defensa del orden constitucional, la irradiación de los contenidos constitucionales a las relaciones políticas y sociales, las sentía como una de las razones que justificaban su vida. Le llenaba de orgullo el formar parte del órgano jurisdiccional más relevante del Estado español.. Durante las jornadas laborales de cada semana se esmeraba por intentar ser imparcial al decidir sobre los recursos que se presentaban, procurando depurar al máximo sus sentimientos.

Pero F. tenía un problema o una gran pasión, sentía una enorme atracción por un partido político, en el que llevaba inscrito desde sus 18 años, primero como integrante de su grupo de Juventudes, y mas adelante en la agrupación de su barrio. Como jurista nunca había dejado de prestar asesoramiento altruista a su partido, incluso a niveles elevados y sobre cuestiones muy complejas.

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Los fines de semana su vida cambiaba totalmente, disfrutaba repartiendo propaganda de su organización a la puerta de unos grandes almacenes, y frecuentemente se ofrecía como voluntario para participar en todo tipo de mítines, sobre todo en épocas electorales. Además no perdía ocasión en sus reuniones sociales y familiares para captar nuevos miembros para el partido, y había establecido importantes contactos con miembros de otros partidos europeos afines. Por si todo esto no fuese suficiente , no sólo pagaba religiosamente sus cuotas, sino que había decidido donar al partido un porcentaje significativo de su sueldo mensual. Presumía de ser en el fondo un militante de base, que nunca había aceptado contraprestaciones económicas..

Sin embargo su personalidad estaba sometida a fuertes riesgos de escisión. Creía que aunque, a diferencia de otros países como Alemania, nuestro Tribunal Constitucional no formaba parte del Poder Judicial, era un auténtico Tribunal con todas sus consecuencias, y que a pesar de que le había propuesto su querido partido, debería comportarse como un Magistrado independiente, neutral, sometido únicamente a la Constitución y  a las normas reguladoras del  Tribunal Constitucional

Empezó a darse cuenta que cada vez le enojaban más los recursos contra las leyes que habían aprobado los parlamentarios de su partido, y que no le hacía gracia declarar contrarias a derechos fundamentales actuaciones del Gobierno con el que se sentía identificado.  La situación se complicó mucho más cuando sus compañeros le eligieron para presidir el Tribunal.

Amante de la legalidad, se sentía confortado cuando pensaba que podía actuar así, al ser un modesto militante de su partido, sin ocupar ningún cargo de responsabilidad en el mismo, y que en alguna ocasión el propio Tribunal Constitucional había amparado la compatibilidad entre las posiciones de Magistrado y miembro de un partido (Auto 226/1988), pues ellos, los integrantes del órgano defensor de la Constitución, eran algo distinto.

Pero no dejaba de inquietarle que nada menos que  la propia Constitución hubiese equiparado a selectos Magistrados como él, con los jueces ordinarios, al establecer que…en lo demás los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias de los miembros del poder judicial (artículo 159.4 CE y 19.1 LOTC)., y a éstos quizá por ocupar una posición no tan trascendental, se les prohíbe  con toda lógica pertenecer a partidos políticos  sin más (artículo 395  LOPJ).

En su fuero interno F. se sentía en muchas ocasiones confuso al actuar como Juez y Parte.

Qué difícil me resulta servir a la Justicia Constitucional y al mismo tiempo a mi gran pasión que me hace feliz, la política. ¿Habré equivocado mi camino?