El Partido Popular, en su «barrizal»

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Francisco Serra

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Rajoy, durante la rueda de prensa de ayer, 22 de julio, en La Moncloa. / Ballesteros (Efe)

Un profesor de Derecho Constitucional se encontró con un amigo al que hacía tiempo que no veía,  pues este, algo misántropo, desde hacía unos años llevaba una vida muy solitaria. Había desarrollado la teoría de que la mayoría de las relaciones sociales constituían una fuente permanente de molestias y disgustos. Había, según él, dos clases de personas: unas, interesadas, solo buscaban el beneficio económico más inmediato y podían considerarse como gigantescas “huchas”, en las que debíamos introducir monedas para seguir manteniendo el contacto; las otras, en permanente conflicto (incluso consigo mismas), eran como un “barrizal” donde los que tenían trato con ellas acababan hundiéndose sin remedio.

Para él no había ningún hecho que no se ajustara a su modelo, tanto en la vida privada como en los asuntos públicos. Divertido, observaba los acontecimientos que sucedían a su alrededor y había establecido un juicio tajante sobre la situación actual en España: los partidos políticos mayoritarios durante años habían funcionado como sofisticados mecanismos de recaudación hasta que, en el momento presente, se habían visto inmersos en un pringoso lodazal.

El profesor muchas veces había protestado, airado, ante las generalizaciones de su amigo, pretextando los elevados sentimientos que en la mayoría de los casos motivan la conducta de los seres humanos, pero en los últimos tiempos cada vez se le hacía más difícil argumentar con la necesaria convicción para resultar creíble y cuando durante la semana pasada aquél reiteró sus conjeturas ya no supo qué decir y se encerró en su mutismo.

Aunque para la sabiduría popular “el que calla, otorga”, el silencio ha gozado de cierto prestigio en la estética contemporánea y llegó a pensarse que constituía la mejor expresión de la desolada época posterior a la II Guerra Mundial. Pero ese tiempo ya ha pasado y a las solipsistas teorías de Wittgenstein (el filósofo y no la locuaz princesa, de cuya existencia hemos tenido conocimiento a raíz de un accidente de “caza”) han sucedido las demandas de “democracia deliberativa”, que se tomen las decisiones después de “hablar y hablar”, en la búsqueda del mayor consenso posible.

El presidente del Gobierno, cada vez más enfangado, se ha refugiado en una actitud altiva, sin rebajarse a dar explicaciones sobre la posible financiación irregular de su partido, casi forzando a los grupos de la oposición a presentar una moción de censura que no podía prosperar. Rubalcaba era el menos interesado en someterse  al debate de un programa de gobierno, “irreal” en las circunstancias actuales, pero no tenía otra alternativa.

El sistema político español no estaba pensado en origen para que se formaran gobiernos con mayoría absoluta y funciona mejor cuando son necesarias coaliciones y frágiles equilibrios para afrontar las cuestiones importantes. Hace ya mucho que en los Parlamentos apenas se toman decisiones después de escuchar las diferentes intervenciones, e incluso la función de control solo se ejerce de forma imperfecta. Pero todavía siguen siendo el mejor foro de debate que pueda existir.

El clamoroso “sonido del silencio” de Rajoy ha llevado a que los medios de comunicación nacionales y extranjeros (con la excepción de los más afines y casi serviles) demanden su presencia pública para asumir las responsabilidades que se pueden derivar de una situación tan excepcional como es la estancia prolongada en la cárcel de un antiguo tesorero de su partido, nombrado por él mismo y merecedor hasta hace bien poco de toda su confianza.

El veterano político ha podido tener la tentación de limitarse a conceder una entrevista o incluso una rueda de prensa, aunque siempre hubiera aparecido la sospecha de que ya conocía muchas de las preguntas formuladas por los periodistas más complacientes, como ya había sucedido antes, pero en una “democracia representativa” como la existente hoy en España (por muchas insuficiencias que haya demostrado tener, sobre todo en los últimos años) es en el Parlamento donde debe proporcionar respuestas, pues la “legitimidad”, como él afirma, nace en las urnas, pero hay que mantenerla día a día.

Para muchos autores, en el mundo de hoy impera la video-política y nos hemos internado en otra forma de gobierno: la “democracia de audiencia”, donde la opinión pública que se pulsa en las encuestas debe establecer, de forma regular, las medidas a adoptar. El Partido Popular obtuvo una mayoría absoluta en las pasadas elecciones, pero las revelaciones del guardián de la “hucha” han llevado a que sus principales dirigentes (y, por extensión, las instituciones del Estado) vayan siendo tragados por una ciénaga incontenible.

Aunque aplazada por el momento, a la espera de la comparecencia del Presidente del Gobierno, aún existe la posibilidad (si las explicaciones no son convincentes) de que en los próximos meses se presente  una moción de censura y tal vez sería bueno, en el caso de que eso suceda, que el candidato a Presidente no fuera el líder del principal partido de la oposición, sino una personalidad independiente y prestigiosa (si es que aún existe alguna y accede a ello) que planteara como único programa la necesaria reforma de nuestro sistema político.

Aunque no haya “responsabilidad jurídica” del presidente del Gobierno en la financiación irregular de su grupo político (difícil de probar y sometida a posible prescripción), existe una “responsabilidad política” evidente y, en todo caso, una “responsabilidad moral” imposible de eludir. Ni siquiera la dimisión de Rajoy podría solucionar el problema, porque  es toda una generación la que debiera abandonar la vida pública (y unos hábitos dañinos muy arraigados en la política nacional han de suprimirse de inmediato) para que no acabemos todos los españoles sumergidos en ese inmenso barrizal.

El profesor se despidió de su amigo y confió en poder rebatirle de forma contundente sus teorías en un próximo encuentro, pero nada garantizaba que esa verdadera “regeneración democrática” llegara a producirse.

2 Comments
  1. Pintaius says

    .

  2. Verbarte says

    Rajoy debería anunciar en la comparecencia su renuncia al cargo y la convocatoria de elecciones. Eso sería lo deseable, pero la realidad es que volverá a mentir como siempre. http://wp.me/p2v1L3-m4

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