"Gibraltar español", proclamó el ministro

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Jesús Cuadrado *

En la política, también en la política exterior, cuentan los resultados, así que habrá que medir la reciente operación sobre Gibraltar en función de éxitos o fracasos. De momento, si observamos la marcha de los acontecimientos, va ganando el Reino Unido por goleada. Observemos los últimos movimientos. El ministro García Margallo publicó el lunes un artículo en el Wall Street Journal, en el que recuerda el Tratado de Utrech o la resolución de la ONU de 1968, para pedir reiniciar conversaciones con Reino Unido sobre la soberanía y, de paso, exige que se retiren los 70 bloques de hormigón y se deje pescar a los barcos de la bahía. Horas han tardado en contestarle por medio de “un portavoz del gobierno británico” para decirle que “la soberanía está clara en nuestras mentes” y que, si quiere resolver cuestiones pesqueras, trate el asunto con las autoridades de Gibraltar. En fin, una humillación en toda regla, para la que habrá que ver, ahora,  si este ministro tiene previsto en su arsenal alguna respuesta.

Y el caso es que, en este contencioso, España tiene razón, en el asunto de base, el de la soberanía, y en los demás. Estamos ante un caso de colonialismo manifiesto protagonizado por un país de la UE contra otro país de la UE; además, en esa colonia se ha desarrollado una economía engolfada por contrabando, paraísos o limbos fiscales y empresas fantasmas en las que terminan tantas investigaciones sobre la delincuencia internacional. Para comprender el grado de descaro con el que se ha montado este chiringuito en Gibraltar no hay más que ver su especialísima economía del tabaco. En 2012 el Peñón importó 140 millones de cajetillas de tabaco para una población de menos de 30.000 habitantes, doblando las importaciones de 2009; mucho tabaco, a no ser que se trate de una economía del contrabando. Y mucho más: capitales que se refugian allí para eludir el fisco, amenazas mafiosas a los pescadores españoles en aguas españolas o esta última provocación con los bloques de hormigón. Pero, las cosas son como se ven y este gobierno y este ministro han conseguido crear una imagen internacional en la que los habitantes del Peñón y el Reino Unido parecen los agredidos con esas retenciones de horas ante la verja. Esto sólo se consigue de una forma: haciendo las cosas rematadamente mal o, aún peor, con intenciones espurias.

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No se puede decir que la querencia de este ministro de exteriores por Gibraltar sea improvisada. Se estrenó con un rancio “Gibraltar español”, dirigido en tono jocosillo a un colega eurodiputado británico, y ha elevado el tono cuando declara que “con Gibraltar se ha acabado el recreo de la época de Moratinos”. Los jugadores de mus saben que si se lanzan órdagos sin cartas te arriesgas a que te pillen. Pero el mus es sólo un juego, lo grave es tener un ministro que parece confundir la gestión de la política exterior de su país con un juego de envite. Si dices que se acabó el recreo, frase realmente fuerte, tienes que tener bazas ganadoras en las manos, en caso contrario, mejor callarse. Le oímos al ministro explicar en TVE que tenía en la recámara una medida de cobro de 50 euros por cruzar la verja, tanto a la entrada como a la salida, pero, han tardado bien poco en rectificar a raíz de las declaraciones de la Comisión Europea sobre la ilegalidad de la medida; ahora dicen que están pensando en una “tasa de congestión”, por exceso de tráfico, para cobrar no se sabe dónde ni cómo. A la pregunta de por qué se extremaba el celo en los controles de acceso al Peñón, provocando esperas de hasta nueve horas, se respondía sin complejos que para que las autoridades de Gibraltar cambiaran de actitud en relación con los pescadores, y así se mantuvo hasta que desde la embajada española en Londres se expresó oficialmente que simplemente se trataba de una medida “obligada” para controlar el contrabando de tabaco. En resumen, salida de caballo y parada de burro.

Tenían un plan, pero, la aplicación está siendo tan desastrosa que las víctimas pueden parecer los verdugos, y al revés. Durante meses el gobierno ha estado elaborando un programa de medidas para hacer frente a las prácticas delictivas de la economía del Peñón, desde el inaceptable comercio de combustible en barcos en la bahía, en forma del dañino “bunkering”, al control fiscal de miles de gibraltareños con residencia en España y de las actividades de juego online, pero, a la hora de llevarlo a la práctica, se pierden, como siempre le pasa a la derecha española, en la mítica del “Gibraltar español” y lo estropean. En vez de presentar las medidas como una obligación de persecución de prácticas delictivas, que también compete, por cierto, a la Comisión europea, lo mezclan con presiones para la reanudación de conversaciones sobre la soberanía, incluida la metedura de pata sobre la “alianza” con Argentina sobre Malvinas, y se dedican a exhibir musculatura nacionalista. Como en los viejos tiempos.

El problema con Gibraltar es que, en vez de ser tratado como un asunto de Estado, termina sirviendo para cualquier urgencia. Rajoy y Cameron, éste con diez puntos por debajo en las encuestas del líder de la oposición, Ed Miliband, son dos jefes de gobierno muy debilitados, y, para ambos, la tentación de convertir Gibraltar en material para desviar la atención de los problemas internos parece insuperable. Ahí está el inefable alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, diciendo que “España tiene que quitar sus manos de Gibraltar” y apelando al poderío de miles de marines británicos acercándose al Peñón, nada menos, o sus equivalentes en España, La Razón y el ABC, con titulares como “Gibraltar en pie de guerra” o “El Rey responde a la provocación de Gibraltar”. Y, finalmente, para completar el cuadro de los disparates, los nacionalistas de Convergencia de Cataluña proponen una consulta de autodeterminación en Gibraltar; por ayudar, oigan. Como si hubiéramos vuelto a 1969 cuando el dictador cerró la verja, ya se sabe con qué resultados, y José Luis y su guitarra cantaba “Gibraltar español” (no perderse la emulación actual de un nieto suyo). ¿Somos incapaces en España de aplicar una política de Estado para una cuestión tan seria como ésta? Parece que sí.

Sin necesidad de recurrir a la guitarra de José Luis, debería ser posible gestionar el problema de Gibraltar con más profesionalidad. A un gobierno agobiado por sus problemas internos le puede dominar la tentación de tocar la tecla del “Gibraltar español”, tan agradecida siempre en términos de opinión pública, pero, cuidado, al final contarán, para los intereses del país, los resultados contantes y sonantes. Cuando ha sido Cameron el que, ganando por la mano y aprovechando los errores de bulto del gobierno, se ha adelantado a exigir la inmediata actuación de control de la Comisión europea, lo urgente es centrar los esfuerzos de Estado en lo prioritario, que la UE entre a saco en una realidad del Peñón basada en la delincuencia económica. “Presionaremos a la UE para que aborde el asunto con carácter de urgencia” ha declarado el gobierno de Cameron. Pues, eso, a saco, y dejarse de patriotismos de “quita y pon”, tan pendientes de una buena parte de la derecha española que sigue en 1969 y el cierre de la verja, o de ocurrencias diplomáticas de un ministro con ensoñaciones napoleónicas que cree en serio que él tiene soluciones milagrosas para un conflicto de soberanía con más de trescientos años de antigüedad. Porque, si lo que pretendía este ministro era una escalada diplomática para obligar al Reino Unido a hablar de soberanía, ya se habrá dado cuenta de la chapuza. Y, cuidado, lo malo de perder al mus es la cara que se te pone.

(*) Jesús Cuadrado es militante socialista y exdiputado.
7 Comments
  1. polilla says

    Y ya puestos los ingleses a colonizar el mar, nos preguntamos muchos que por que no colonizan tambien por tierra , colocando la verja en san roque. Asi el hundido y machacado pueblo de La Linea seria ingles. España se libraria de un gran numero de parados y los linenses de un gran numero.de politicos corruptos e inutiles. Gibraltar ampliaria sandy bay hasta la alcaidesa,justito al lado de sotogrande y obtendria unas maravillosas playas.

  2. Mandeville says

    Si yo fuera gibraltareño no tendría duda. ¿Cómo voy a ser español, si no pago impuestos, me forro con el trafico de tabaco, drogas y capitales y encima vivo en urbanizaciones de lujo españolas?

    Lo que no entiendo es como Fabián Picardo ha echado los bloques. ¿Que les importa que pesquen los pescadores españoles si ellos no pescan? ¿Tanto gustirrinin da, quitar las migajas a los pobres? Si, como dicen en mi pueblo «callandico, callandico se echan los mejores polvicos» ¿Qué sentido tiene montarla y arriesgarse a que les fastidien el chiringuito? O el tal Fabián es tonto o sabe que el gobierno de España, pasado el verano, les va a dejar tranquilo el chiringuito. Yo apuesto por esto último. ¿Y saben porqué? Porque es lógico que los clientes del chiringo financiero, blanquea-dinero y evasor sean nuestros altos cargos y demás ricachos españoles. ¿Acaso un inglés se va a arriesgar a evadir en un paraiso fiscal inglés?

  3. soy español says

    Si queremos ser más listos que Gibraltar lo que debía hacer el Gobierno español es convertir a nuestro país en un paraiso fiscal con iguales condiciones que otros muchos países fiscales europeos, y así quitarle a Gibraltar todas las empresas que les enriquecen y, de paso, España deja la crisis, da trabajo a los españoles que trabajaban en Gibraltar y, si es legal, cerrar la frontera con ella sin perjudicar a nuestros españoles. A los gibraltareños, si desean pasar a España, que paguen avión con su pasaporte en mano. Así nosotros evitamos que Gibraltar blanquee dinero gracias a la frontera y su paraíso fiscal. España se enriquecería enormemente y Gibraltar perdería lo único que tiene sin que nosotros le toquemos un pelo. Eso se llama «dar una guantá sin tocar».
    ¡Con un par de…!

  4. JOSEP says

    Tengo la solución:
    Hagámonos todos gibraltareños e ingleses.

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