Vagos y maleantes

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Una prostituta conversa con un posible cliente en una calle de Madrid. / Captura de vídeo de YouTube
Una prostituta conversa con un posible cliente en una calle de Madrid. / Captura de vídeo de YouTube

“Ana Botella quiere poner coto a la prostitución”, se podía leer en la página 50 de El Mundo del miércoles. Una noticia que suena contundente, pero que no parecen tomarse muy en serio ni en el propio diario: solo con pasar la página, y plantarse en la 52, el lector recibía esta irrechazable oferta: “Rubia, cachonda, culito respingón, francés completo, tlf…”.

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Ana Botella quiere acabar con el 'relaxing casquete en la Plaza Mayor'. Pero no tanto: lo que realmente molesta a la alcaldesa es la prostitución callejera, esa que ensucia las aceras de una ciudad que languidece víctima de su incapacidad como gestora. Botella está trabajando en un borrador de ordenanzas de convivencia para meter en vereda a los vecinos conflictivos, esos que nunca asisten a las conferencias del Club Siglo XXI, se niegan a pagar por orinar en los servicios de la estación de Atocha y jamás entenderán cómo funciona la mesa de Black Jack de Eurovegas. Ya sabe a quien me refiero: gorrillas, cundas, vendedores de kleenex, los que leen las cartas en los parques, mimos, limpiaparabrisas, prostitutas y clientes, paseadores de perros, mendigos… La escoria. Ellos son los verdaderos culpables de que Madrid viva uno de los momentos más penosos de su historia reciente, con el turismo de capa caída, sin proyectos interesantes tras el fracaso olímpico, sin oferta cultural, sin vida nocturna y con la suciedad acumulándose en los rincones.

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Ordenanzas de convivencia, dice Ana Botella. A mí me gustaba más cuando se le llamaba Ley de vagos y maleantes. Lo que pasa es que ahora, tal y como están las cosas, una ley de vagos y maleantes tendría que ir más allá de los “homosexuales, rufianes y proxenetas” de entonces. La versión actual sin duda debería seguir las huellas de algún exministro, de esos que igual hunden Bankia que forman parte del  consejo asesor de Telefónica. O de miembros de la familia real. O incluso del ex tesorero de tu propio partido y sus encubridores.

“Madrid: en busca de la ciudad ideal”, titula La Razón a doble página. Y cuenta cómo la alcaldesa inicia su peculiar campaña para limpiar la ciudad: considerando infracción grave, con multas de entre 1.500 a 3.000 euros, “colocar macetas u otros objetos en balcones”. Pero lo más inquietante no es esta persecución a los jardineros urbanitas, sino el hecho de que se considere infracción grave, con entre 750 y 1.500 euros de sanción, “promover juegos o apuestas con dinero”.

¿Qué pensará el magnate Sheldon Adelson cuando se entere de la persecución del Ayuntamiento de Madrid a los ludópatas? Mientras en la oscuridad que bordea los límites de la ciudad todo está preparado para que la ruleta eche chispas, las bailarinas restrieguen sus ingles en las más relucientes barras de striptease y los fumadores de habanos recuperen espacios y tumores perdidos, intramuros se perseguirá a los trileros, a las lumis y a los que no recojan las moñigas de sus perros. Como tiene que ser.

De Madrid al cielo, pero pasando por Alcorcón.

4 Comments
  1. qq says

    Gran entrada. No está mal que un ayuntamiento, el que sea, trate de poner coto a los vecinos maleducados o egoístas que no recogen las mierdas de sus perros, tiran papeles al suelo o son incapaces de respetar los derechos de quienes les rodean. Pero que, al albur de estas medidas que pueden ser necesarias, se cuelen otras muchas que solo prohiben por el mero placer de prohibir, con ese tufillo moralista y nacionalcatólico que se gasta gran parte de la derecha de este país, es no solo una burla al cuidadano, sino un recorte de derechos inadmisible en una democracia, aunque sea esta democracia de pega (¿o quizás por eso?)

    Sin embargo, lo pero de todo es lo que muchos sospechamos que pasará, y es que estas medidas y sus correspondientes sanciones se aplicarán de forma arbitraria, persiguiendo y criminalizando a quien a ellos les interese, y cuando les interese (porque dirán que son vagos y maleantes), y haciendo la vista gorda cuando y con quien les parezca (porque dirán que son gente de bien).

  2. luigi says

    En uno de mis cumpleaños me regalaron un ejemplar de la Ley de Vagos y Maleantes; vista desde la perspectiva acutal me pareció curiosísima y hasta divertida.
    Lo que jamás me imaginé era que fuésemos a volver a esos tiempos; con estos Gobiernos empiezo a comprender que todo puede ser posible… ¡Qué miedito!

  3. Gran Jero says

    Se le olvidó referir que también van a multar a a quienes acampen para protestar en las plazas y lugares públicos. Los que enmierdan Madrid no son los indignados sino los indignates, esos buitres de la usura desmedida como la botella, el botellín y toda la ralea facciosa y neofranquista.

  4. julio says

    Señores, yo trabajo en el centro de Madrid y les puedo asegurar que es inmundo,lleno de prostitutas, carteristas, suciedad,pintadas en las paredes, suelo lleno de colillas, bolsas, papeles, gente borracha bebiendo por cualquier esquina, tirada en el suelo.
    Debemos aguantar esta degradacion,no podemos luchar contra ella por nosotros y nuestros hijos?.

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