Groucho en la izquierda madrileña

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Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaHace unos días salió a la luz un artículo de unos pretendidos estatutos de Izquierda Unida-Comunidad de Madrid (IU-CM) en los que se consideraba falta grave toda discrepancia pública de cualquier decisión adoptada por sus órganos. Muchos nos escandalizamos sin ser conscientes de hasta qué punto son habituales cláusulas así: tanto que incluso a algunos (mea culpa) nos había pasado desapercibido que en los recientes estatutos federales de IU aparece idéntica, que en los del PSOE se dice algo muy parecido y que en los del PP no sólo se es más rígido sino que además los estatutos del PP son secretos (ma non troppo).

Decía Groucho Marx que él nunca formaría parte de un club que lo admitiera como socio. Este tipo de cláusulas le haría sentirse muy cómodo como afiliado, pues permitirían sancionar con falta grave a cualquier afiliado (del primero al último) dado que felizmente en la izquierda los debates son continuos: habrá quien discrepe sobre la necesidad de lanzar un proceso constituyente, sobre la posición con los transgénicos o con la forma de designar a los candidatos. En realidad una cláusula así es inaplicable en una organización viva y en un mundo en el que es muy difícil distinguir entre debates públicos y privados.

Cualquiera de quienes vivimos la vida interna de IU (no puedo hablar por otros partidos) sabemos que felizmente es una organización viva en la que ese tipo de artículo sólo podría ser utilizado de forma arbitraria pues o no se le aplica a nadie o se le aplica a todo el mundo y acabamos siendo la primera organización sin militantes. Esa es una de las razones por lo que lo mejor que le puede pasar a tales artículos es desaparecer. La dirección federal y de todas las federaciones (menos la de Madrid) están llenas de gentes que discrepan entre sí, que hacen diversos análisis de la crisis económica, de la crisis de régimen, de la forma de elegir candidatos a las elecciones… Es algo que IU ha incorporado desde hace mucho como riqueza y que incluso permite tener referentes diversos para un electorado aún más plural que la organización.

¿Por qué escandalizó tanto la aparición también en los pretendidos estatutos de IU-CM de una cláusula tan habitual y además inaplicable? Sólo hay una posible razón y es que desde la asamblea regional de hace un año es creíble que se apliquen cláusulas de este tenor a quienes nos situábamos en las posiciones de las dos listas que sumaron el 49% del máximo órgano de IU-CM, su asamblea regional. Desde aquella asamblea regional, de la que se cumple pronto un año, se han ido sucediendo arbitrariedades lamentables para intentar controlar aquellos ámbitos de la organización en los que el 51% es minoritario: Madrid ciudad, jóvenes, mujeres, el colectivo LGTB… Todo ello ejemplificado en la guinda del pastel, una ejecutiva monocolor insólita en el conjunto de Izquierda Unida que tiene perfectamente normalizada la diversidad e incorpora a todas las posiciones a los órganos de gobierno internos… salvo en Madrid.

El sábado se puso fin a uno de los episodios más bochornosamente sonoros: la comisión federal de garantías avaló la Conferencia de Mujeres que había elegido a Sara Porras como coordinadora. Este varapalo recibido por la dirección de IU-CM tiene concreción en la normalización de Mujeres de IU-CM, pero su alcance político es muy superior. La dirección puso toda la carne en el asador en el asalto de Mujeres de IU-CM y su derrota debería suponer el final de una deriva arbitraria y suicida para la izquierda madrileña.

Poco antes de la Asamblea Regional de hace un año escribía aquí mismo en defensa de una IU-CM del 99% de su militancia, algo que sigue vigente: “La unidad no se fabrica poniéndose de acuerdo en una lista de 90 nombres [o de 29 miembros de una ejecutiva]. La unidad en una organización política, un 99% de cuya gente comparte objetivos y discurso con los matices que tanto enriquecen a IU, se construye de otra forma. Se construye con la confianza de que hay un funcionamiento regular que cuenta con la participación de toda la militancia, que hay rendición de cuentas, que hay participación real en una organización que pase de ser controlada por un núcleo dirigente cuyo ciclo está muy superado a ser una organización tan democrática como la sociedad que proponemos”.

Padecemos una forma de llevar las riendas de la organización madrileña que evidencia una ceguera profunda ante el tipo de política que toca hacer ahora y que retóricamente se reivindica desde esta dirección (“nuevas formas de hacer política”, “no es la hora de las corrientes”) con una práctica obsesionada por el abordaje de aquellos espacios que no controla ese 51%. Las diferencias internas lejos de las caricaturas interesadas no tienen como causa original la pelea por cargos sino que  tienen fondos políticos importantes.

Quienes aspiramos a generar un bloque social muy amplio que plantee una alternativa real a la crisis de régimen tenemos que asumir rotundamente que en el 51% una abrumadora mayoría lucha honestamente contra el saqueo en sus pueblos y sus distritos, que es una pequeña minoría (ese 1% que dejaba fuera de aquella IU-CM del 99%) la empeñada en la bronca interna como forma de hacer piña e intentar mantener una mayoría cohesionada gracias al enfrentamiento interno. Da igual que ello se haga con la certeza de que va a suponer un bochorno público como el que supone la resolución unánime de la Comisión Federal de Garantías Democráticas sobre Mujeres de IU-CM: esta resolución se da dentro de una gran cantidad de decisiones recurridas cuyo colofón son esos supuestos estatutos que independizan a la federación madrileña de los estatutos federales, del control federal independiente de los censos y de esa misma Comisión Federal de Garantías Democráticas. Queda claro con esta decisión que no existió mayor lealtad con IU-CM que la de quienes nos opusimos a esta forma de abordar los conflictos internos, que quien más daño hace a IU-CM es quien decide ir a por todo en casa sin ningún límite.

Es hora de rectificar un rumbo suicida y pasar a ser útiles a la sociedad madrileña y al conjunto de IU en la conquista de la transformación política y social, la lucha contra el saqueo y la corrupción y las irregularidades vengan de donde vengan y la evidencia de que no sólo decimos que no todos somos iguales sino que demostramos ser diferentes. También en la gestión de la diversidad política.

Ojalá esta crucial decisión de la Comisión de Garantías haga entender que no es el tiempo de que quien se mueva no salga en la foto a ese 1% que apuesta por el incendio interno (compatible con una sorprendente apuesta por la cortesía parlamentaria y la impostura de buenas formas con quienes sí deben estar en la trinchera enemiga). La acumulación de enroques y abordajes evidencia que hay quien cabalga sobre la teoría política de Groucho Marx: empeñados en arrojar madera, más madera al fuego en que quemar todo espacio no controlado: donde debemos echar madera es en los fuegos que quemen a quienes han saqueado a nuestro pueblo y las manos que hayan sido puestas por ellos en esos fuegos. No hay dos mitades de IU-CM enfrentadas. Hay un pequeño núcleo que necesita el incendio para cohesionar en torno a sí a numerosos militantes amables, honestos, generosos y sobre todo luchadores aunque ello imposibilite la construcción de una alternativa política que nos desborde. La trincherita pequeña interna precisamente busca impedir ser desbordados, que es el objetivo que deberíamos tener quienes aspiramos a transformar Madrid, el país y el mundo. Para cambiar Madrid, sin duda, tenemos que cambiar la izquierda madrileña y su principal organización IU-CM. Y esa es una tarea de todos los que no estamos por el grouchista más madera que debemos imponernos, aunque cueste, a los pirómanos.

(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.
3 Comments
  1. Domingo says

    En I U manda el PC. Que le pregunten a Llamazares.

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