Solidaridad y cooperación

Captura de la portada de la página web de Le Figaró del lunes.
Captura de la página web de Le Figaro.

El 60% de los lectores del diario Le Figaró creen que no se debe ayudar a las víctimas del tifón de Filipinas. Cuando leo esta información, en la parte superior de la página web del periódico francés se puede ver una mano, con un guante blanco, que sirve de manera muy profesional un par de copas de champagne: publicidad de G.H. Mumm, un vino espumoso de aproximadamente 30 euros la botella.

Ya sabíamos que nuestros vecinos no parecen muy partidarios de integrar a los gitanos, pero este desprecio por un pueblo sacudido de manera brutal por un ciclón tropical de proporciones devastadoras resulta francamente desalentador. ¿Se han convertido los franceses de la libertad, igualdad y fraternidad en unos monstruos sin corazón? Analizando más detenidamente la encuesta de Le Figaro el lector entenderá las verdaderas razones de ese 60%: los franceses desconfían de aquellos que gestionan las ayudas humanitarias. Creen que el dinero no llega a aquellos que lo necesitan. Piensan que las organizaciones que se encargan de distribuir esas ayudas están corrompidas.

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En España, mientras la reina Sofía inaugura la exposición “cooperacionESdesarrollo”, con motivo de los 25 años de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), el Gobierno de Mariano Rajoy pega una nueva puñalada a la organización recortando un 6% de la partida del Ministerios de Exteriores, lo que supone 26 millones de euros menos. Un drama. No olvidemos que el presupuesto de la Aecid se ha visto mermado en un 74% desde 2011. ¡Un 74%!

“La solidaridad no le interesa a este Gobierno”, aseguró en la Cadena SER una responsable de Cooperación. ¿Y a los ciudadanos? La solidaridad empieza por uno mismo, piensan hoy muchos franceses, y también muchos españoles, sacudidos tanto por la crisis como por la desconfianza hacia las instituciones y la desafección con la política y los políticos.

En estos tiempos de liberalismo, insensibilización y rapiña cuesta trabajo creer hasta en la solidaridad. Aquí y en Francia. ¿Tan acabados estamos?