¿Nunca Máis?

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Miembros de la plataforma ‘Nunca Máis’ se concentraron ayer, día 13, ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, en A Coruña, mientras se daba lectura a la sentencia del ‘Prestige’. / Cabalar (Efe)

Si no recuerdo mal, en alguna ocasión le he hablado de mi íntima relación con las energías renovables. Vivo en una casa aislada con energía solar. Solo con energía solar (y con un generador de apoyo para los periodos nublados). Entenderá usted mi preocupación cuando hace unos días se aprobó una enmienda del Partido Popular que permite a los inspectores acceder a los domicilios particulares sin orden judicial para revisar la legalidad de las instalaciones solares. Una decisión que, unida a los peajes de respaldo (término acuñado por Iberdrola) y las multas de hasta 60 millones, indica que el Gobierno quiere acabar con el autoconsumo, esa maravillosa utopía al alcance de la mano en países como el nuestro.

El pasado martes el diario El Mundo, que como usted seguramente ya sabe acaba de cambiar de piel, anunciaba el programa de su primera Jornada Internacional de Periodismo Ambiental y, curiosamente, incluía un suplemento de doce páginas titulado “Energía”. En la portada de este último titulaban “El nuevo mapa de la luz”, y resumían el problema energético en una sola frase: “Mientras Industria trata de frenar el déficit tarifario, las distintas energías buscan encajar sus piezas en el puzle de la producción”. Está claro, ¿no?

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Es difícil encajar las piezas del puzle de la energía en un país como el nuestro, en el que tanto políticos como medios de comunicación están hipotecados al poder. En 2011 los partidos españoles debían a los bancos más de 270 millones de euros, con el Partido Popular y los socialistas acumulando el 55,5% de esa deuda. En 2013 muchos periódicos sobreviven gracias a la publicidad institucional y de grandes empresas. El suplemento “Energía” de El Mundo tenía, como le he contado en el párrafo anterior, doce páginas, divididas de la siguiente manera: portada, cuatro y media con textos periodísticos y seis y media con publicidad. Publicidad de Gas Natural Fenosa, Acciona, Enagas, Iberdrola o Red Eléctrica de España.

¿Se puede hacer verdadera política social cuando debes 150 millones de euros a los bancos y eres adicto a la puerta giratoria (pasar del Gobierno a una empresa sobre la que se tomó decisiones)? ¿Se puede realizar “una cobertura informativa sostenible” sobre energías alternativas cuando Iberdrola paga la publicidad? ¿Se puede confiar en que nunca máis se repita una tragedia como la del Prestige después de una sentencia tan irresponsable como la de ayer, vía libre para delitos medioambientales y otras fechorias de las compañías petroleras?

El descrédito de la política es enorme. Tanto como el del periodismo y el de la justicia, sus socios en esta aventura suicida del liberalismo.