Dimisión

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Rajoy hace un gesto de triunfo durante la clausura de la Convención de Nuevas Generaciones del PP, celebrada el pasado domingo en Madrid. / Kote Rodrigo (Efe)

Mañana se cumplen dos años de la victoria electoral que llevó a Mariano Rajoy al Gobierno. Dos años en los que ha hecho lo contrario de lo que prometió en su programa electoral, ha mentido como un bellaco en temas relacionados con la corrupción y ha esquivado como una rata sus responsabilidades con la prensa (con los ciudadanos). Evidentemente, el presidente tiene una visión más positiva de estos 730 días: “He puesto orden en las cosas y he sentado bases sólidas para un futuro”, ha dicho Rajoy durante su intervención, este fin de semana, en la clausura de la Convención Nacional de Nuevas Generaciones. Cuando habla de sentar bases sólidas para un futuro, se refiere sin duda a la destrucción de la educación y la sanidad públicas. Y cuando se refiere a poner en orden las cosas imagino que quiere decir que ahora los ricos son más ricos y los pobres más pobres, aumentando así la distancia de seguridad entre ambos.

La huelga de basuras en el Madrid de Ana Botella, alcaldesa nombrada a dedo por un Gallardón al que el ayuntamiento se le quedó pequeño, podría ser el broche de oro a estos dos años de gobierno de Mariano Rajoy. La capital de España convertida en un estercolero. Los ciudadanos esquivando la mierda, tapándose la nariz para evitar el tufo a podrido. Y la responsable del desaguisado, miembro de honor del Partido Popular, asumiendo culpas y realizando un análisis realista del conflicto: “No ha habido pasividad en ningún caso por parte del Ayuntamiento… Y no hay despidos gracias a la flexibilidad de la reforma laboral”.

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Mariano Rajoy y Ana Botella son hermanos de sangre, unidos para siempre por la basura y la desfachatez. Basura en forma de desperdicios urbanos y humanos, contenedores rebosados y tesoreros putrefactos. Desfachatez intrínseca, para negar las evidencias, esquivar responsabilidades, mentir al ciudadano y aferrarse al poder con uñas y dientes.

“Hay que salir ahí, al estrado, y decir, dimito. ¿Tan difícil es eso?”, aseguró el cantautor Javier Krahe durante una entrevista promocional de su nuevo disco. Botella debió dimitir nada más sacar el culo del spa de Portugal, por respeto a las familias de las niñas muertas y al conjunto de madrileños. Pero no lo hizo, en algo que debemos entender como toda una declaración de intenciones: el Ayuntamiento es mío, y hago lo que me da la gana en esta ciudad. Lo mismo sucede con Rajoy, un presidente que ha tenido diversas oportunidades para abandonar Moncloa. Por ejemplo, cuando subió los impuestos que dijo no iba a subir, o cuando pisoteó aquellas piezas intocables del estado de bienestar que había jurado no tocar jamás.

¿Tan difícil es eso? Dimitir, digo.