El 135 son los padres. Y la democracia son los reyes magos

Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaHay que reconocer a Zapatero que hasta ahora no había sucumbido a la tentación de sus predecesores de cobrarse los servicios prestados en diversos consejos de administración o cargos de asesor de empresas mediáticas internacionales (Slim en el caso de González, Murdoch en el de Aznar) ni de multinacionales españolas energéticas (Gas Natural Fenosa Felipe González, Endesa José María Aznar). Sin embargo la manzana que no ha podido dejar de morder Zapatero es la de los libros de memorias y reflexiones generosamente pagados de la campaña literaria navideña. Es otra forma de puerta giratoria: un grupo empresarial como Planeta depende en buena medida de su relación con el poder político (que dé las oportunas licencias televisivas y radiofónicas, que transija con la concentración de emisoras y cadenas de TV, que incline la balanza si hay otra guerra del fútbol…) y para ello viene bien garantizar un suculento pago por unas memorias inanes o un buen premio a una ministra saliente especialmente sensible a los intereses de las patronales culturales.

Zapatero está presentando su libro sobre el inicio del saqueo neoliberal en cuya vanguardia se colocó en mayo 2010. La historia de cómo nos entregó Zapatero a la troika tendría su interés si fuera al estilo de John Perkins en sus Confesiones de un ganster económico (Tendencias, 2005): si Zapatero confesara realmente cómo se somete a los gobiernos en el altar del poder económico, si se la jugara, arrepentido por la traición a su país, y nos explicara el autogolpe que comenzó en mayo de 2010 y sigue en marcha. Pero Zapatero lo llama el dilema, como si lo relevante fuera lo mal que lo pasara personalmente mientras decidía cómo entregarnos.

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En el shock neoliberal tuvo un papel muy protagonista la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución. Afirmaba hace sólo unos días Zapatero en El País que si no hubiera acordado tal reforma con el PP habríamos tenido un gobierno técnico. Que esto es mentira lo evidencia el hecho de que menos de tres meses después de la reforma había convocadas elecciones generales, por lo que es ridículo pensar que se habría forzado un gobierno técnico para un par de semanas. En todo caso el problema de un gobierno técnico no es sólo que haya un gobierno no elegido en las urnas sino que la política del gobierno (¡incluso la Constitución de un país!) no se decida democráticamente sino al dictado de poderes ilegítimos. Del mismo modo que la razón para evitar el rescate era evitar las políticas económicas asociadas al rescate. Adoptar las mismas políticas que adoptaría un gobierno técnico en un país rescatado para no tener que pedir el rescate y soportar un gobierno técnico no es democracia, es una (pobre) escenificación de la democracia.

Nos han abrumado con la equiparación entre la economía nacional y la de una familia. Pues bien, ¿se imagina alguien que en una familia alguien diera “prioridad absoluta” al pago de un crédito sobre, por ejemplo, la alimentación de los hijos? Eso es lo que de manera “completamente autónoma” pero bajo alguna amenaza como mínimo tan grave como la deposición de un gobierno y el nombramiento de un gobierno ajeno a las urnas acordaron en una semana el PP y el PSOE. Ése fue el tiro de gracia a la Constitución del 78 en la sien del pueblo español. Zapatero y Rajoy, el PSOE y el PP escenificaron la quiebra del régimen del 78 en los 18 días que pasaron desde la redacción de la carta de Trichet a la presentación de la reforma del artículo 135 de la Constitución.

Faltaba conocer el contenido de la famosa carta del BCE. Una carta que PSOE, PP y UE negaron reiteradamente. La carta que Zapatero se negó a entregar al Congreso de los Diputados (esto es, a la representación de la soberanía nacional) pero ha entregado a Planeta a cambio de parné.

No es una carta, es la proclamación de la intervención, del golpe de Estado que vivimos. Es un dictado y en él se ve no sólo el reformado artículo 135 de la Constitución (llamado en la carta “apuntalar urgentemente la reputación de su firma soberana [esto es: la prioridad absoluta del pago de la deuda] y su compromiso con la sostenibilidad fiscal [esto es: el límite al déficit]”. Sostiene Zapatero que publica la carta ahora que le pagan porque así se evidencia que la misiva no tiene nada que ver con la reforma de la Constitución pero esto sólo es una evidencia de que quienes nos sobrevuelan desde las presentaciones de memorias nos ven tan pequeños como idiotas.

Ocurre que además de urgir a apuntalar la reputación de nuestra firma soberana la carta de Trichet dicta (con insoportable soberbia) la que está siendo la política de los gobiernos españoles desde entonces: de la reforma laboral de Rajoy a la facilitación del desahucio del inquilino de un piso alquilado pasando por la ley de estabilidad presupuestaria que prevé la intervención de autonomías y municipios que no se sometan al dictado del déficit cero: Podemos ver el programa político de estos años de saqueo en una carta escrita por un Banco Central Europeo que debería estar controlado democráticamente y en cambio es él el que controla a los gobiernos.

Los gobiernos democráticos son (deben ser) el instrumento de su pueblo para plantar cara a los poderes ilegítimos. La carta del BCE revela que los gobiernos del PSOE y PP no han ejercido de gobiernos democráticos sino de virreyes de los poderes golpistas. La propia escenificación de Zapatero publicando por dinero lo que debió denunciar en las instituciones por decencia es una forma patética de mostrar que existe un conflicto insalvable entre demócratas y colaboracionistas con esos poderes golpistas y que la Unión Europea es hoy el instrumento más contundente del golpismo financiero que padecemos. Son dos evidencias, por cierto, que tendríamos que tener muy en cuenta a la hora de abordar las elecciones europeas del año que viene.

(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de IU y autor del blog Quien mucho abarca.