El verso torcido

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Ruiz-Gallardón, en una imagen de archivo. / Efe

Dice Alberto Ruiz-Gallardón que él “sí tendría un hijo con malformaciones graves”. Y me parece muy bien. Yo sin embargo no lo tendría. Y aquí es donde comienzan los problemas. Los dos tenemos nuestras razones para tomar decisiones tan opuestas, razones que no vienen al caso puesto que de lo que se trata es de que a mí no se me ocurriría jamás impedir a Gallardón que tuviese ese hijo malformado: él sabrá lo que hace. Sin embargo, Gallardón quiere obligarme a mí a tener un hijo malformado que no deseo. Mis razones para optar por esa alternativa están ahí, pero no tengo por qué explicárselas ni a este señor ministro ni a nadie. Simplemente no quiero tener un hijo malformado. Como ciudadano, es un derecho que tengo, y que Gallardón me quiere robar.

Así las cosas, tendría que pedirle al señor Gallardón que me dejase en paz. Permítame tomar las decisiones importantes de mi vida, señor ministro. No interfiera en mis sentimientos, en mis ideas, en mis credos. Viva en plenitud sus convicciones, sus creencias, su familia, su religión, y déjeme a mí con mis propias convicciones, mis creencias, mi familia y mi religión. Si la tuviese, que no la tengo. Y sobre todo, no nos tome por idiotas, no diga que esta nueva ley es la más “progresista” que ha aprobado este Gobierno. Si lo hace, tendremos que recordarle que hace apenas ocho años, cuando era alcalde de Madrid, el que fuera “verso suelto” y carca del PP dispensaba la píldora postcoital gratis y a menores.

Puestos a hablar con sinceridad, podría decirle muchas cosas a Gallardón, entre otras que hablar no cuesta dinero. Y a un político menos. Es decir, que no creo que realmente tuviera un hijo con malformaciones. Gallardón es un hipócrita profesional, y si ya me ha engañado en otras cuestiones no sé por qué debería fiarme de tan melodramáticas y grandilocuentes declaraciones. Iré más lejos: en caso de que tuviera realmente un hijo con malformaciones debería callárselo, porque su caso no sirve como ejemplo. El Ministro es un privilegiado. Social y económicamente hablando, digo. Es decir, que no es igual un hijo malformado en la familia Gallardón que en la familia de un parado de un pueblo de Extremadura. Ni para el niño, ni para la familia.

Resumiendo: tenga usted todos los hijos malformados que quiera, pero no me obligue a tenerlos a mí. Parece fácil de entender, es un principio básico de convivencia. Pero en cualquier caso… ¿Qué hacemos aquí hablando de los posibles hijos de Gallardón y de un servidor sin tener delante a las respectivas parientas? Todo pasa por ellas. Nuestra opinión es simplemente eso, una opinión. Pongámonos a un lado, dejemos paso a las mujeres...


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5 Comments
  1. negras tormentas says

    Viene a mi memoria el libro y casi mejor película, Los santos inocentes.
    Esto mismo es a lo que aspira el gran fascista y el conjunto del pp.
    Salud y Republica!

  2. Selito says

    Por cierto, que no solo parece haber malestar entre muchas pperas por la ley del aborto. También hay presidentes de CA
    http://www.europapress.es/sociedad/noticia-monago-senala-nadie-puede-obligar-nadie-ser-madre-20131230213829.html

    Estaría bueno que la votación esa que propone el PSOE y que permite votar en secreto saliera adelante y se detuviera la ley de marras…. Si vale, es soñar despierto, pero es que vienen los Reyes, no hay que quitarle la ilusión al niño….

  3. Lukas says

    Albeniz, el «verso suelto» creo que era la lideresa esa que quería matar arquitectos, la del «hijo de puta» a Gallardón, si mal no recuerdo. ¡Hay que ver la familia popular!

  4. Lola says

    Es una fea costumbre la de esta derecha española, convertir en leyes civiles sus creencias religiosas y ¿morales?…Este país sigue siendo su cortijo donde imponen sus creencias dándoles valor de ley.¿Cuándo nos vamos a decidir a cortar con estos fundamentalismos talibánicos?, poco a poco van ganando terreno, han laminado cantidad de derechos civiles, hay que frenarlos YA!!!!

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