En el centenario de la Primera Guerra Mundial

Carlos García Valdés

David_Stevenso_Primera_Guerra_Mundial
Cubierta del libro de David Stevenson

El profesor de Historia Internacional de la London School, David Stevenson, acaba de publicar en España, coincidiendo con el primer centenario de la denominada Gran Guerra, un extraordinario libro, 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial,  (Debate, 2013), saturado de documentación y equilibrado en su concepción y conclusiones. Sus 895 páginas. denotan un estilo científico depurado, una buena literatura, difícil de encontrar en textos de este cariz, latiendo en el mismo la especialización que da muchos años de intensos estudios al respecto, pues con anterioridad, el autor ya se había ocupado de este tema con autoridad y saber incontestables.

Publicidad

La catástrofe que supuso el conflicto de referencia está perfectamente descrita en las cuatro grandes partes del texto y en sus veintiún capítulos. No es que fuera la primera conflagración entre países europeos o asiáticos, cuyo detallado antecedente se recoge con precisión, pero si fue la que envolvió mayor número de naciones beligerantes y la que tuvo dos consecuencias terribles, inigualables hasta el momento: los diez millones de muertos (págs. 21 y 700) y dejar el terreno expedito para un nuevo enfrentamiento mayor, veinte años después, donde se ven envueltos, prácticamente, los mismos países protagonistas.

Entre los innumerables y precisos acontecimientos reseñados por Stevenson destacan, en mi opinión, tres hechos que marcaron el devenir del trágico momento: el motivo que inició las hostilidades, el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono  austriaco y de su esposa, perpetrado por el joven terrorista serbo-bosnio Gavrilo Princip. La relación de causalidad es clara, en la convulsa Europa central fue la chispa que prendió un fuego de incalculables dimensiones. En segundo lugar, la revolución soviética, de octubre de 1917, con el fusilamiento de la familia imperial zarista, que hace apartarse a Rusia de la guerra y, en fin, la irrupción en la contienda de los Estados Unidos, de la mano del presidente Woodrow Wilson, determinante para el triunfo final de los aliados. La descripción, más o menos extensa de estos supuestos, es excepcional, potente y convincente.

Como lo es también el estudio de lo que se deriva del tratado de Versalles que desarma a Alemania, restringe su soberanía territorial, la humilla y la conduce a un sentimiento de frustración permanente hasta su “redención” como nación de la mano del nuevo canciller, en 1933, Adolf Hitler, quien “pacificado” el interior se lanzó a la conquista del exterior, en lejana y afortunada frase del profesor Gómez Orfanel.( Excepción y normalidad en el pensamiento de Carl Schmitt, Madrid,1986, pág. 71 y siguientes).

A lo largo de las brillantes páginas del profesor londinense se relacionan las tremendas e inciertas batallas, los personajes protagonistas de la situación o los emergentes, por ejemplo la alineación de Portugal. Asimismo, es de resaltar el conocimiento que el autor demuestra de las novedades tecnológicas en el arte de la guerra llevadas a la práctica en los campos. Tres son las principales que menciona Stevenson: los artificios explosivos o de fuego para desalojar las trincheras, construidas esencialmente para la defensa; el gas venenoso y el tanque (pág. 270), sin perjuicio del permanente uso de las convencionales infantería y la caballería. El acierto de la localización de los modernos métodos empleados es evidente. Habrá que esperar tiempo para que la aviación o el submarino, utilizados aún en minoría, vengan a ser armas resolutivas. Del mismo modo, la medicina militar se trata de forma excelente (págs. 296 y siguientes.). Los tratamientos clínicos de las nuevas lesiones y heridas, ocasionadas por medios destructivos, desconocidos hasta entonces, hizo aplicarse con fruición a los facultativos de campaña en las técnicas curativas o paliativas adecuadas. Es evidente que no estamos en los tiempos del cirujano-jefe de Napoleón, Larrey. Los sablazos y explosiones de balas de cañón se han trasformado, además, en otras formas mortales o lesivas más masivas y de difícil cura.

Que la guerra de referencia nada solucionó está fuera de toda duda. Un siglo europeo sin conflictos, desde las guerras napoleónicas, se convirtió en dos grandes enfrentamientos globales casi seguidos. Del segundo surge el mapa del presente, pero del primero poco puede señalarse de fructífero. Es más, ya lo he dicho, viene a desembocar en la segunda guerra mundial (1939-1945) que, lógicamente, no es objeto de estudio en la actual monografía.

Multitud de notas, recopiladas al final de la obra, apoyan el texto, así como una serie de mapas y fotografías en selección acertada que le acompañan. En las últimas páginas, nos presenta David Stevenson una bibliografía exhaustiva, propia de un trabajo serio y más que riguroso, ejemplo de investigación académica, trabajo escrito, además, con un lenguaje accesible, pese a la dificultad intrínseca de los abundantes datos y personajes que pueblan la historia.