De fósiles y momias

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El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en una imagen de archivo en el Congreso.
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en una imagen de archivo en el Congreso. / Efe

Las máquinas de las obras del AVE a Valencia han desenterrado a su paso por las lomas de Lo Hueco, en el municipio conquense de Fuentes, miles de fósiles de dinosaurios. Los paleontólogos dicen que se trata de un yacimiento extraordinario, repleto de joyas de hace 75 millones de años. En su día se le llamó el Atapuerca de los dinosaurios, y los políticos prometieron investigación y museos. Pero llegó la crisis, y con ella el abandono. Seis años después de ser descubiertos, esos 10.000 fósiles viven un segundo periodo de olvido en una nave industrial.

La urgencia de la alta velocidad no encuentra rival en la exasperante lentitud de los huesos petrificados de saurópodos, dromeosáuridos y demás antiguallas. Y es que si rascas en lo moderno, en lo urgente, en lo veloz, es muy fácil llevarse un chasco. Por ejemplo si raspamos con la uña las cunetas de la M-30 seguro que aparecen las huellas de Gallardón. Icnitas de un líder popular que, como las caras de Bélmez, nos invitan a retroceder en el tiempo, a viajar al pasado en busca de raíces intelectuales. ¿Estoy diciendo que Gallardón es un dinosaurio? No sería necesario retroceder tanto en el tiempo. En el Egipto de los faraones ya existían las momias.

Gallardón ha diseñado una ley del aborto que supone un enorme retroceso para los derechos de la mujer. Por un lado es el hombre más progresista, como demuestra que podamos pasear en bici o en Ferrari por su flamante autovía madrileña. Por otro es, sin embargo, un carca que intenta mutilar el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, algo que muy bien podría/debería convertirse en una cuestión de Estado.

Gallardón es un pro vida de salón, de esos que solo se pasaría por Ceuta a afilar las concertinas. Un pro vida hipócrita, populista y conservador que cada día está más lejos de la gente, de la realidad, de la vida, de la ciencia.

Paul Ehrlich, ecólogo, entomólogo y biólogo de poblaciones, ha recibido hace unos días el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA. Es un sabio, ama la vida en todas sus formas, en su conjunto, y tiene una teoría sobre el equilibrio y la conservación de los recursos del planeta: “Un buen comienzo sería dar igualdad de derechos a todas las mujeres en todo el mundo (algo que no se da actualmente en ningún lugar) y que todo ser humano activo sexualmente pueda acceder a las modernas medidas de contracepción y, dado el caso, al aborto”.

4 Comments
  1. luigi says

    La palabra aborto tiene varias acepciones y yo no acabo de aclararme nunca con la correcta. Par mí es un lío importante, como eso del administrativo, el mecánico y el momento de lavarse las manos cuando se orina ¿Es antes o después?
    A ver, cuando hablamos de Gallardón y el aborto ¿a qué nos referimos exactamente? Esta falta de concreción me martiriza.
    Por otra parte, estoy deseando que pasen los años para ver si con un poco de suerte la mujer de Gallardón se nos hace unos cuantos “Sálvame de lux” y nos enteramos de esas cosillas tan picantonas a las que estos políticos opusinos nos tienen tan acostumbrados. Sería divertido una máquina de la verdad con Jorge Javier Vázquez poniendo cara de alucinado y la seño respondiendo con cara de… “ahora te vas a enterar”. Y no porque me interese su vida, Dios lo sabe bien, sino porque me preocupo por el bienestar de la gente y me gusta que disfrute de la doble moral de estos “pro vida de salón” y alcobas.

  2. Josu says

    Gallardón se está destapando como un político rancio, ultraconservador, que está convirtiendo a los fiscales en juguetes a la orden del gobierno-PP, que se ha cargado la justicia universal y que ha retrotraído a las mujeres a la época de Franco cuando hacían viajecitos a Londres en el mejor de los casos o acababan en un hospital desangradas por abortos clandestinos… Gallardón es un enemigo del pueblo.

  3. Albert says

    Y para mi que esta ley del aborto, antimujer, sólo es la trampa navajera perfecta para el otrora verso-suelto para mientras cree congratularse con el sector nacionalcatólico y ganarse su apoyo, se le quita la escalera, se le deja colgado de la brocha, se enmienda la reforma, aun siendo retrógada; el PP quedará menos reaccionario de lo que ahora Gallardón plantea. Y ya Gallardón habrá perdido para siempre el lustre del centroderechismo simpático, y por tanto eliminados todos sus posibilidades en su ascenso al poder.

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