Diez años de infamias

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Una de las portadas de El Mundo (21-9-06) que vinculaba a ETA con el 11M.

Se cumplen diez años de la matanza del 11-M en Madrid. Trenes destrozados, 191 muertos, más de 1.800 heridos, un país aterrorizado. Hoy es el día perfecto para el recuerdo, para el análisis. Todos los medios de comunicación reflexionan sobre las consecuencias del atentado, sobre la evolución del dolor de las víctimas, sobre la aún vigente amenaza islámica. Y, por supuesto, sobre cómo se desmoronó una mentira: el Gobierno de Aznar, con la colaboración de medios de comunicación como El Mundo y la COPE, inventaron diferentes patrañas para intentar vincular a ETA con los atentados. La famosa Teoría de la Conspiración.

Hoy me gustaría hablarle de las víctimas del 11-M. No de los muertos, los heridos y sus familiares, sino de las víctimas informativas. De todos aquellos ciudadanos que, ávidos de noticias sobre los espantosos atentados, fueron engañados por un Gobierno y por un grupo de periodistas. Los primeros, Aznar y compañía, de alguna manera pagaron su pecado con el desprecio y el olvido: ¿quien se acuerda hoy de Zaplana (algunos quieren descartar a ETA cuando todo apunta a que sea esa banda la autora de los atentados”) o de Acebes (“ETA sigue siendo la línea de investigación prioritaria”)?

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Sin embargo, El Mundo sigue saliendo cada día y la COPE no ha dejado de emitir una sola jornada. Los esfuerzos de estos dos medios por relacionar a ETA con los atentados puede parecer que resultaron inútiles, pero no es cierto: les ayudaron a vender miles de periódicos, a ganar oyentes. Diez años después El Mundo y la COPE no han rectificado, pero han modificado las líneas maestras de su hipótesis negacionista: “No descarto de plano la participación de ETA en el 11-M, pero la veo improbable”, dijo hace solo unos días Pedro J Ramírez, ex director de El Mundo y uno de los cerebros de la teoría de la conspiración, a Jordi Évole (“Salvados”, La Sexta).

Diez años después Pedro J ha evolucionado, se ha adaptado a los nuevos tiempos, y ve “improbable” la participación de ETA en el 11-M. ¿Qué fue de la casete de la Mondragón, el ácido bórico, la furgoneta Kangoo, las mochilas fantasmas, las declaraciones a la carta de Trashorras? Borrón y cuenta nueva. El periodismo-espectáculo debe continuar, no se puede detener por minucias tales como la ausencia de rigor o la acumulación de falacias. Pedro J se marcha, culpa de su desdicha al Gobierno de Rajoy, y deja el timón de El Mundo en manos de Casimiro García-Abadillo, su mano derecha durante el perverso proceso conspirativo.

Nunca mentir resultó tan barato. Ante la mirada atónita del resto de empresas de comunicación, y la pasividad absoluta de las asociaciones de la prensa, los medios que engañaron a los ciudadanos para alimentar la teoría de la conspiración jamás pagaron por sus mentiras. Causaron un enorme desconcierto entre la población, multiplicaron el dolor de las víctimas, entorpecieron el desarrollo de la justicia… “El bulo del 11-M destrozó a mi familia, mi esposa no pudo aguantarlo”, ha reconocido Rodolfo Ruiz, el comisario de Vallecas al que se acusó de colocar la mochila. Pues ahí tiene usted a los responsables de la ignomínia, diez años después, dando lecciones de comunicación, ofreciendo masters de periodismo y reividicándose como garantes de las libertades.

Algo falla en el mundo del periodismo cuando la infamia informativa del 11-M ha quedado absolutamente impune, cuando la profesión carece de recursos para desenmascarar al tramposo, cuando el lector está absolutamente indefenso.