Camino martirial del Bio-Bac y de su inventor, Fernando Chacón Mejías

 Benjamín Forcano *

Benjamín ForcanoEl Bio-Bac tiene una historia peculiar. Tan peculiar que estoy convencido de que si su inventor hubiera sido alemán, indio, estadounidense o noruego sería hoy  Premio Nobel de Medicina. Pero no, es español, y de Córdoba. Y por ahí quiero comenzar. Porque para mis paisanos y la mayoría de los médicos españoles Fernando Chacón Mejías es un desconocido, acaso un hombre  de escasos estudios, ajeno a la investigación.

Chacón estudió en la Universidad de Sevilla, fue farmacéutico y veterinario, ejerció como catedrático en las universidades de Granada y Córdoba. Fue inspector municipal en el Ayuntamiento de Sevilla y Jefe de la Sección de Microbiología de los Laboratorios SERAS. Su fama como microbiólogo le llevó a estudiar, por encargo del Dr. Dorronsoro, la existencia de hongos en distintos tipos de cáncer, lo cual le sirvió para marcar el rumbo definitivo de su vida. Colaboró con el Dr. Jiménez Díaz.  Fue de los primeros que se atrevió a  hablar de la etiología (causas) del cáncer. En 1974, patentaba su excepcional descubrimiento como “autovacuna contra las enfermedades producidas  por las enzimas vivientes”, una vía alternativa para enfermedades que aún hoy no tienen tratamiento oficial. Era, por así decir, un referente histórico en la investigación sanitaria por los años 1970.

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Durante más de 10 años (1975-1986) la autovacuna fue dispensada pacíficamente como fórmula magistral a miles de pacientes y miles fueron los que hicieron constar por carta la mejoría de sus patologías.

El día 5 de julio de 1986, el diario YA publicaba  que entre los años 1975-1985 más de 10.000 personas tratadas con la autovacuna y que sufrían  una patología cancerosa obtuvieron en primera fase resultados positivos en un 90 % y en tercera fase en un 40 %. A los tres días de esta publicación, quedó prohibida la fabricación y ensayo en seres humanos de la  autovacuna.

El 29 de julio de 1986, el Director General de Farmacia y Productos Sanitarios ordena al Dr. Chacón que adecúe el preparado a la legalidad vigente, cosa que Chacón realiza sin dificultad para seguir su comercialización, pues como hacía constar unas semanas antes el inspector Carlos Lens, la farmacia del Dr. Chacón cumplía a la perfección los requisitos recomendados.

Fue ya entonces, ante los éxitos de la autovacuna, cuando comenzaron los recelos y presiones entre el Ministerio de Sanidad y la  Industria Farmacéutica para lograr su eliminación.

Parecía estar todo encaminado a que a la autovacuna se le otorgara  la condición de Medicamento, pues el Dr. Fernando Chacón y el Dr. Francisco García Savan  presentaron ante la Dirección General de Farmacia  y Productos Sanitarios la documentación que así lo avalaba: muestras del producto, datos analíticos, solicitud para proceder a realizar las pruebas analíticas, resolución del Instituto Nacional de Previsión que acreditaba la autovacuna como fórmula magistral, normas de manufactura, proceso de elaboración, recetas médicas de  autovacuna, etc.

Sin embargo, el Ministerio de Sanidad y Consumo (Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios) decide no concederle la condición a la autovacuna  y prohíbe su comercialización. El Dr. Chacón interpuso recurso y la misma Instancia ante la que había recurrido confirmó desecharlo el 1 de junio de 1987.

La autovacuna, comercializada durante más de 15 años,  y subvencionada por el sistema público de Seguridad Social durante 10 años, fue desestimada y quedó prohibida. El Dr. Chacón volvía a formalizar demanda  el 8 de septiembre  de 1987 contra el Ministerio de Sanidad. La sala de lo Contencioso-Administrativo  de la Audiencia Nacional sentenciaba el 4 de enero de 1990 que “el Dr. Chacón aporte para su evaluación datos contrastados científicamente válidos que avalen su seguridad, su eficacia clínica  y pureza”.

A pesar de esta sentencia, quedó más que claro en los años posteriores que todas las actividades del Dr. Chacón por que se reconociera a la autovacuna de las encimas vivientes como medicamento encontraron cerradas las puertas del Ministerio de Sanidad.

Desde 1986, el Dr. Chacón mostró estar más que convencido de la seguridad y eficacia de la autovacuna y así logró que salieran garantes de los ensayos clínicos  previos para el reconocimiento de la autovacuna los Laboratorios ROVI, S.A.  e INTERLAB. Pese a este enorme esfuerzo, la directora general de Farmacia y Productos Sanitarios, Regina Resile, denegó los ensayos solicitados, alegando los motivos para ello Fernando García Alonso. Era evidente la injusticia administrativa, pero ésta aumentó aún más cuando sin razón alguna el Sr. Fernando García Alonso prohibió que se hicieran los ensayos clínicos a los Hospitales Ramón y Cajal en Madrid y Severo Ochoa en Leganés.

Había una expresa inquina de Fernando García Alonso contra Chacón, además  de otros intereses (Laboratorios Abelló propuso la compra de la autovacuna como fórmula magistral. Lo intentó también la multinacional MERCK por dos veces, la segunda en el 2001 por mediación de  Dña. Regina). Y fueron contundentes las presiones ejercidas para no apoyar a Chacón y dejarlo solo.

No obstante, Fernando Chacón y su hijo Rafael prosiguieron otros estudios. Estudios preclínicos (efectos, toxicidad, seguridad, actividad, determinación de la dosis, …); estudios clínicos  (ensayos controlados en sus diversas fases), dejando con ellos en evidencia la ignorancia de quienes los rechazaban y pretendían atribuir al Bio-Bac efectos, propiedades o consecuencias absolutamente infundadas.

Así y todo, tras las negativas a no dejarse comprar la patente, D. Ramón Palop, Subdirector General de la Seguridad de Medicamentos,  suscribe y traslada  a la Guardia Civil la orden de hacer la denuncia contra el Bio-Bac el 4 de marzo de 2002. Y el 24 de Octubre de ese  mismo año, un Operativo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado detienen a Rafael Chacón (hijo del fallecido D. Fernando Chacón)  junto con 23 personas más en toda España.

Operativo llevado a cabo bajo la excusa  “de que pudiéramos estar ante una banda organizada”, argumentando que “La fabricación y la investigación de medicamentos clandestinos se realiza por esta empresa sin ningún tipo de control sanitario, dado que no está autorizada por esta Agencia  como laboratorio farmacéutico”.

La Defensa del Dr. Chacón acredita que la “Agencia  Española del Medicamento y Productos sanitarios conocía plenamente la composición del Bio-Bac y que su afirmación de que pudiera contener medicamentos extranjeros o fármacos autorizados en  España es totalmente falsa. Por lo que cuesta creer en la buena fe de la Agencia al realizar la denuncia. Es tal la barbaridad  de la denuncia  que pronto  tiene que salir al paso, concretamente el 30 de octubre de 2002, la Ministra de Sanidad, Dña. Ana Pastor, tranquilizando a la opinión pública e informando que el producto era inocuo”.

Han pasado más de 10 años de la denuncia. Y han  sido tantos o  más los jueces que no han activado el juicio. La juez del 2011 lo emprende ahora sin saber, al parecer, que el Ministerio de Sanidad tiene recogidos, precintados y custodiados  en el lugar pertinente los 52 tomos que contienen y explican exhaustivamente  todo lo referente al Bio-Bac y  todo lo que con él  se ha pretendido hacer.

¡52 tomos! Indican la trascendencia y la calidad científica  de la Causa del Bio-Bac y la talla humana de su autor el Dr. D. Fernando Chacón Mejías.

En una sociedad democrática como la nuestra y en temas de tan enorme valor para todos,  nadie puede proceder a la ligera. Y lo hacen quienes a la hora de acusar o informar omiten datos sustanciales como éstos, sustrayendo a la opinión pública el derecho a la veracidad.

Responsables o periodistas de medios informativos afirman haber tenido ahora acceso a los documentación tanto de la Fiscalía que acusa al Dr. Fernando Chacón como de la Defensa que lleva su causa. Son más de 50 folios los que relacionados únicamente con estos estudios aparecen en la Defensa preparada  por el gabinete del abogado Enrique Sánchez de León, ministro de Sanidad  en tiempos de la U.C.D.

Espero que en tiempo no lejano, aún sin ya él poder presencialmente recibirlo,  podamos restituir al Dr. Fernando Chacón Mejías, español andaluz, científico eminente y persona de enorme y probada calidad, el mérito y el honor que, quienes con cargo pero sin ética alguna, le  han intentado arrebatar.

(*) Benjamín Forcano es teólogo y sacerdote claretiano.