Los milagros estadísticos en España

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Alejandro InurrietaLa reciente historia económica en España muestra un claro deterioro de la calidad de las estadísticas que se van publicando, haciendo cada vez más difícil emitir un diagnóstico certero sobre la realidad económica y social del país. Nada de esto cuestiona la profesionalidad de los funcionarios o personal laboral que trabajan en los distintos institutos de estadística o departamentos públicos que recopilan y publican diferentes estadísticas.

La verdadera razón de esta creciente desconfianza hay que situarla en un objetivo político que persigue tratar de convencer con propaganda que la realidad económica es manifiestamente mejor que la que viven y sufren diariamente los hogares o una gran parte de las empresas en España. Esta táctica, que ya fue utilizada por Grecia antes de su intervención, pero que también tuvo en España un reflejo en el momento de la entrada en el euro con Aznar, el llamado milagro español, y también posteriormente con Zapatero en las abultadas cifras de empleo.

Las consecuencias de estas prácticas son nefastas, como ya se vio en Grecia, pero tienen un recorrido muy corto. La mezcla de revisiones metodológicas, que se retrasan deliberadamente como se hizo con el censo de viviendas 2011, o el reciente censo de población, buscan trufar los datos estadísticos, para maquillar, de forma legal, las cifras y así poder presentarse a unas elecciones, como las próximas europeas, con rúbricas aparentemente mejores que las que se tenían anteriormente. Además de estas prácticas, que se apoyan en nombramientos claramente políticos, como es el caso del actual presidente del INE, se están llevando a cabo prácticas aún más llamativas, como ha sido el cómputo del déficit público en 2013 sólo con 10 meses, para aparentar que se cumplía el objetivo de Bruselas, aunque luego la Comisión ha puesto en su sitio al Ejecutivo. También es llamativo el dato del cuarto trimestre de 2013 del PIB, con una sospechosa reducción del gasto público, compensada por aumentos del consumo privado que en nada se justifican con los datos de coyuntura.

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Ante esta avalancha de contradicciones, puestas de manifiesto por algunos economistas que no comulgan con el status quo, y de las que pronto se harán eco en Bruselas, los ciudadanos recelan cada vez más de la propaganda gubernamental, a la que se han unido ya sin fisuras todos los grandes medios de comunicación, sin exclusión, incluyendo el Grupo Prisa. Los mensajes de que la recuperación económica es un hecho, de que ya se ha dado la vuelta al ciclo económico y que España lidera la caída del desempleo, repican cada vez más entre los millones de parados de larga duración, entre los miles de ciudadanos que se van fuera de España o que simplemente dejan de estar activos. Por eso no sorprende el asco y la indiferencia hacia las grandes formaciones políticas que destilan aquellos que sufren la verdadera situación económica, no la realidad estadística que nos quieren vender.

Por esta razón, las últimas cifras económicas publicadas son realmente un canto a esta paradoja que pocos son capaces de explicar. Por un lado, las cifras del PIB del primer trimestre de 2014, un 0,4% trimestral y 0,6% anual, chocan, de nuevo, con las cifras de coyuntura económica. Por un lado, el PIB de nuevo refleja un crecimiento del consumo privado, frente a un descenso de las ventas minoristas en febrero y marzo, y por otro lado una sensible reducción de las importaciones que habría servido para ajustar el PIB y mostrar dicho crecimiento. Pero la gran paradoja es que este crecimiento se produce en un contexto de ajuste laboral, se han perdido más de 184.000 empleos en el último año, según ha publicado la EPA hace unos días. Es decir, en un contexto de recesión del mercado laboral, medido por la caída del empleo, por la fuerte pérdida de actividad, se puede crecer casi un 1%, con el consumo creciendo, a pesar de la pérdida de empleo, y sin apenas crédito en el sistema. Este supuesto milagro, sólo puede estar inducido desde algunas fuentes para poder presentarse ante el electorado y poder justificar el daño impuesto a los percentiles de renta medios y bajos.

La creciente desigualdad en la distribución de la renta, que señala la OCDE, es otro elemento que también distorsiona los resultados presentados. Una economía cuyas rentas medias y bajas están tan castigadas en todos los sentidos, fiscalmente, salarialmente, laboralmente y en términos de prestaciones públicas, es muy difícil que pueda crecer al ritmo que quieren que creamos que crecemos. Cuando el crédito al sector privado sigue estancado y muy caro, cuando el sistema de la dependencia está agonizando o cuando se sigue destruyendo empleo a tiempo completo al ritmo que lo hace el mercado laboral español, no es posible, casi por sentido común, pensar que se puede estar saliendo de una profunda recesión en la que llevamos desde finales de 2007.

Pero tal vez, la variable que mejor refleja la incoherencia de esta paradoja es la evolución de la población activa. Esta variable es claramente procíclica y mide la certidumbre o incertidumbre que tiene el mercado laboral respecto a la situación futura. Es por tanto una variable que adelanta al ciclo puesto que anticipa los cambios de tendencia en la confianza del consumidor respecto a su situación laboral. Los datos de la EPA son estremecedores, un descenso de 424.000 activos en el último año, marcando el mínimo desde 2001, con una tasa de actividad por debajo del 60% y una tasa de empleo del 44,05%. En cualquier economía lógica y transparente, esto induciría a pensar que estamos todavía en fase recesiva, como lo mide por ejemplo el NBER en EEUU, y no se podría ignorar esta realidad económica. Un país de 45 millones de personas, con casi 15,6 millones de inactivos y 8 millones de pensionistas, sencillamente no tiene futuro y estaría en fase terminal, salvo en la España de un Presidente que se siente muy contento con la situación actual.

La calidad del empleo es otra variable a estudiar. La industria y la construcción siguen destruyéndolo, incluso los servicios, a la espera de la estacionalidad de la hostelería, también lo hacen y sólo la agricultura crea empleo, otra luz que debe hacer reflexionar a los que supuestamente gobiernan este país.

En suma, después de destrozar el mercado laboral, hundir gran parte de las prestaciones públicas, y soñar que con cambios metodológicos de las principales estadísticas pueden hacer desaparecer las enormes contradicciones entre las cifras estadísticas, solo queda denunciar esta manipulación de las conciencias y de la información, hasta que llegue a Bruselas y se castigue con dureza, como se hizo con Grecia. No hay olvidar que los partidos que gobiernan y gobernaban allí, son del mismo grupo en el Parlamento Europeo.

(*) Alejandor Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.
1 Comment
  1. juanjo says

    Puesto que estamos en elecciones, habrá que repetirlo y repetirlo sin cesar
    ..
    El Rajoy, amén de corrupto, es un embustero compulsivo.

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