El hundimiento del PSOE

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Jesús Cuadrado *

Jesús_Cuadrado“Ahora lo comprendo todo. La muerte es como el cartero, cuando viene a buscarte y no te encuentra, siempre llama dos veces”, reflexiona, cuando espera su ejecución, el protagonista de la famosa novela negra de James M. Cain. Cuando Rubalcaba se hizo con el control del PSOE, el CIS le daba al Partido Socialista en su barómetro de julio de 2011 una estimación de voto del 36 %; en las últimas elecciones generales, el resultado fue un histórico 29 %; finalmente, en estas europeas, las aguas han llegado al 23 %.

Ahora, en el balance de daños, habrá que preguntarse por cuánto le ha salido al PSOE, y sobre todo al país, el acto de prepotencia de no dimitir aquella noche electoral del veinte de noviembre de 2011. Se tendrán que evaluar, imagino, los resultados de aquella “estrategia” política, con la implicación directa de todo el aparato que ya estaba, y ahí sigue, en Ferraz, de aquella confabulación que, texto editorial de Cebrián incluido, se inició con la exigencia de adelanto electoral. Aunque lo urgente es ver si le queda a este partido alguna capacidad de reacción.

De momento, tras la patética imagen de Elena Valenciano y Oscar López en la noche electoral, Rubalcaba, como se podía esperar, ha dado la respuesta “de libro” de un viejo aparato político en estado puro; no seré candidato, pero controlo el proceso para decidir quién lo será, ha venido a decir. En el lenguaje de la gente normal, “aquí muere Sansón con todos los filisteos”. A partir de ahí, se verá cuánto vigor soberano le queda al PSOE para responder a semejante desafío.

Cómo ha comparecido el Partido Socialista a estas elecciones es un reflejo de en qué se ha convertido, en qué lo han convertido. Básicamente, han situado al partido en las posiciones más alejadas de la gente. Así, si todos los estudios de opinión, CIS incluido, reflejan que a la ciudadanía le repugnan los aparatos de los partidos, qué mejores candidatos para encabezar la lista que Valenciano y Ramón Jáuregui, dos prototipos de burocracia partidaria donde los haya, incluida su eterna presencia en las comisiones de selección de candidatos, núcleo duro de los viejos partidos. Se sabe que todo el mundo prefiere que a los candidatos se les elija con un sistema limpio de “primarias abiertas”, incluso la propia Valenciano expresó que el PSOE es más democrático que otros partidos por sus primarias, pero ella misma es “elegida” candidata, después de “autoperfilarse” como tal, en una cena de barones. O, aunque es bien conocido el catálogo de principales preocupaciones de los españoles, los asuntos que la dirección socialista sitúa en campaña poco tienen que ver con aquellas cosas que quitan el sueño a la gente; paro y asuntos de interés económico, corrupción o la propia calidad de los políticos, es decir, lo que el propio CIS sitúa como del máximo interés de la gente, fueron sustituidos por las cosas de Cañete y Gallardón. En resumen, la gente por un lado y el PSOE por otro.

Nada que no se supiera ya, que este PSOE, como traducción de su carencia de “voz propia”, emplea el lenguaje político más gastado, viejo, hueco, que, con pequeños cambios formales, repite desde hace años el mismo relato de otros tiempos, pero se muestra incapaz de armar una narración moral que esté a la altura de las necesidades de una sociedad con un 26 % de paro, un crecimiento galopante de la desigualdad, y una crisis de confianza en las instituciones de tal envergadura que amenaza seriamente el futuro del país. Y, en este estado de emergencia, en pleno desconcierto sobre la propia identidad política, el núcleo de la oferta se centra en la consigna “no somos lo mismo”, “el PP y el PSOE no son lo mismo”, para conseguir, lógicamente, reforzar entre la gente la idea de “pues, sí, son lo mismo”, porque no se borra en tres días lo que se ha forjado en tres años, con cambalaches para el Poder Judicial o con silencios cómplices sobre el pillaje de las Cajas y el atropello a preferentistas, por ejemplo. Así que la cuestión central no es el “giro a la izquierda”, en el que se refugia ahora Rubalcaba, sino la huida masiva de los electores de un partido con un liderazgo rechazado por sus propios votantes. En una situación similar, los italianos convirtieron al estrambótico Beppe Grillo en la opción más votada en las elecciones generales, hasta que Matteo Renzi sacó el camión de la chatarra contra el aparato de su partido: la gente le ha votado ahora mayoritariamente, y no por un giro a la izquierda, precisamente, sino por representar un “propósito colectivo” para romper una parálisis política que bloquea Italia, en condiciones casi tan críticas como las que vive España. Justo lo que Rubalcaba y su grupo quieren evitar con este último truco de avezado “apparatchik”, controlando la transición para evitar que “Renzi” les estropee los planes de control mediante candidatos del aparato, ya predeterminados. Espero que no lo consigan, porque terminarían de hundir al PSOE.

Es verdad que en estas elecciones algunos grupos políticos que han crecido, y mucho, han adquirido un gran protagonismo. En gran parte lo han conseguido a partir de la debilidad de un Partido Socialista con un liderazgo que ha llegado a generar un grado de desconfianza aún mayor que el de Rajoy o el de sus ministros peor valorados, incluido Wert. En esas condiciones favorables, la agilidad política, la capacidad para responder a las demandas de unos electores hartos de políticos robotizados, se ha traducido en una fuerte convulsión del mapa político. Ahora se abre un período de incógnitas sobre el futuro del PSOE, esencial para una opción de centro izquierda en España, que dependerá de una profunda regeneración, la que pretenden evitar quienes han convertido al Partido Socialista en una organización al servicio de su propia continuidad como grupo de poder. Son la carga que sobra para reflotar al PSOE, y, si atendemos a la reacción de Rubalcaba, no van a facilitar las cosas. Los sistemas de primarias abiertas no son ningún “bálsamo de fierabrás”, pero se han demostrado como una buena terapia, ya muy experimentada en muchas democracias, contra la parálisis que producen en los partidos estos aparatos organizados para su propia supervivencia; ahora serán vitales para recuperar la confianza de la gente en el Partido Socialista.

Para quienes pensamos que, como decía Tony Judt, aunque la socialdemocracia no representa un futuro ideal, ni siquiera representa un pasado ideal, pero es la mejor de las opciones que tenemos, es esencial que, contra lo que pretenden Rubalcaba y su grupo, se abra sin pérdida de tiempo un proceso de regeneración profunda del PSOE.

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.
11 Comments
  1. Juanma says

    Me temo que la caverna del PSOE incluido Felipe González lleva al partido al PASOK. Demasiado optimista Cuadrado

  2. tomas says

    muy acertado la pena es que esto no se lleve a la practica saludo socialista autentico

  3. Antonio says

    Este artículo de opinión tendría más credibilidad si estuviera escrito por un individuo que no haya estado metido en todos los fregados que tiene la cara dura de denunciar aquí. Como todo el mundo sabrá, el señor Cuadrado fue elegido diputado por Zamora en una lista cerrada, igual de cerrada que la de todos sus compañeros socialistas, de algunos de los cuales tiene la poca vergüenza de despotricar. Si tan descontento está con la situación de su partido, no creo que esté en condiciones de dar lecciones de nada alguien que no ha abierto la boca en todo el tiempo en que ha ocupado cargos públicos. Por el contrario, no le ha importado absolutamente nada chupar del bote y cobrar bien del dinero de todos los ciudadanos. Consejos vendo y para mí no tengo.

  4. trimaila says

    ¿Se acuerdan ustedes de aquel Partido en Grecia que respode a las siglas de PASOK?…
    … Enhorabuena, buena memoria !
    Hace apenas 5 años estaban en el poder griego gobernando, ¿y hoy dónde está?, ¿y mañana dónde estará?… ¿Y el PS de Hollande?, ¿y el SPD de Shultz?…

    Pues eso…

  5. Tomañas says

    Este Antonio del comentario, ¿no será Antonio Plaza, secretario general del PsoE de Zamora? Aún quedan, casi solo quedan, dinosaurios políticos en ese partido que además niegan el derecho al cambio para mejor. ¡Cuantas ilusiones rotas!

  6. Antonio says

    Tomañas, para su información, me llamó Antonio Fernández Gómez, soy de Bilbao (si quiere, le digo el DNI, también) y no tengo nada que ver con el PSOE de Zamora. La intención de mi artículo era denunciar la hipocresía y el «consejos vendo» del señor Cuadrado. Nada más. Es más, ni siquiera voto al PSOE, voté en blanco en las elecciones del domingo. Lamento sus dificultades de comprensión del castellano. Primero vaya usted a una academia para mejorar su comprensión lectora. Sólo así será posible mantener una conversación normal con usted.

  7. Antonio says

    Donde dije «artículo», he querido decir «comentario», evidentemente.

  8. Marifé says

    ¡Jesús! Hay que tenerlos cuadrados para seguir siendo militante del PSOE

  9. salvador says

    No eres justo escribiendo así sobre Cuadrado. Los que le conocemos bien sabemos que ha trabajado mucho en el Congreso, que no se limitaba a apretrar el botón como otros, que no ha cambiado de fortuna, que lleva más de 12 años sin cambiar de coche (laguna), que se ha preocupado mucho por los temas provinciales…
    Hay que ser justos. Para hablar por hablar, ya un programa nocturno en la Cadena Ser.
    Saludos.

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