La ‘danzadera’ del Mundial de Fútbol

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Benjamín Forcano *

Benjamín-FrocanoLa XX edición de la Copa Mundial de Fúttbol está llegando a todos los rincones de la tierra como una danzadera que a  todos invita a bailar y a unos pocos a manejar el sucio negocio que la tecnología global les brinda. Brasil, un país de 200 millones de habitantes,  fue elegido como sede del Mundial por la FIFA en el 2007. Acudirán a verlo, según cálculos, unos 3.000.000 de brasileños y unos 600.000 extranjeros.

El Gobierno brasileño de Dilma Rouseff ha invertido más de 15.000 millones de dólares en la reparación de doce estadios de futbol y en otras reformas. Los gastos superan a los  dos juntos del campeonato  mundial de  Alemania (2006) y de Sudáfrica (2010).  Y, desde hace un año, han saltado a la calle encendidas  manifestaciones  contra una política que no repara en  miles de  millones para un  acontecimiento  deportivo y no tiene  dinero para acometer los  graves problemas de vivienda, salud, educación, transporte urbano, trabajo y otros derechos sociales.

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Ha sonado como una alerta dolorida la voz de Paulo Coelho: “Por razones políticas contra Dilma Rouseff no estaré dentro en los estadios del Mundial de Fútbol, sabiendo lo que ocurre fuera en los hospitales”. Escritores, cantautores, actrices… denuncian: “El mundial no es nada bueno para la población”. Y  el pueblo lo grita y exhibe en carteles:  “No a la Copa del capitalismo y  del turismo sexual”, “Somos guiados por ladrones de la FIFA, que juegan sucio para ganar”, “FIFA, vete al infierno”.

Si la FIFA ingresó en el 2009 la cantidad de   873,9 millones de euros y un beneficio de 196 millones, ¿a cuánto ascenderá el ingreso y beneficio del 2015? Naturalmente la FIFA es una entidad privada y sobrefactura cuanto dinero quiere a través de  los acuerdos televisivos y  los patrocinios  (sponsors) de grandes empresas: Iberdrola, Adidas,  Banesto, Cepsa, Chevrolet, etc.

Pocas entidades  como ésta gozarán de tanta libertad e impunidad a la hora de planificar y pactar sus intereses. Y sabe que el éxito lo tiene asegurado, por más lacerante y opuesto que sea a los intereses del pueblo y de los más necesitados. La danzadera, puesta en marcha, no hay quien la pare,  pues nos meten en ella a todos, comenzando por los gobernantes, quienes harán todo con tal de asegurar la imagen exterior  de su pueblo.

¿Y la ética? Porque lo han dicho, sin reparo ni vergüenza, algunos expertos de la redistribución: “Hombre, en ese sentido, esto suena mal, pero no hay que mezclar lo uno con lo otro”.

Ahí, creo, está la clave: la ética sobra, y no por atender a derechos básicos de la población y de los más necesitados vamos a parar la danzadera que es negocio,  lucro,  placer, explotación; en definitiva, dinero-negocio que la FIFA sigue moviendo para proseguir con la danzadera más cautivadora  de todas: el fútbol.

Unida a ella, está también y de manera privilegiada,  ‘La Roja’, que depende de la RFEF (Real Federación Española de Fútbol), también entidad privada, que apenas recibe 4 millones de Euros  del Consejo Superior de Deportes (todo para cuestiones de formación, desarrollo de actividades deportivas, etc.), pero  no usando ni un  euro de dinero público para las primas que, ahora en el mundial, ella y los jugadores  acuerdan otorgarse.

Ya en el 2010, en Sudáfrica, los 24 jugadores seleccionados recibieron una prima de 600.000 € cada uno. En Brasil, si ganan la Copa, va a ser de 720.000 €, todo, como se ve,  por un par de semanas de trabajo, lo que equivale al sueldo por un año  de más de un millar de personas mileuristas.

Acabo con tres reflexiones fundamentales:

1. Vivimos en comunidad. Esto quiere decir que somos, los unos para los otros, personas de igual dignidad y con unos mismos  derechos y obligaciones. Como tales, a nadie le resulta indiferente el bien y la suerte del otro; somos solidarios.

2. Vivimos en un Estado Social Democrático y de Derecho. Lo cual quiere decir que, al elegir a nuestros políticos, lo hacemos para que nos representen y cumplan lo  establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución del respectivo país. Es deber de ellos, por ejemplo en España,  exigir al Gobierno que cumpla y haga cumplir  las normas  establecidas en la Constitución Española:

  •  “El Estado español  propugna como valores superiores, la igualdad y la justicia (Art. 1) y “le corresponde promover  las condiciones para que la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra, sean reales y efectivas” (Art. 9, 2).
  • Los ciudadanos que no se atengan a la solidaria igualdad, malgastando bienes o dañando derechos que son de todos “podrán ser privados de sus bienes y derechos por causa  justificada de utilidad pública  o interés social” ( Art. 33,2). En la crisis actual , una ética social y comunitaria  reclama que sea real  “El derecho de todos los españoles a una remuneración suficiente de su trabajo  para satisfacer sus necesidades y las de su familia” (Art. 35, 1). Así mismo,  “Los poderes públicos promoverán las condiciones  necesarias  y establecerán las normas  pertinentes para que todos los españoles hagan efectivo el derecho de tener una vivienda  digna y adecuada” (Art. 47).
  • Toda la riqueza del país en sus distintas formas y se, a cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Art. 128,1).

3. Ganar la Copa de la ÉTICA será el más alto trofeo de ‘La Roja’. Se lo mire por donde se lo mire, los 24 seleccionados de ‘La Roja’ debieran rechazar como insultante la prima acordada  (ellos ya perciben sobrada participación por estar seleccionados) o decidir  entregarla para cubrir derechos y necesidades básicas  de las que otros ciudadanos carecen.

Las entidades privadas, como integradas por personas, tienen un límite a su libertad de mercado, señalado por los derechos de quienes en ellas trabajan o de ellas se benefician. Proponerse  como objetivo el lucro y beneficio  a costa incluso  de  conculcar derechos de otros, supone  negar el principio básico de la justicia, esencial para una convivencia de armonía y de paz.

Pero en uno y en otro punto, la ideología neoliberal en una Democracia de Derecho no abona la intervención del Estado, gestor y garante de la igualdad y de los derechos que pertenecen  a toda persona.

El Estado no interviene, tiene base y razones para hacerlo, pero no lo hace porque  le guía la ética egoísta y competitiva del yo y no la ética solidaria del nosotros.

(*) Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo.

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