El verdadero objetivo: impedir la alianza entre Izquierda Unida y Podemos

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Manolo Monereo *

Para las compañeras y los compañeros del CEPS

manolo monereoSiempre es bueno saber dónde se está en cada momento, cuál es la fase política real que se vive y ser capaces de distinguir lo episódico de lo fundamental, las voces de los ecos, que decía el poeta. Tiene esto que ver con un fenómeno que en momentos como el presente es mortal de necesidad, nos referimos a hacer política a base de titulares de prensa y situar los mayores o menores desajustes internos de las fuerzas políticas en el centro de las preocupaciones, olvidando que, a pesar de la aparente normalidad, esta etapa se caracteriza por una lucha especialmente dura y hasta encarnizada, entre las fuerzas empeñadas en la consolidación del nuevo régimen monárquico y aquellos que defendemos la ruptura democrático-republicana. Olvidar esto es perderse y no tenemos todo el tiempo del mundo para dar vueltas sobre nosotros mismos: hay que hacer política y a lo grande. No queda otra.

Los nostálgicos de la Constitución del 78, cada vez menos, es verdad, plantean este asunto de modo diferente: estamos en un paréntesis doloroso, muy doloroso, pero transitorio; volveremos pronto al pasado, a los pactos, a la negociación colectiva, a los derechos sociales, al crecimiento económico y a la paz social. Esta es la penúltima quimera (siempre caben más) de los que se niegan a afrontar la realidad y sacar consecuencias políticas y estratégicas adecuadas. No, el pasado no volverá. La disyuntiva aparece cada día más clara: o un nuevo régimen monárquico, en acelerada construcción, basado en una democracia “limitada”, “oligárquica” y crecientemente “autoritaria”, o un proceso constituyente que defina un nuevo proyecto de país fundado en una democratización sustancial del poder económico, político y mediático-cultural.

Cabe una variante —vengo insistiendo en ello desde hace tiempo— el transformismo, es decir, usar la fuerza de los que quieren cambios reales para consolidar nuevas formas de dominio que lejos de ”democratizar la democracia” consoliden y hagan más fuertes poderes económicos y mediáticos y su control sobre la clase política. La clave está, en muchos sentidos, en el gobierno de Rajoy y, secundariamente, en su partido. El poder del Estado es siempre decisivo y en épocas de transición mucho más: coordina, centraliza y ordena los diversos poderes (incluido los no gubernamentales) y los convierten en decisión política.

El gobierno del Estado (del bloque del poder, sobre todo) tiene que tomar opciones nada fáciles, la primera el papel del PSOE en la sociedad española. Sin una ayuda potente de los poderes fácticos, el Partido Socialista no levantará el vuelo. La operación primarias no parece haber servido para dar una señal inequívoca de recuperación y todo apunta que los problemas de su decadencia político-electoral siguen estando muy presentes y sin una salida visible. El tema de fondo es simple: el papel del partido de Felipe González ha sido históricamente hacer imposible una alternativa de izquierdas, asegurando la leal alternancia de los partidos dinásticos. El avance de Podemos y la consolidación de IU lo hacen innecesario para esa función y lo obligan a definirse en un nuevo campo político, donde las opciones son todas muy complicadas y con resultados inciertos. El PP, al final, puede dejarlo caer.

Otro asunto de calado es la llamada “cuestión catalana”. La presión de los poderes está siendo muy fuerte, intentando una salida que ayude a la consolidación del nuevo régimen en construcción y que, sobre todo, no contribuya a acumular fuerzas del lado de los que impulsan la ruptura y el proceso constituyente. Al final, el asunto tiende a alinearse del siguiente modo: reforma constitucional o proceso constituyente, es decir, es lo sustancial, evitar el protagonismo del sujeto popular, de las mayorías sociales en el cambio político. Rajoy sigue teniendo el “botón nuclear”: convocar elecciones generales anticipadas con la secesión catalana en el centro, generando así un nuevo alineamiento político e impulsando una salida mucho más a la derecha de la crisis del régimen.

Ahora bien, el catalizador, el acelerador de los cambios sigue siendo el avance electoral de las fuerzas rupturistas, es decir, Izquierda Unida y Podemos. No tener esto en cuenta, situarlo en un segundo plano o jugar a política palaciega es caer en las trampas de los poderes realmente existentes. Dividir a las fuerzas del cambio, cooptarlas, desviarlas del objetivo siempre ha sido la política de los que mandan. Parecería que ahora se está ensayando un “pacto bajo mesa” cuyo contenido sería algo así como “todos contra Podemos”, intentando impedir la necesaria unidad, la alianza, no hay que olvidarlo, que reclaman los hombres y mujeres de izquierda, la ciudadanía, que quiere poner fin a tanto sufrimiento social, al paro y a la pobreza, a los desahucios, y hacerlo viable, no es poca cosa, con la movilización y la lucha social.

La esperanza de que el cambio es posible, de que está en nuestras manos y que depende de nosotras y nosotros, es una fuerza social, un imaginario tan poderoso, que va más allá de IU o de Podemos. El acento hay que ponerlo en este aspecto: la hegemonía se construirá en torno a la capacidad de unir a las fuerzas por la transformación y traducirlas en una propuesta político-electoral solvente, mientras, el “partido orgánico” (Gramsci) sigue creciendo y acumulando voluntades, hasta el punto que se puede estar pasando de la simple adición a la multiplicación de fuerzas y consensos, que sitúen la cuestión de la alternativa en el horizonte de lo posible. No entender esto es desconectar de la gente y convertirse en prescindible social y electoralmente.

La unidad no es fácil, nunca lo ha sido, tampoco en el interior de las fuerzas políticas, de esto sabemos mucho en IU. Podemos es una fuerza en construcción, que aspira a ser algo más que un excelente aparato político electoral. Hay una tendencia de fondo a su favor y, lo que es más importante, está cambiando el campo político en su conjunto, obligando a los actores a definirse frente a ella y a cambiar la agenda política. Su convergencia con IU es un reto nada fácil y la lógica de la diferenciación pesa y pesará mucho. La pregunta de fondo es pertinente: ¿puede aspirar Podemos al gobierno del país sin IU o contra IU?

Ciertamente, esta pregunta debe de responderla también IU y hacerlo sin ambigüedades. En principio, la respuesta no resulta difícil: desde hace varios años, especialmente desde su última Asamblea, hace año y medio, IU adelantó temas y propuestas que posteriormente Podemos recogería y las convertiría en discurso propio. IU no tiene que cambiar de política, ni adaptarse sin más a los nuevos tiempos: llegamos autónomamente y desde nuestro proyecto a una propuesta estratégica que no por casualidad se resumía en la en algo tan inequívoco como la Rebelión Democrática, ni más ni menos.

¿Dónde ha estado el problema? En que no hemos sido plenamente coherentes con nuestra política, que no confiamos suficientemente en lo que aprobábamos en nuestros órganos de dirección y que al final se impuso el seguimiento de unas encuestas que nos eran aparentemente, solo aparentemente, favorables y la atención preferente se centró en los previsibles gobiernos futuros con el PSOE. Lo que se impuso por los hechos y por las decisiones que se iban tomando era algo así como: menos procesos constituyentes, menos república, menos rebelión democrática y más programa concreto y electoralmente viable. El proyecto, se troceó, no construimos un discurso adecuado y dejamos de estar en la vanguardia. Se fue a amarrar el resultado y no a ganar.

La unidad es lucha y conflicto, no la paz celestial. Depende de la correlación de fuerzas y de la inteligencia política de aquellos que aspiran a construir un bloque político y social alternativo. El objetivo es claro: impulsar el proceso constituyente y plantearse en serio y hasta el final la conquista del gobierno y la transformación del poder. Este es el problema real y señala con precisión los desafíos y dilemas de la estrategia unitaria.

Convertir un problema de esta dimensión y hondura, como se hace ahora, en una cuestión identitaria centrada en las siglas, es desviarse de la cuestión central e iniciar el camino a ninguna parte. Lo fundamental, hay que insistir, es definir bien la fase y apostar por ser alternativa y no mera alternancia, es decir, plantearse en serio el problema del poder. La unidad no es sumarse a otras fuerzas u ocupar espacios más o menos compartidos electoralmente, es algo muy diferente y mucho más radical: construir desde abajo y a la izquierda, como ha señalado muchas veces Julio Anguita, un contrapoder social con voluntad de ser mayoría, una fuerza (contra-) hegemónica que no tenga miedo a ganar y que se tome en serio construir un nuevo proyecto de país. Esta ha sido la propuesta histórica de IU, la plataforma moral e ideal que hemos defendido hasta el presente y que recientemente hemos reafirmado en el Consejo Federal de IU. Lo demás, es secundario y nos sitúa fuera de la política real.

Es el momento de sumar y no de sumarse. No hay espacios políticos permanentes ni posiciones ganadas para siempre. Los espacios se crean y se definen en la lucha social, se potencian con la organización y se articulan desde un discurso que trabaja en y desde los imaginarios sociales y que cambian el “sentido común” de las clases subalternas. Ser poder es convertirse en fuerza social organizada y en esperanza colectiva; es saber traducir las demandas de las gentes en mayoría electoral y es, sobre todo, plantearse en serio el gobierno de la cosa pública. Todo ello requiere una dirección política a la altura de los tiempos: jefes, sí, jefes y cuadros, como nos enseñó Lenin y nos tradujo como nadie Antonio Gramsci. Esto es IU, sobre todo IU, no únicamente, pero sí la que generó y genera confianza, militancia y voluntad, la Izquierda Unida de Julio Anguita.

(*) Manolo Monereo. Politólogo y miembro del Consejo Político Federal de IU. Su último libro publicado, junto con Enric Llopis, es Por Europa y contra el sistema euro (El Viejo Topo, 2014).
23 Comments
  1. Rosi Carriedo says

    Como dice Julio Anguita no es un partido , es una federación de partidos, de ideas y de personas, por lo tanto cabe Podemos y cualquiera que quiera transformar la sociedad desde abajo. Y fácil no hay nada en este mundo, de hecho cuanto más valor tiene una cosa más cuesta.

  2. trompeta says

    El problema de IU es que tiene algunos colocados y dudan si es mejor ser de la Casta o hacer lo que exige la realidad del País,unir a la izquierda y dar una alternativa coherente al PPPSOE y marchar a por todas.Que ademas es lo que esta pidiendo una inmensa mayoría.Hay que decidirse y tener en cuenta que os estamos observando.

  3. Jose says

    Entiendo y comparto la mayoría de lo que dices, salvo lo del final, que hagan falta líderes;
    Creo que las nuevas tecnologías nos dan medios más que sobrados para construir un nuevo sistema, de transparencia y veracidad, ya no es como antes, ahora todos estamos conectados.

  4. fmolinero says

    La IU de Anguita era una máquina de laminar opositores, de marginarles de aburrirles, de pactar con Aznar y con los impresentables de Ángel Pérez. Si esa es la IU que quieres yo creo que a muchos no nos vas a encontrar

  5. Carlos says

    Qué patético papel de comparsa de Podemos y submarino del mismo en IU realiza este es ex estalinista, proveniente del PCPE a IU, amigo personal del que apoyó los bombardeos sobre Libia, Alba Rico. Me refiero al señor Monereo.

    “Guárdame los votos, Pablo, que en unos meses pasaré a recogerlos. Pedro Sánchez”: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/07/guardame-los-votos-pablo-que-en-unos.html

  6. Dal says

    Comprendo que el autor del artículo arrime el ascua a su sardina diciendo que las propuestas de Podemos son las de IU. Si lo son mi pregunta es: ¿Por qué razón los resultados de Podemos en las urnas en cuatro meses han recibido el respaldo ciudadano que IU no ha podido tener en tantas legislaturas?

    Porque la sociedad civil no lo considera así. Al margen de lo que argumenten unos y otros la opinión pública no es propiedad de nadie y ningún partido tiene el monopolio de pensar por nosotros. Eso de que toda una nación necesita de sus guías es una falacia son los guías los que necesitan a la opinión pública fuerza imponderable que cuando se moviliza es más arrolladora que el mesmerismo tecnológico con el que se trata de tenerla en trance y bajo la opinión ajena.

    España no ha despertado con Podemos. Podemos es el reflejo de los españoles que hacen oídos sordos al parloteo de quienes creen ya por costumbre que hemos hecho nuestra la opinión de nuestros opresores por tenerla por menos arriesgada y más cómoda como si pensar lo contrario nos supusiera un cruel trabajo intelectual. Las convicciones de los españoles son más profundas que las exterioridades de que quienes nos representan.

    Si IU quiere ganarse a la opinión pública escuche el dolor del pueblo. No nos quejamos por placer. Una masacre social de la que nadie está indemne es nuestro horror cotidiano. Estamos en una encerrona mortal. Podemos ha sabido verlo y le mostrado la escapatoria.

    La izquierda de grandes ideales es la que está en la calle tomando las pulsaciones de la sociedad y la que le da remedios para sus males, males que nos plagan como un castigo igual que si fuéramos alimañas a las que hay que extinguir.

    Toda la izquierda puede llegar a acuerdos pero sin levadura que trate de fermentar la masa para hacer el pan de unas siglas en concreto.

  7. akroll50 says

    Dal. Te refieres a las propuestas Podemos/IU. IU perdió el tren y la oportunidad de actuar conforme a las conclusiones de la X Asamblea. Y ampliando información, las propuestas de ambas formaciones, en parte surgieron de las Asambleas de DrY y el 15M. No son absolutamente nuevas.

  8. Gargamel says

    Pues nada nuevo en el horizonte en este articulo. No es la IU de Julio Anguita (ya estamos con los santones a los que pido por favor un paso atrás), es la IU de los que pegan carteles, reparten panfletos, van a las huelgas, están en miles de asociaciones de todo tipo, de ellos y ellas es IU. El PCI tuvo mucho muchísimo poder «popular» pero no rascó bola. O se ganan las elecciones o no se es nada, y en esas estamos hasta que desde el poder mediático se construye una nueva fuerza para el recambio del PSOE si este no levanta cabeza. Una fuerza que no responde a interrogantes fundamentales para el discurso político de clase, ambigua y preocupante en política internacional, sin modelo de estado y amiga de los rifirrafes a lo Belén Esteban. La hegemonía no son votos es que la sociedad tenga en el subconsciente quien es de los suyos y desde ahí articular la fuerza. Lo demás baratijas y teatros de guiñol. Por cierto Ruiz-Mateos sacó dos diputados en Europa y el Gil tambièn

  9. Dal says

    Por supuesto Akroll50, nada nuevo hay bajo el sol todo se ha hecho o dicho anteriormente. Podemos tiene el mérito de materializar de hacer tangible el ideal de las aspiraciones de millones de personas mártires de un Parlamento a las órdenes de Bruselas y de los mercados.

    Hay quien dice que Podemos divide a la izquierda y que eso interesa a los Pepes. La izquierda no sólo está dividida de mucho tiempo sino que ha estado pasiva conformada con ser algo testimonial y no el cambio que la nación necesita con extrema urgencia.

    El espíritu de las gentes nada tiene que ver con el espíritu de los partidos parlamentarios. Ellos tienen sus necesidades cubiertas aunque a nosotros nos vaya mal.

    Me gustaría que las izquierdas se unieran pero no como una horda de fanáticos guerracivilistas sino por interés general de la población. No podemos permitirnos vencedores ni vencidos todos estamos en el mismo barco y es nuestro deber que no naufrague. Un saludo cordial

  10. Dal says

    Gargamel, siento el voto negativo. Quería que fuese positivo le di sin querer al negativo.

    Sepas que es positivo. Tu comentario es sensato.

  11. Yoni says

    Ultimamente leo muchos articulos de gente del entorno de iu, hablando de lo que enrealidad ha traido podemos en tres meses porque a iu no le ha salido de los guevs traerlo en 30 escleroticos años: energia, premura, empuje social y empoderamiento. Eso lo ha traido podemos, no iu. El tren ya paso por iu y se le escapo. Por un lado me alegra y deseo a todo el sector critico de iu, fuerza, salud y suerte. Por otro os digo, dejaros de rollos y cambiaros de barco de una vez. Algunos igual tachan al q haga eso de oportunista. Yo, como ex votante de iu y ahora de podemos, no.

  12. Guillermo Cabrera García says

    EL PRIMERO QUE NOS VENDIO FUE «»CARRILLO»» LOS QUE LE SIGUEN SON DE LA ¡ CASTA¡ ELIJAMOS P. U, D. I. E, N. D. O Y OJALA SIGAN LOS DE IU. COMOMIENDO MIERDA.

  13. Felisa de Palacio says

    Estoy totalmente de acuerdo con el contenido de este documento de Manolo Monereo, totalmente. Espero que pueda sr escuchado a fondo especialmente por tod@s l@s que constituyen I.U. y Podemos. Yo desde la distancia física, estaré con mi voto en lo que pueda participar.

  14. serikame says

    Antes que nada quiero confesar que mi comentario está influenciado por un asunto nada social, ni político, el gato de Schrödinger, que es una propuesta para ilustrar una paradoja del mundo de la física cuántica. Dicho lo cual, quiero expresar mi preocupación por esa alianza. Las alianzas son como esos enormes campos magnéticos que unen a todas las partículas bajo una misma dirección. Hay partículas desconocidas por el gran imantador, que es la gan alianza. Esas partículas, para ser dirigidas, estudiadas y observadas, deben de ser imantadas con una potencia impresionante, imaginad Podemos e IU unidas, para que se cague toda la casta. Pero ojito, que el físico austríaco Erwin Schrödinger en 1935, a pesar de que no creo que haya tenido la inclinación socila de querer aplicar su modelo del gato encerrado en una caja, alumbró los peligros que entraña esta gran imantación para la física de las pequeñas partículas, que yo tomé licencia y amplió al campo de los social y de lo político, asumiendo mi responsabilidad retórica. Si el gato está vivo, dentro de la caja, puede llegar a morir, sólo por el hecho de querer saber si está vivo. Joder, vaya solución. Y si el gato está muerto dentro de la caja, esa imantación no nos sirve para saber que antes de que imantemos la partícula estaba viva y coleando. Conclusión toda imantación acaba por matar a los pequeños gatos, partículas y individualidades escondidas, o secretas, pero no por ello menos valiosas. No veo la necesidad de la gran alianza, no me seduce el canto de sirena del gran imantador para unir todas esas fuerzas bajo una misma causa. Quiero que corra el aire, me gusta esta libertad que temo es muy susceptible a los grandes campos magnéticos. Gracias a Erwin Schödinger y a Manolo Monereo

  15. CARLOS AGUDO says

    No sé serikame lo del gato ese. Osea que no lo encajo en el articulo. Articulo muy bien escrito desde un punto de vista gramatical por otro lado.En resumen que IU se ha equivocado en el proceso.Pero eso ya se sabía

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