Trabajo duro

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Bomberos del Ayuntamiento de Madrid descuelgan, como es habitual desde principios del siglo pasado, el cuadro de su patrona, la Virgen de la Paloma, el pasado 15 de agosto. / Paco Campos (Efe)

El día en que supimos que las cinco adolescentes fallecidas en Madrid en la fiesta de Halloween de 2012 fueron aplastadas en un recinto de propiedad municipal, y nos enteramos de que el jefe de la policía municipal sería imputado, la alcaldesa de Madrid Ana Botella se encomendaba a la Virgen de la Paloma para que "el trabajo siga en aumento y llegue a todos". Ese mismo día, el obispo de San Sebastián José Ignació Munilla defendió el empleo de calidad de una manera un tanto enrevesada: "defender el aborto es tan poco progresista como pedir el despido libre", dijo.

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El trabajo. Dicen los expertos que lo peor está por venir, que la tecnificación, la globalización y la deslocalización van a empobrecer aún más el mercado laboral. Mientras, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy saca pecho. “España fue el país con más crecimiento de la zona euro con un 0,6 % y hay países importantes que bajaron y otros que se mantuvieron, pero España es el que más creció”, dice. Y asegura que lo prometido es deuda: Concretamente una deuda de 1.007.319.000.000 millones de euros. El resto del Gobierno trata de seguir el ritmo del presidente haciendo malabares con el lenguaje, con las cifras y hasta con esos santos y vírgenes que en estos días de agosto salen de debajo de las piedras. "Pidiéndole salud a la Vírgen le ahorraremos dinero a las arcas públicas", asegura el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

"Nosotros no somos de Podemos, somos de hacemos", dice el portavoz adjunto del Partido Popular en el Congreso Rafael Hernando. Un brillante juego de palabras que sonaría más creíble acabado en "deshacemos", "demolemos" o simplemente "choriceamos". Ante las constantes acusaciones de corrupción, María Dolores de Cospedal dice que su partido, el PP, "colabora con la justicia como no lo ha hecho ningún partido". Olvida, la pobre, que han destruido discos duros de ordenadores y hasta el registro de entradas a su sede en Génova, reformada con dinero negro, que les solicitó el juez Ruz.

La misma Cospedal que dijo "pues mire, sí, van a ver las rentas del PP en los próximos días porque se van a publicar". ¿Días? Sí, hace hace aproximadamente 600 días. Seiscientos días de trabajo duro junto a la justicia, para desenmascarar a los corruptos, en pos de la transparencia y la política de calidad. Gracias Cospedal, es usted tan de fiar, tan honorable, como el mismísimo Jordi Pujol. Políticos de largo recorrido e infinitos recursos, siempre dispuestos a colaborar con la justicia.

¿No me cree? Ahí tiene a Pujol, envuelto en su senyera, presentando una nueva estrategia judicial con la que pretende impedir que se investiguen sus cuentas en Andorra. Todo tras haber confesado que tenía en ese país cinco millones en fondos no declarados.