Obama, Napoleón y la independencia de Cataluña

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Francisco Serra

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El presidente estadounidense, Barack Obama, durante su discurso en la segunda y última jornada de la cumbre de la OTAN celebrada ayer. / Oliver Hoslet (Efe)

Un profesor de Derecho Constitucional estaba esperando a que le trajeran una nueva lavadora. Unos días antes, la vieja había dejado de funcionar. Llevaba ya unos años renqueando y habían sido necesarias frecuentes visitas de los técnicos que meneaban la cabeza, cambiaban alguna pequeña pieza y recomendaban la adquisición de una más moderna. “Si la hubiera revisado cada año nada más comprarla, podría haber durado más, pero ahora… ¡ya no hay nada que hacer!”, aseguró el experto la última vez.

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Al profesor le aterraban los cambios y hasta el final se resistió a comprar otra. Podemos encariñarnos hasta de los objetos más prosaicos, reflexionó, aún pesaroso, mientras pasaba ante él toda su vida como una interminable sucesión de coladas: sus sábanas, la ropita de su hija, hasta las ya gastadas zapatillas que se ponía cuando se sentaba ante el ordenador… Un escritor francés compuso un hermoso 'lamento' por su bata vieja, pero todos, en el fondo, configuramos nuestra vida con las cosas que nos rodean, las prendas que usamos (aquél jersey raído, guardado en el cajón, recuerdo de la primera cita), las fotos antiguas…

Como los transportistas tardaban en llegar, el profesor reanudó la lectura del libro que había empezado a leer la tarde anterior. En verano, durante las vacaciones, además de disfrutar con las inevitables novelas de detectives, solía repasar algunos clásicos y entretenerse con extensas biografías. Ese año ya había terminado la de Freud y la de Keynes y ahora estaba enfrascado en una muy voluminosa dedicada a Hegel.

La vida de un filósofo puede parecer aburrida, pero a ese autor, al que ya desde joven sus compañeros apodaban 'el viejo', le tocó vivir 'tiempos interesantes': la Revolución francesa, el encumbramiento de Napoleón (al que llegó a ver recorriendo a caballo la ciudad para revisar sus tropas la víspera de la batalla de Jena y denominó, en una carta, "alma del mundo") y su caída, que supuso el final de la llamada 'novela' de la Revolución.

Al profesor le llamó la atención descubrir que en el relato de la vida del pensador se le atribuía un irónico comentario acerca de las disputas entre los juristas alemanes sobre qué Estados seguían siendo soberanos después de que el Emperador impusiera la creación de la Confederación del Rin: “El gran profesor de Derecho Constitucional está sentado en París”, aseguraba Hegel, aludiendo, sin duda, a Napoleón.

Este verano los periódicos recogen un día tras otro declaraciones de políticos y reflexiones de expertos juristas en torno a la posibilidad de celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña. En estos tiempos en que casi todos los países cuentan con extensas Constituciones (regulando la mayoría de las situaciones que pueden llegar a producirse) y están integrados en organizaciones internacionales, sometidas a normas de funcionamiento rigurosas, todos queremos creer en la bondad de nuestras instituciones y en las vías establecidas para la resolución pacífica de los conflictos.

Sin embargo, la realidad nos enseña, hoy como ayer, que en la mayoría de las ocasiones las decisiones jurídicas priman sobre las propias normas (retorciéndolas, si es necesario, para alcanzar el resultado querido) e incluso las decisiones políticas prevalecen sobre las jurídicas.

El “gran profesor de Derecho Constitucional” que puede dirimir la cuestión del surgimiento de un 'Estado catalán' no sienta cátedra desde el territorio de la Generalitat ni desde Madrid y ni siquiera desde Berlín o Bruselas, sino desde Washington. Es dudoso, que al 'Emperador', perdón, al Presidente de los Estados Unidos de América, le parezca conveniente la celebración de una consulta soberanista en España, porque tendría efectos desestabilizadores.

En realidad, el “derecho a decidir” en Cataluña no se demanda solo frente al Estado español, bastante debilitado, sino frente a un sistema global, en el que esos afanes independentistas solo pueden ser vistos con recelo. Hace unos meses quizás podría haber prosperado, pero ahora el 'imperio de la geopolítica' ha producido una variación sustancial de las relaciones internacionales.

Es dudoso que en las condiciones actuales se hubiera admitido la convocatoria de  un referéndum en torno al abandono del Reino Unido por parte de Escocia, pero en todo caso se trata de circunstancias muy diferentes, porque siempre ha sido muy improbable que triunfara esa posibilidad. En Cataluña, por el contrario, la consulta habría tenido un resultado difícil de prever y por eso ha encontrado, desde el comienzo, fuertes resistencias tanto en España como en la Unión Europea y, podríamos decir, “más allá”, en el corazón del Imperio.

Podemos tener la ilusión de que los pueblos actúan con absoluta libertad para elegir su destino, pero en los momentos cruciales una llamada telefónica (tenemos ejemplos recientes) puede cambiar nuestras condiciones de vida. Con todo, hasta los grandes 'profesores' ven muchas veces como sus previsiones se ven alteradas y las decisiones 'políticas' prevalecen sobre las decisiones 'jurídicas'.

El profesor recordó haber visto en una exposición un cuadro del pintor surrealista Magritte, que llevaba por título Hegel de vacaciones y en el que se veía un vaso de un agua posado sobre un paraguas abierto, flotando en el aire. Cuando llamó a la tienda en la que había comprado la lavadora para quejarse por el retraso de los repartidores se encontró con que, al estar varios empleados de permiso, era imposible efectuar la entrega de manera inmediata. La colada, suspiró el profesor, cerrando el libro, quedaba aplazada para otro día.          

4 Comments
  1. Mr. Pointer says

    Washington cada día manda menos, y lo que es peor, cada vez más gente (se entiende: estados) no quiere saber nada de ellos. Esto no es una boutade, es un hecho real. Respecto a que toda independencia debe tener padrinos internacionales, menudo descubrimiento. Para empezar, a los EEUU les importa un pijo que España se desintegre o no (Libia, Siria, Iraq…), en todo caso les interesarían otras posibilidades que se abrirían. El tema del separatismo en la UE no está ni empezando, y no creo que de aquí a 20 años sobreviva ni uno sólo de los grandes estados surgidos en la Edad Moderna por la acumulación de poder estamental y de acumulación de capital (más o menos descarado).

  2. enante says

    Los Estados, y sobre todo sus gobiernos, pueden no gustarnos, pero no creo que la solución sea irse, ya que eso lleva a una fragmentación insoportable. Imaginemos la UE integrada por 80 Estados. Cuando a los de Tarragona no les guste la política que se haga en Barcelona, ¿también querrán independizarse?

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