Podemos y "el pequeño Nicolás"

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Santiago Alba Rico *

Santiago-Alba-RicoLeo hoy la noticia de que “La Pechotes ya tiene representantes y podría cobrar hasta 30.000 euros por una aparición en televisión”. ¿Quién es La Pechotes? ¿Qué ha hecho La Pechotes para merecer esta atención pública y ser remunerada de esa manera? Se llama en realidad Isabel Mateos y ha saltado a la fama -la han aupado hasta allí con forceps- por ser la más fiel amiga del pequeño Nicolás. ¿Y quién es el pequeño Nicolás y por qué es tan célebre? En realidad se llama Francisco Nicolás Gómez Iglesias, tiene veinte años y estudia Derecho, y es amigo de Aznar, Esperanza Aguirre, Villar Mir, Sabino Fernández Campo, Arias Cañete, de grandes empresarios, de grandes políticos y hasta del mismísimo rey de España, en cuya coronación participó como un invitado más.

Bueno, no es exacto. Como ahora sabemos, todos estos grandes hombres no eran sus amigos, pero el pequeño Nicolás había conseguido fotografiarse con ellos y había conseguido fotografiarse con ellos porque -tautología perfecta- había conseguido fotografiarse con ellos. Con una primera fotografía consiguió luego otra que le dio acceso al recinto -palacio, cóctel, ministerio, club- donde pudo hacerse otras y así, a fuerza de acumular imágenes, se convirtió en una figura pública, cuyo carácter público mismo avalaba su derecho a estar ahí e incluso su capacidad de intervenir y -como si realmente fuera político o empresario- introducir efectos en la realidad. Preparó, por ejemplo, una visita del rey a Ribadeo (Lugo), en la que consiguió involucrar a la policía local y al propio alcalde; junto al restaurante donde se suponía que iba a comer el monarca con el presidente de Alsa (que esperaba dentro, engañado por el gran pequeño Nicolás) se concentraron los medios de comunicación, cuatro coches oficiales y ocho escoltas. El gran pequeño Nicolás recibió a la prensa y se disculpó con el empresario, alegando que la visita se había cancelado en el último minuto por un cambio de agenda. Durante los meses anteriores y para apuntalar esta burbuja de imágenes alquiló coches de lujo y guardaespaldas y enseguida, de la manera más natural, llegó a utilizar (al menos una vez) vehículos oficiales del Ayuntamiento de Madrid.

En su impresionante book fotográfico, el pequeño Nicolás aparece, siempre sonriente, sólido y puro, al lado de algunos de los últimos implicados en recientes casos de corrupción: Juan Iranzo, exconsejero de Red Eléctrica; Rodrigo Rato, exconsejero de Bankia; José Ricardo Martínez, exsecretario general de UGT-Madrid, y Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña, todos ellos salpicados por el escándalo de las tarjetas negras. Se puede fantasear con la idea de que, de no haber sido descubierto, el pequeño Nicolás, de pie en su hueca y redonda personalidad flotante, podía haber llegado a ser candidato del PP en unas elecciones e incluso ocupado a continuación un cargo público. O presidido el consejo de administración de Iberdrola o Telefónica. ¿Qué tenía el pequeño Nicolás? Un traje, cara de niño bueno y un desparpajo admirable. Con eso y con amigos (“solo no puedes, con amigos sí”) en la España que ahora agoniza se puede llegar a la Moncloa y, más lejos, a un banco suizo. Metáfora perfecta del régimen del 78 y de su podredumbre, la secuencia es ésta: La Pechotes es amiga del pequeño Nicolás que es amigo de un gran político que es amigo de un gran empresario que es amigo de un gran banquero que es amigo de la casa real, amigos todos a su vez de La Pechotes y del pequeño Nicolás, en un bucle perfecto de inanidad bien atornillada en el que lo que une a todos los actores y los legitima de cara al exterior, convirtiéndolos en “élite” (o en “casta”), es el hecho de que se han fotografiado juntos mientras se fotografiaban unos a otros. Sólo en un universo político y económico construido sobre los contactos personales, las influencias semimafiosas y la autoridad mediática, al margen del Parlamento y de las instituciones democráticas, puede un pequeño Nicolás llegar al palco del Bernabeu, a las mesas de los ministros y al palacio de la Zarzuela.

El pequeño Nicolás es el más simpático de todos estos “grandes hombres” y también el más verdadero, pues revela desde fuera la falsedad de todo y reivindica al menos la pureza de una impostura artística, auténtica, valerosa. Su ascensión talentosa y casi inocente ilumina los mecanismos normalizados de otras ascensiones menos brillantes y mucho más destructivas; su caída se enmarca, como relato literario y como última grieta o tropo final, en el resquebrajamiento y desmoronamiento de un sistema de amiguismos, de legitimidades vacías y de elitismos bellacos que han dejado de hacer gracia a los españoles. Los resignados le ríen las gracias al poder. Los vencidos se resignan a admirar a quienes los desahucian. Pero eso se ha acabado. El caso del pequeño Nicolás nos provoca ahora una estruendosa carcajada homérica, como un gran derrumbe estrepitoso, porque es su más humilde, ingenioso y fracasado imitador y porque su gesto integrado y acusador nos libera definitivamente de todo vínculo político, ético y psicológico con ese Gran Pequeño Nicolás que decide nuestras vidas desde hace décadas y dentro del cual creció el pequeño Pequeño Nicolás, que se limitó a respetar sus reglas.

Hace poco un militante del PP decía que Podemos, para ganar las elecciones, no necesitaba pegar un solo cartel porque toda la propaganda se la estaba haciendo la realidad misma. O la irrealidad. La irrealidad que se viene abajo dejando a la vista un campo de ruinas y una olimpiada de dignidad. Porque la realidad es, por ejemplo, la enfermera Teresa Romero, que cuidó a un semejante, enfermó del ébola, fue humillada, se curó y hoy se propone como metáfora opuesta a la del pequeño Nicolás y sus grandes falsos amigos. La realidad es también la PAH y las “mareas” y todos esos ciudadanos normales que no imitan al pequeño Nicolás (que imita a Rato o a Granados o a Esperanza Aguirre) sino a sus padres y madres, los cuales les enseñaron a no robar, no mentir y no abusar de los demás. Esta es la realidad que recoge Podemos, un proyecto que, más allá de la inteligencia indudable de sus portavoces, tiene el mérito -como dice Iñaki Gabilondo- de haber enmarcado la ira ciudadana contra el modelo económico y la corrupción “dentro de los márgenes de la democracia”.

Por eso mismo los peligros son enormes. Cuidado: la realidad se impone por su propio peso, que es muy liviano frente a las poderosísimas fuerzas que apoyan y alicatan la irrealidad. Podemos es la primera apuesta democrática que amenaza a la casta en 30 años (quizás en 70) y a veces da la impresión de que la aceleración histórica que estamos viviendo (con el crecimiento exponencial del partido de Pablo Iglesias en paralelo a una descomposición casi apocalíptica del bipartidismo) es una baza expresamente alimentada como tabla de salvación, como si la única manera de salvar los muebles fuese precipitar la destrucción. Probablemente es todo más mecánico y tiene que ver con las bolas de nieve de la entropía política. Pero no cabe pensar que (las advertencias del Barclays o de las eléctricas así lo indican) los fabricantes y protectores de la irrealidad, nacionales e internacionales, no vayan a recurrir a todos los medios a su alcance para impedir la reconstitución democrática de España. Lo harán y cuando digo todos los medios, digo todos, lo que incluye la calumnia, la manipulación, la presión económica y, llegado el caso, la violencia. Para afrontar esa ofensiva se necesita un triple sostén: el de un liderazgo democrático, inteligente y convincente, el de una militancia bien preparada y capaz de abandonar la mentalidad de minoría marginal y -sobre todo- el de las mayorías sociales, lo que sólo se conseguirá si se deja clara en cada momento, en cada gesto, en cada medida, la ruptura ética, política y cultural con el régimen del pequeño Nicolás. El tiempo corre a nuestro favor; el tiempo vuela en nuestra contra.

(*) Santiago Alba Rico es filósofo y columnista.
5 Comments
  1. tximeleta says

    Magnífico artículo, como siempre…

  2. Robinjud says

    Pocas campanas aún para tañir la defunción.
    El Pepe y la Pechoes, junticos, tienen mayoría, exigua, pero mayoría al fin y al cabo

  3. sisonte says

    ¿Como que no eran sus amigos si la hermana de Agag el yerno exmusulman de Rajoy estaba empadronado en la casa del enano mafioso y fascista?. Esta claro que el tal Nicolás es un ahijado de los Aznar.Agag, y todo lo del ayto. es responsablidad de la botella.

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