Alberto Garzón para un nuevo tiempo histórico

Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaEl pasado domingo Cayo Lara dio otra muestra de generosidad y honestidad anunciando que no disputará las primarias abiertas que celebrará IU en febrero. Como esos ciclistas que tiran durante un momento crítico del pelotón pero que en vez de pretender chupar foto cuando toca el relevo dejan que el pelotón adquiera los mejores relevos para que todos lleguen mejor y más rápido a meta. Nada que ver con quienes una vez colocados sacuden codazos con tal de permanecer mostrando el logo de su patrocinador concreto aunque ello lastre al pelotón.

Nos toca decidir quién queremos que tire del pelotón en este momento paradójico en que IU tiene ante sí una complicada cuesta arriba mientras el país está en condiciones de superar un pico e iniciar la cuesta abajo constituyente. Un momento fascinante en el que el país está en disposición de quebrar los cimientos del régimen de la Transición (régimen del que algunos hablábamos en esos términos ya en 2007) pero también un momento complicado para que Izquierda Unida forme parte protagonista del cambio constituyente. Todo ello gracias a los cambios profundos que ha habido en las perspectivas electorales para todos desde mayo (hace apenas seis meses) por lo que podemos tener claro que puede seguir habiendo grandes cambios y que es impredecible cómo llegaremos a las municipales, autonómicas y generales: seremos lo que hagamos, lo que pedaleemos.

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Suele criticar Anguita la existencia de dirigentes políticos que ni estudian ni leen. El caso de Alberto Garzón no es sólo el de alguien que estudia y lee. Es el de alguien que también explica, que hace pedagogía y que lo hace muy bien. Conocí en persona a Alberto Garzón en 2008. En el colectivo En Construcción organizamos un acto para explicar la crisis económica que empezaba. Y un compañero propuso que invitáramos a un chaval de las Juventudes Comunistas que tenía un blog sobre economía en el que se explicaba de maravilla. “Invitemos a Pijus Económicus”. Alberto vino y con sus 22 o 23 años explicó estupendamente en qué consistía la financiarización de la economía, por ejemplo. Lo más reciente no es una charla económica sino un libro, La Tercera República, en el que expone un proyecto nuevo de país, al que llamamos Tercera República: y lo explicaba de la mano del 15M, de Gramsci, de Rousseau… Sin ningún recoveco en el que esconder posición política pero explicando también la necesidad de formas de comunicación que generen hegemonía. Es evidente que además de su capacidad pedagógica en libros y charlas para convencidos, ha sabido trasladar la comunicación del cambio a formatos dirigidos a las capas populares menos politizadas, desde las redes sociales a las tertulias televisivas, algo imprescindible para generar una nueva hegemonía en torno al cambio político y social.

Pero Alberto Garzón no es sólo un hombre ilustrado de los que se han dedicado a interpretar el mundo olvidándose de transformarlo. Formó parte activa del 15M y dentro de Izquierda Unida no ha dudado en señalar y exigir contundencia cada vez que hemos tenido casos poco ejemplares o incluso incompatibles con el país que queremos construir. Sin coherencia no se puede ser más que un freno a la transformación del país, y Alberto Garzón ha demostrado la coherencia y la firmeza que hemos necesitado. Es, asimismo, alguien que ha defendido con rotundidad las líneas organizativas y políticas que IU ha teorizado desde hace tiempo: la crisis de régimen, la necesidad de un proceso constituyente y la urgencia de la constitución de un polo unitario que dé una alternativa radical a la decrepitud institucional vigente.

Excluyo su juventud de los motivos por los que Alberto Garzón es el mejor símbolo de la Izquierda Unida que afronta la transformación del país. Los padres de la Transición dibujaron aquel proyecto de país en clave generacional. Eso les sirvió al principio para aparentar un distanciamiento con la obra de sus mayores, pero también para mirar después con desprecio y desdén a quienes no hubieran protagonizado aquella obra: quienes queremos superar 40 años después la crisis de régimen no somos esos jóvenes iletrados que sólo merecemos tutela y desprecio o amable paternalismo. Esa ubicación generacional del conflicto es siempre un mero cliché que pretende desviar la mirada de la ruptura, que es política. ¿Existe acaso un conflicto político derivado de la edad entre las posiciones que están manteniendo hoy personas como Julio Anguita, Felipe Alcaraz, Manolo Monereo… y Alberto Garzón?

Lo que está en juego no es un relevo generacional sino una reubicación política tanto de IU como una reconfiguración de la alternativa constituyente que en 2015 sea capaz de llevar a La Moncloa el cambio como mínimo de llevar al Parlamento el jaque a las instituciones del 78.

Estas palabras de  Alexis Tsipras ilustran cómo toca conducirse en Izquierda Unida y desde Izquierda Unida para cambiar el país: “La lección más importante radica en que la izquierda no puede desplegar sus armas en la sola propuesta de cambio político del sistema, no. La izquierda tiene que basar su esperanza y su trabajo en la sublevación del pueblo. Los pueblos se levantan y luchan. Si en el futuro llegamos a tener un gobierno Syriza en Grecia, para poder trasladar el poder de los poderosos al pueblo ese proceso tiene que estar acompañado por la participación de las masas, a fin de revertir la situación. Un gobierno solo no lo puede hacer. También son necesarias nuevas instituciones democráticas. Nosotros no podemos cambiarnos de ropa y ponernos el traje del poder anterior. Ese traje no nos queda bien. Hay que crear entonces nuevas instituciones sociales y políticas para levantar a las fuerzas del pueblo, que en este momento están marginalizadas dentro del sistema y no tienen ni participación ni poder. Debemos trasladar ese poder a toda la gente.” Lo que vale para Syriza y para un gobierno griego, vale para IU, para un gobierno español y para Alberto Garzón en su relación con ambos.

Alberto Garzón debe dar el paso, debe ser el candidato a primarias en IU. Debe medir lo que representa, lo que defiende, con otras posiciones (que las hay en IU y no deben esconderse en este proceso de primarias) y que sea la gente de IU, sus afiliados y simpatizantes, quienes decidan qué IU toca para este momento histórico de IU y del país.

Obviamente, Alberto Garzón será mi candidato para cambiar junto con otros IU, el país y Europa.

(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida y autor del blog Quien mucho abarca.