Daños colaterales

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Imagen panorámca tomada el pasado lunes de la "boina" de contaminación que cubre Madrid. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)
Imagen panorámca tomada el pasado lunes de la "boina" de contaminación que cubre Madrid. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

El pasado lunes un hombre de 78 años discutió acaloradamente con otro individuo, que le golpeó la cara, en una calle de Madrid. El anciano se marchó a su casa, regresó con una escopeta de caza y disparó a su agresor. Hirió de gravedad a un señor, al que no conocía de nada y que nada tenía que ver con la bronca, que estaba sentado en un restaurante.

La vida es un daño colateral. Lo es desde el primer momento, desde el comienzo del proceso de gestación. Somos víctimas de nuestro entorno, de las circunstancias, de ese disparo a quemarropa que le revienta las tripas a un inocente. Cuando sales del pueblo, boina en ristre, con destino a Madrid, por poner un ejemplo, debes asumir que una nube de polución intentará destrozarte la vida: según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación mata a siete millones de personas al año. La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) ha calculado que la contaminación ocasiona unas 400.000 muertes prematuras anuales en la Unión Europea. En España, la contaminación acaba cada año con la vida de 27.000 personas, y provoca enfermedades tan graves como cáncer de pulmón.

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La contaminación es un daño colateral de los motores diesel, de la ineficacia política, de la ausencia de lluvia. De Ana Botella. Pero cuidado porque los estropicios adyacentes de los daños colaterales son inescrutables: el autobús de donaciones de sangre de Cruz Roja que permanece habitualmente aparcado en la madrileña Puerta del Sol, y que consigue una media de 1.300 donantes mensuales, ha sido desalojado por el ayuntamiento al carecer de permiso municipal. ¿La razón? Su motor diesel, que debía permanecer en marcha toda la jornada, es un peligroso emisor de óxidos de nitrógeno.

Y hablando de armas de fuego, muertos y daños colaterales… El terrorismo ha vuelto a convertirse en el epicentro de nuestras vidas. Y ya sabe usted cuál es una de las principales consecuencias adyacentes de esta situación. Primera víctima del terror: la libertad. "Reino Unido valora prohibir WhatsApp tras los atentados de París; España guarda silencio", se puede leer en este periódico. Si queremos vivir con seguridad, insisten, debemos sacrificar una parte de nuestra libertad. ¿Una paradoja? No, un daño colateral. Menos derechos fundamentales. Más control en la información, limitar las comunicaciones y, sobre todo, mantener vivo el miedo, ese recurso que las democracias de medio pelo guardan en la manga para no perder el control, para no ceder el poder.

4 Comments
  1. Mecacholo says

    Lo del autobús de la Cruz Roja no me da ninguna pena: hay que donar en los hospitales para evitar que la Cruz Roja comercie con nuestra sangre.

  2. Neo says

    Buah eso no es nada … en la Marbiella pepera ponen a circular un trailer de 12 metros con publicidad institucional de Medio Ambiente … 😉

    Siempre me pregunté si la gallina que llevaba Paco Martínez Soria bajo el brazo cuando iba a la capital era para hacer puchero o la única posesión que tenía … ahora comprendo que la usaba al estilo minero para comprobar el grado de envenenamiento del aire.

  3. CHATA says

    Meca, cómo que… ?

  4. ARKAITZ says

    BASTA YAA DE CONTAMINAR EL MEDIO AMBIENTE A LO NEOLIBERAL PEPERO NAZI DEL OPUS DEI

    HAY QUE APOSTAR A NIVEL GLOBAL POR ENERGIAS MAS LIMPIAS SOSTENIBLES IGUALITARIAS EJ. COCHE ELECTRICO Y FOMENTAR QUE EL TRANSPORTE PUBLICO SERA BARATO Y ACESSIBLE A TOD@S L@S CIUDADAN@S YES WE CAN PLEASE 2015

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