La urgencia de un nuevo modelo energético

45

Juantxo López de Uralde *

López de Uralde TribunaComo suele ocurrir con los “Días Mundiales”, el de la Energía es una buena excusa para hablar de la necesidad de un nuevo modelo energético. La forma en la que una sociedad consume energía para sus actividades, determina en gran medida su propia estructura.  Y a día de hoy en España, el modelo energético está basado fundamentalmente en la quema de combustibles fósiles, y controlado por un número pequeño de empresas, que conforman un verdadero oligopolio energético. El cambio no sólo es posible, sino que es urgente.

Aunque haya quien se empeñe en hacerlo puramente técnico,  el debate energético es fundamentalmente político: un modelo basado en las fuentes de energía renovables es mucho más diversificado y descentralizado que el actual sistema de grandes centrales de producción.  Además, es más intensivo en la generación de empleo. Sin embargo, se enfrenta al tradicional modelo oligopólico en el que unos pocos producen y controlan la energía, que luego comercializan; lo que supone dos modelos a medio plazo incompatibles.

Publicidad

Además, la producción de energía incide en nuestra balanza de pagos, debido a la alta dependencia de los combustibles fósiles que importamos y su alto coste. Sólo un cambio en nuestro sistema energético puede garantizar una salida sólida de la actual crisis en la que estamos inmersos.

Aunque a día de hoy los precios del petróleo son bajos, se trata de una situación circunstancial. A largo plazo la enorme dependencia energética de España tiene un peso insostenible sobre nuestra economía; y a pesar de que somos ricos en sol y en viento, las energías renovables sufren de un grave abandono en España.

En 2007 se publicó por vez primera en España un escenario de generación eléctrica 100% basado en energías renovables. Por vez primera, las fuentes de energía limpia dejaban de ser un elemento marginal en la producción energética, y por fin había una demostración teórica de que podía cubrir toda la demanda eléctrica, y la mayor parte de la energética. Después de un período de florecimiento de las renovables en España, las medidas que han ido tomado los distintos gobiernos del PSOE y del PP las han dejado dañadas de muerte. El acoso y derribo contra las energías solar y eólica ha tenido graves consecuencias para el empleo en nuestro país: decenas de miles de puestos de trabajo se han perdido y lo que es peor, se ha derrumbado un sector industrial en el que nuestro país estaba a la cabeza mundial.

Ahora los intereses de las empresas energéticas impulsan de nuevo los combustibles fósiles, sin tener en cuenta que estamos en un escenario alarmante de cambio climático, causado en gran parte por las emisiones derivadas de la quema de esos mismos combustibles. La búsqueda de petróleo en el Mediterráneo, o el reciente fracaso de las prospecciones en Canarias son una muestra de esa nueve fiebre detrás del oro negro.

La otra modalidad de extracción que cuenta con todo el apoyo político del actual gobierno es el fracking o fractura hidráulica, una técnica para extraer gas natural de yacimientos no convencionales, muy cuestionada por su alto consumo de agua y sus grandes impactos ambientales.

La tercera pata de la insostenible política energética actual es el alargamiento de la vida de las centrales nucleares. El alto coste de la construcción de centrales nucleares, y su dudosa viabilidad, hacen impensable en la actualidad la construcción de nuevas centrales. Sin embargo, el Gobierno ha optado por alargar la vida de las nucleares existentes, como en el caso de Garoña. Esta decisión es muy polémica, ya que antepone los intereses económicos de los propietarios de las centrales nucleares, a la seguridad y el medio ambiente.

Insistimos, solamente con un cambio de modelo energético podremos cambiar el modelo económico. Las empresas eléctricas son el mayor lobby de interés empresarial en nuestro país, y en tanto en cuanto sigan manteniendo ese estatus será imposible impulsar el cambio. Poco parecen importarles las miles de personas que sufren pobreza energética, sin poner la calefacción, calentar la comida o tener luz.

Pero en  medio de este negro panorama hay un rayo de luz: el autoconsumo. Y precisamente por ello el Gobierno está empeñado en frenarlo a través de un impuesto que lo haga inviable. El autoconsumo impulsa que serían los consumidores los que produjeran su propia energía, conectándose a la red cuando lo necesitasen y abonando únicamente esa parte.

En definitiva, alcanzada la madurez de las energías renovables el debate energético ha dejado de ser técnico para ser político; a pesar de que el ministro Soria se escude detrás de ese lenguaje técnico cada vez que se le pregunta porqué vuelve a subir el recibo de la luz. La clave es ¿qué modelo es el mejor para la gente? Y parece que la respuesta no le gusta ni al Gobierno, ni a sus amigas las eléctricas.

(*) Juantxo López de Uralde es coportavoz de Equo.