Que no tengamos que cantarnos 'Cuervo ingenuo'

Pablo Padilla *

Pablo_Padilla_nuevaHace unas semanas, en el acto de Podemos en Valencia, donde se congregaron más de 9.000 personas, Pablo Iglesias cogía la palabra y entusiasmaba al auditorio que se había acercado a escuchar a quienes han venido a cambiar la vida política de este país. La gran mayoría de los medios de comunicación se hicieron eco de Nerea, una niña que entregó una carta a Iglesias, agradeciéndole que hubiera devuelto la ilusión a sus padres.

Poca tinta se empleó en explicar otro hecho que, si bien menos enternecedor, resulta igual de relevante a la hora de entender lo que está suscitando la irrupción de Podemos en el panorama político. Un hombre, de unos 50 años, sacó a relucir una pancarta que rezaba “Señor Iglesias, no nos haga cantarle el Cuervo ingenuo. Es una frase que sin duda expresa los sentimientos y temores de muchos de los que ven con buenos ojos o cierta simpatía a Podemos.

Escucho esta alusión a la canción, que le dedicaron Javier Krahe y Joaquín Sabina a Felipe González en el 93, más a menudo de lo que cabría esperar al referirnos a una formación que, además de los 5 eurodiputados que están realizando un formidable trabajo, aún no ha ocupado ningún otro puesto público.

Algunos lo dicen porque están deseando que ocurra. El cínico, al que le molesta que otros den con las teclas que dan forma a ese magma social que es incapaz de entender; el que está en su espacio de confort y no quiere que nadie venga a sacudir su comodidad; el “disidente genético” que describe Santiago Alba Rico e incluso el que teme por sus privilegios y su impunidad, que se cuestionan cuando se hace patente el sufrimiento y la desigualdad que se está generando.

Pero no nos engañemos, lo oímos más veces de las que cabría esperar al referirnos a una formación de apenas un año de vida. Lo oímos muchas veces, pero es que no son pocos a los que les resuena esta canción cada vez que ven las consecuencias de las políticas que aprobó el que se sienta hoy en el Consejo de Administración de aquellas mismas empresas que privatizó. Gente decente que no quiere volver a verse embelesada por retórica semivacía -sería absurdo negar el papel que jugó el PSOE en la ampliación de derechos para las mayorías-. Gente que no se merece volver a ser decepcionada y traicionada.

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Pero no sólo se trata de ellas y de ellos. Se trata de algo mucho más grande. Se tratan de los próximos 40 años de nuestro país. Se trata de la vejez de mi madre y de la posibilidad de que mi generación pueda tener hijos. Estamos hablando de las ilusiones de miles de personas que, ya sea con enfervorecido apoyo o con la apatía de quien ya no sabe qué más hacer, están depositando sus esperanzas en este proyecto de cambio. Se trata de las horas robadas al sueño, del aprendizaje colectivo, de aguantar tantos ataques y calumnias… Se trata de nuestras ciudades y nuestros barrios, de nuestra gente.

Habrá tentaciones: maletines, la tranquilidad de tirar la toalla o las comodidades que pueden otorgar un puesto político o codearse con las élites. También corremos el riesgo de pensar que “ya está todo hecho”, de sufrir un repliegue identitario o de no seguir innovando en apertura o participación. Ninguna de éstas es opción. Tampoco lo es la tentación de hacer la vista gorda con nuestras equivocaciones. No estamos creando herramientas para la transformación social (véase Podemos, Ganemos Madrid o Barcelona en comú) para repetir errores del pasado o para dar cobertura al gatopardismo del siglo XXI.

Por favor, que no nos tengamos que cantar el “Cuervo ingenuo”. Que tengamos siempre en la cabeza que esto no se trata de algo individual, ni de nuestros 15 minutos de fama, ni del puesto que podamos agarrar, ni de un simple cambio de caras o estilos. Estamos desplegando, cada cual desde su posición, la revolución democrática que llevamos gestando años. No cabe duda de que nos equivocaremos, pero que no sea en ningún caso por olvidar el objetivo de esta aventura: más democracia a todos los niveles de nuestra vida.

(*) Pablo Padilla es miembro del Consejo Ciudadano de Podemos en la Comunidad de Madrid.