Esa idea radical de que las mujeres también son personas

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Pablo Padilla *

Pablo_Padilla_nueva8 de marzo. Día Internacional de la Mujer trabajadora. Esta semana, y en concreto este día, se llena de actos, charlas, debates, carteles, iniciativas institucionales, acciones, artículos (como este) manifestaciones, performances, promociones y tertulias que giran en torno a las mujeres.

Y eso es bueno. Por supuesto que campañas que objetualizan el cuerpo de la mujer, que ligan el éxito de la mujer a la maternidad o que aprovechan esta fecha para simplemente aumentar las ventas no lo son. Pero para qué engañarnos, que en un mundo pensado por y para hombres, las mujeres estén, por una vez, en el centro, es positivo. Que se hable de la desigualdad que sufren las mujeres, del camino recorrido, de los avances conseguidos y que se recuerde a quienes lucharon para lograrlo, es bueno y además justo. Que no se nos olvide que hace menos de 40 años que una mujer puede abrir una cuenta corriente, montar una empresa o salir del país sin consentimiento de un varón.

Sin embargo, que estos días se nos llene la boca de promesas, consignas políticamente correctas o falsas intenciones tiene poca incidencia en nuestra realidad. Lo que verdaderamente tiene impacto son el sinfín de iniciativas que, no sólo hoy sino durante el resto del año, se articulan y trabajan por conseguir una sociedad más igualitaria, es decir, una sociedad más democrática.

Son muchas y un recuento exhaustivo nos llevaría una tesis doctoral -en permanente construcción-, pero hay algunas que por su cercanía, su relevancia o su poder transformador, al menos en mi día a día, deben ser mencionadas. Me refiero a proyectos como “Micromachismos”, brillante iniciativa lanzada hace un año por Ana Requena que recoge testimonios sobre la violencia cotidiana sobre las mujeres; las acciones de visibilización de la violencia machista que realizan varios colectivos en sus barrios el día 25 de cada mes; la atrevida apuesta de visibilizar a las mujeres en la hipermasculinizada escena musical del rap o la autoproducción de otros proyectos musicales feministas (ej. La Otra y Fisura Producciones); el trabajo cotidiano que realizan decenas de colectivos feministas o la incorporación, con mayor o menor intensidad, del feminismo y la igualdad como ejes principales y requisitos indispensables en las nuevas herramientas políticas que están desarrollándose en todas las escalas territoriales de nuestro país.

Como es evidente, las mujeres ya hacen mucho. Va siendo hora de que los hombres, que nos decimos feministas o que trabajamos por una sociedad más justa, nos incorporemos a esta tarea por muy ingrato, en términos de reconocimiento social, que pueda resultar en ocasiones.

Seguramente eso pase por formar colectivos de hombres donde repensar nuestra masculinidad, por dar un paso atrás, por aprovechar nuestro espacio en la esfera pública para impregnarlo de feminismo, por romper ese “pacto no escrito entre caballeros”; en definitiva, cuestionar nuestros privilegios y no hacer uso de ellos. Este propósito no puede limitarse a un día al año aunque sea más sencillo hacer oídos sordos y desviar la mirada. No va a pasarnos nada por cerrar la piernas en el metro, por mirar a la persona que nos está hablando, por no acaparar el espacio público generando incomodidad y miedo, por no dar por sentado que los quehaceres domésticos les corresponden a ellas, por no reírle las gracias al machista de turno o por no ser quienes las hagamos...

No se trata de simples gestos de cara a la galería, se trata del espacio (el barrio, la ciudad, el aula, el puesto de trabajo, la casa…) que construimos y en el que queremos vivir. Se trata de nuestras amigas, madres, hermanas, compañeras de trabajo, vecinas o cualquier desconocida.

No podemos limitarnos al, ya clásico, ¡feliz día! cuando llega el 8 de marzo, tengamos siempre presente, en palabras de Ángela Davis, esa idea radical de que las mujeres también son personas.

(*) Pablo Padilla es consejero ciudadano de Podemos y miembro de Juventud SIN Futuro y Oficina Precaria.
1 Comment
  1. celine says

    No sólo son personas, también moneda de cambio en periodo de elecciones; que a todos se les llena la boca para ver si se pillan votos de mujeres. Pero, ya se sabe, «obras son amores y no buenas razones».

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