El programa de Ciudadanos: más de lo mismo

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Alejandro InurrietaEl fulgurante ascenso de Ciudadanos en las encuestas, y en las recientes elecciones andaluzas, nada tiene que ver con la publicación en fascículos de sus propuestas económicas. El mérito de atraer a la primera fila a un prestigioso economista como Luis Garicano, deber ser frustrante al observar cómo la gran mayoría de posibles votantes apenas se deja influir por sus consignas.

Esta sociedad líquida nos lleva a estas paradojas. Nos quejamos de la poca capacidad y mediocridad de nuestros dirigentes, pero luego somos incapaces de al menos leer y analizar los programas electorales de cada formación política. La razón está clara, los programas electorales o las consignas previas son un mero trámite que los partidos utilizan para llenar espacios televisivos sabiendo que nunca se cumplirán, bajo el mantra recurrente de la herencia recibida. Además, los que están lejos del funcionamiento de la maquinaria administrativa del estado, como le pasa a Garicano, creen de forma ingenua que podrán llevar a cabo el programa con el que concurrieron a las elecciones generales.

La primera frase que escuché a un director general nombrado por el PSOE en 2004 fue que el programa electoral era una basura y que él no tenía por qué cumplirlo, ni implementarlo. Algo parecido le pasará a Garicano si logra llegar al poder económico del país.

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Para poder analizar un programa económico de cualquier partido conviene tomar distancia sobre cómo se toman las grandes decisiones económicas en España. En primer lugar, hay que tener en cuenta el papel esencial que juegan los grandes lobbys económicos. Aquí conviene destacar a las grandes constructoras, el sector financiero o las eléctricas. Estos tres conglomerados son los grandes responsables de, probablemente, los grandes problemas económicos. Por un lado, una coalición entre poder político y constructor y financiero para cebar una burbuja inmobiliaria que ha dejado un reguero de cadáveres que jamás lograremos redimir. Y por otro, un oligopolio eléctrico que frena la entrada de nuevos actores más limpios y que mantiene unos precios que hunden a las empresas y familias.

Este capitalismo rancio basado en el poder discrecional del BOE y la impunidad con que actúan los oligopolios en España casa muy mal con unas supuestas recetas de regeneración democrática y especialmente económica, con las que pretende aterrizar el catedrático de la London School of Economics (LSE). Analizando sus propuestas, parece que sigue el mantra que nos acompaña en esta fase, la supuesta pérdida de competitividad de la economía española. Aquí es donde se gesta el principal error de diagnóstico de las aproximaciones neoclásicas al episodio en el que estamos. Estas aproximaciones beben de esta supuesta pérdida de competitividad, no demostrada en España a la luz de la evolución de las exportaciones en esa fase, para proponer reducciones de precios relativos, fundamentalmente salarios, y así consagrar el milagro. Si una gran parte de la población gana menos, seremos más competitivos, y una vez restituida esta competitividad, por arte de magia lograremos incrementar nuestras rentas. Todo esto en un mundo estático, ya que la competitividad parece que se recupera, o no, y vuelve al estado estacionario, sin que estemos ya amenazados por nuevas reducciones salariales en cualquier zona del planeta.

Por tanto, el primer error de concepto, a mi entender, es que Ciudadanos parte de un diagnóstico erróneo: el problema actual no es de competitividad, sino de endeudamiento. Aquí, Garicano apenas dedica espacio a proponer qué hacer con el volumen de endeudamiento, especialmente privado, y cuál es la salida a un posible impago de una parte del mismo. No hay que olvidar que la coalición constructoras-bancos no quiere hablar de quitas para los afectados por el exceso de endeudamiento, aunque sí para las empresas de la coalición como FCC. Las teorías de Richard Koo son claras. Reducir el gasto y la inversión pública en presencia de recesión de balances es sinónimo de estancamiento secular, como le pasó a Japón hace unos años. En este punto, sorprende la propuesta de paralizar, luego matizada, las inversiones del AVE, máxime cuando lo que falta precisamente es terminar con un problema endémico: las infraestructuras del Cantábrico, especialmente las comunicaciones del País Vasco y Galicia. Si algo cohesiona y vertebra un país son las infraestructuras, especialmente las ferroviarias. Es cierto que se echa en falta más ambición en el tráfico de mercancías, pero la posibilidad de unir España con Portugal y la UE mediante un ferrocarril de alto alcance y capacidad, teniendo en cuenta que ahora entra en vigor la primera fase del AVE en Marruecos, es sin duda un elemento esencial de competitividad.

La palanca que supone la tecnología del AVE, las empresas auxiliares alrededor y la capacidad exportadora de gran parte del Know How deberían ser objeto de cuidado y potenciación, por lo que no se entiende muy bien la entrada algo desafortunada en esta materia. Curiosamente, sería más barato desmantelar aeropuertos que vertebran menos que el ferrocarril, y apostar por mejorar las líneas interregionales, eso sí eliminando el carácter radial de la red de ferrocarril apostando por la malla.

En materia fiscal, no hay grandes novedades, pues beben de las mismas fuentes. Proponen reducciones de impuestos, aunque en el caso del IVA sorprende la idea de dos tipos, del 10% y del 16%, eliminando el tipo superreducido, lo que ahondaría en el carácter regresivo de dicho impuesto. También son amigos del tipo único en renta, y de eliminar prácticamente todas las deducciones. Una cierta ocurrencia es que pudieran desgravar las facturas de pequeña cuantía para así aflorar el dinero negro. De nuevo, la inexperiencia y no saber calcular el coste de fiscalización de dicha medida, la hace prácticamente inviable, además de tener un impacto dudoso en el afloramiento del dinero negro.

Siguiendo en el campo fiscal, son partidarios de reactivar el gasto público, aunque sin concretar en qué, más allá de prometer no hacer más aeropuertos vacíos, lugar común en el que prácticamente están todos, aunque luego en el Gobierno se dejan tentar por los lobbys locales, como el caso de Castellón.

Las propuestas sobre vivienda, fundamentalmente rehabilitación y eficiencia energética, es lo mismo que prometen la mayoría de partidos políticos, pero que chocan con la realidad del país. Los edificios más viejos están habitados por personas de rentas bajas, de edad avanzada que no pueden sufragar los costes de la rehabilitación. Un ejemplo es el grave problema en Madrid con la revocación de subvenciones cuando ya habían comprometido el gasto los vecinos.

Las pinceladas sobre la cotización de autónomos podrían sonar bien, pero también han sido propuestas que ya se han hecho y nunca se cumplieron. El latiguillo con el contrato único como panacea para evitar la precariedad y la reducción de salarios imperante se ha demostrado inviable en el caso español. Sí que abrazan parte de la reforma laboral en lo referente al desmantelamiento de la negociación colectiva, llevándola al paroxismo de la negociación individual en las empresas, algo muy británico, tras el vendaval de Thatcher.

En materia energética parecen ser partidarios de la energía nuclear, y sí participan de una planificación ordenada, pero no se mojan apenas sobre cómo desmantelar el oligopolio actual, que ha llevado a una inflación y unos sobrecostes que permiten sobrevivir a las eléctricas a costa de los ciudadanos y las empresas.

Tal vez lo más interesante sea su apuesta por la ciencia, investigación y transferencia de tecnología, algo que choca contra un país desmembrado y roto en este campo, y donde una grandísima parte de la población tiene una baja formación. Por ello, la solución de los cheques formación demuestra un cierto desconocimiento de la realidad de la formación continua en este país. Tal vez les convendría profundizar en conocer mejor cómo y por qué no funciona la formación continua. En ningún caso, se soluciona con 1.200 euros por parado. Nada dicen sobre el grave problema demográfico, horarios de trabajo, natalidad o inactividad creciente del mercado laboral.

En suma, el programa económico de Ciudadanos está sacado de muchas fuentes, a derecha e izquierda del espectro, poco original, sujeto a vaivenes y desmentidos y poco ambicioso para entender los verdaderos problemas económicos en España. Han aprovechado el tirón del líder, la inestimable ayuda de medios, especialmente Prisa, para que sirvan de refugio de muchos votos que podrían ir a Podemos. El diagnóstico se me hace erróneo y las soluciones dejan entrever un cierto elitismo en muchas de ellas. El mismo elitismo que subyace en su propuesta más criticable; negar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles. Ahí sí se han retratado desde un punto de vista social y humanitario.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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