Caviar y mierda

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'El Bigotes' durante su intervención en el programa de Telecinco 'Un tiempo nuevo'. / Captura de YouTube
'El Bigotes' durante su intervención en el programa de Telecinco 'Un tiempo nuevo'. / telecinco.es

De cuando en cuando, muy de cuando en cuando, la televisión te regala momentos de enorme placer. De esos que no se pagan con nada, que te despiertan una sonrisa, te devuelven la fe en el ser humano y justifican décadas de telebasura. Uno de estos momentos de gloria tuvo lugar la noche del sábado, cuando en Telecinco, cadena consagrada a lo peor del alma humana, entrevistaron a Álvaro Pérez, más conocido en círculos políticos y empresariales como El Bigotes.

No esperaba nada, tengo que reconocerlo. Ni de Telecinco, ni de El Bigotes, ni de los periodistas que hicieron el juego a los anteriores fingiendo acorralar al segundo. Pero entonces, el expresidiario Gürtel se puso a hablar y, lo reconozco, me alegró la noche. Su narración resultó muy profesional, con un crescendo cinematográfico: primero contó cómo regalaba relojes de lujo a la mujer de Camps, su amiguito del alma, del que terminó diciendo que como amigo era un “mierda”. Y contó cómo era uña y carne con Agag, el yerno de Aznar, al que calificó de “traidor”. Y contó cómo le pedía caviar Ricardo Costa, entonces secretario general del partido en la Comunidad Valenciana, del que dijo hablaba con un chicle en la boca. Finalmente este amigo de sus amigos reconoció que todos sus esfuerzos por pertenecer a la élite, por acaparar lujo e influencias, por calzarse pulseritas con la bandera de España y llevar puños de las camisas sin gemelos, acabaron en un charco de mierda, orines y compresas. Una historia de ambición, depredación y derrota que no tiene desperdicio...

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El bueno del juez Garzón mandó al Bigotes a la celda más cutre de Madrid. “Fue una canallada”, aseguró el recluso con cara de odio. ¡Pobre hombre, verse en semejantes circunstancias con sus mostachos engominados, sus ropas de marca y sus amistades de alta cuna! Contaba el empresario venido a menos que en chirona los policías le negaron una aspirina, y le dieron unas mantas mugrientas, “de esas de la mili”, manchadas con “líquidos humanos”. ¡Serán desconsiderados e insolentes los maderos! Y dijo que tuvo que coger dos colchones “de espuma y así de finos”, manchados con “las mismas porquerías”. Lástima de Bigotes, acostumbrado a los hoteles más exclusivos, los edredones de plumas de cuello de ganso siberiano y los colchones de agua y latex. También dijo que, maldita mala pata, se le atascó el retrete de la celda, y se le llenó el suelo de mierda, meado “y compresas”.

¿Quién dijo que Telecinco era una cadena aburrida, que solo emitía telebasura? No había disfrutado tanto con un programa de televisión en años. ¿Se imagina usted al pobre Bigotes, mirada mohina y bozo alicaído, con sus mocasines de piel de becerro engrasada sumergidos en un pestilente cóctel de heces, orines y compresas? Pues eso.

Cómodo en el plató de "Un tiempo nuevo", ducho ante cámaras y periodistas, malhablado en su discurso y amenazador en sus modales, el Bigotes resume todo el descaro, la soberbia, el engreimiento y la arrogancia de los modernos bandoleros. Un delincuente de nuestro tiempo, de derechas, de gomina y corbata, de buenos contactos y amiguitos del alma, de los que consideran al resto de ciudadanos seres inferiores. “Los vampiros del PP nos han chupado la sangre”, dijo sin ruborizarse, tratando a los telespectadores como crédulos idiotas sin criterio. Pero para entonces ya nada podía quitarme la sonrisa de la cara, esa sonrisa que me producía imaginar los bajos de sus pantalones Gucci, y sus medias ejecutivas Tommy Hilfiger, empapados de mierda y meados. Junto con el caviar, los elementos básicos de su verdadero hábitat.

telecinco.es
4 Comments
  1. qq says

    Post grandioso, Jefe.

    El Bigotes. Esta es la auténtica marca España. La marca PP. Mierda por todos los lados. Eso sí, de marca. Marca PP, marca España, claro.

  2. Mecacholo says

    Sí que da satisfacciones la tele, sí…

  3. Josu says

    Viven en un castillo engominado, lleno de amiguitos del alma, pero cuando rascas el oro para ver si es de ley, la podredumbre emerge inundándolo todo. El Bigotes, ahora Barbas, navegando en la pestilencia de su celda debería haber sido consciente de que su situación no había cambiado, solo que antes la mierda estaba trajeada y perfumada y ahora se le presentaba desnuda, al natural… Qué ocasión ha perdido de encontrarse a sí mismo!

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