Buena prensa, pero con Rajoy

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Antonio Hernández de Mancha, en una imagen de octubre de 2014. / captura de vídeo de 13TV

Acabamos de celebrar el Día Internacional de la Libertad de Prensa. En los grandes periódicos lo han hecho con una fotografía vintage, niño repartidor con gorra y diarios de papel colgados del cuello, acompañada de una frase de Albert Camus: “Una buena prensa puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”, escribió el periodista y filósofo francés nacido en Argelia.

Para confirmar que las palabras del autor de El extranjero son sagradas, el ministro de Justicia Rafaél Catalá se quitó la careta de demócrata y propuso multar a los medios de comunicación que revelasen sumarios o publicasen filtraciones. Catalá se desdijo poco después, cuando ya había dejado la idea flotando en el viento. ¿Es necesario instalar de nuevo la censura en España? Una Ley de Seguridad Ciudadana de la Información, para que usted me entienda. No lo creo...

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La censura solo es necesaria cuando los grandes medios no tienen claro quién manda. El diario progresista y global El País abrió su portada del miércoles sacudiendo, como de costumbre, al partido de Pablo Iglesias: “Podemos ofrece un programa vago que borra los radicalismos”. Un titular brillante que dice mucho de la coherencia del director del diario, un Antonio Caño que asegura que “Este país lo primero que necesita es información, tenemos un exceso de opinión”.

¿Información? ¿Opinión? ¿Libertad? Ha tenido que resucitar Hernández Mancha, ex presidente de Alianza Popular y leyenda de la derecha antediluviana, para poner a Prisa en su sitio desde, no se lo pierda, los mismísimos micrófonos de la Cadena SER: “"Yo sé que en España, y fuera de España, el Grupo Prisa es una columna vertebral no solamente de nuestro periodismo sino también de nuestra cultura, y lamento las dificultades por las que atraviesa. Y ustedes, que tienen que velar también por la continuidad de una institución valiosa para todos los españoles, deben saber que eso vendrá garantizado si gana Rajoy. Y si pierde es posible que no esté tan garantizado”, dijo a Pepa Bueno para cerrar una entrevista. ¿Está claro? ¿Lo pillas, Pepa? Hernández Mancha lanza una advertencia de carácter mafioso. Se pasa la libertad de expresión, la información y el exceso de opinión, e incluso a todo un Albert Camus, por la caja b de su entrepierna. Y ahora, señorita, siga preguntándome por la corrupción, los sobresueldos y demás zarandajas de mi glorioso partido.

“No quiero que se hagan averiguaciones. No quiero actos de venganza. Esta guerra se termina ahora”, podría muy bien haber dicho Hernández Mancha en la SER, imitando la voz de Don Corleone. Pepa Bueno le tendría que haber contestado entonces con una frase de Peter Clemenza, buen amigo de Don Vito: “El negociador está en mi casa jugando a los naipes con mis hombres, está contento. Lo dejan ganar”. ¿Mafia? No, solo política y poder, los motores de un país, España, que acaba de conceder el premio Princesa de Asturias de las Artes a Francis Ford Coppola, director de “El Padrino”.