TVE, donde se paga por nada

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Ernesto Sáenz de Buruaga en el plató de 'Así de claro'. / rtve.es

En TVE los directivos aún no han comenzado a recoger sus cosas, esas cajas de cartón con carpetas y fotografías que vemos en las películas, pero ya se están repartiendo los bolis, las grapadoras y los paquetes de folios. Les quedan cuatro días en el chiringuito, y lo saben. José Antonio Sánchez, actual director de RTVE, se ha convertido en un perdedor de manual: la empresa que dirige no solo ha perdido audiencia y credibilidad, sino que el poco dinero que tiene lo malgasta en proyectos suicidas de amigotes fracasados. Ahí tiene a Ernesto Sáenz de Buruaga, en la calle después de solo tres programas. En semejantes circunstancias no es de extrañar que Sánchez pierda la cabeza y cuente ante la comisión mixta de control parlamentario una exclusiva que es vox populi: “Voto al PP y seguiré votando al PP”.

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Toda la ineptitud, el descaro y la sinvergonzonería del equipo que dirige actualmente TVE se resumen analizando 'Así de claro', el programa debate que presentó Buruaga. Se estrenó el 25 de mayo. Era malo de solemnidad, un ejemplo de televisión de partido, de vulgar propaganda, por lo que recibió duras críticas (tendencioso, burdo, soporífero...) y registró pésimas audiencias (6,5%, 5,7% y 5,1% en sus tres emisiones). No alcanzó la audiencia mínima, 10%, exigida por contrato entre TVE y la productora Pulso/Secuoya. Y fue cancelado el nueve de junio: “de común acuerdo con la productora y por la cláusula que firmamos hemos decidido ponerle fin”. ¿Fin de punto final, de se acabó, de adiós y muchas gracias? No, no, para nada… Esto es TVE, la televisión pública, la de todos los españoles.

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Tras el tercer programa, 'Así de claro' desapareció de la programación de TVE. Pero no de la cuenta de gastos de TVE. La televisión pública española seguirá pagando por la producción de diez programas más. Diez programas invisibles e intangibles, pero que al parecer siguen generando costes de producción: así lo dice el contrato entre la televisión pública y la productora privada, firmado por “un mínimo de 13 programas”. ¿Hablamos de mucho dinero? ¿De cifras concretas? Los directivos de TVE, esos que ya están buscando curro, no aclaran cuáles son los gastos de producción de un programa que ya no existe. Misterios de las mamandurrias audiovisuales.

Lo que sí sabemos es que cada uno de los tres programas emitidos le ha costado a TVE 66.000 euros. Un chollo si usted recuerda que ofrecieron al telespectador la oportunidad de escuchar las opiniones de intelectuales tan lúcidos y brillantes como Francisco Marhuenda, Ángel Expósito, Sánchez Dragó o Alfonso Rojo. Una estafa si analiza la audiencia: esas opiniones no le importaban un pimiento al ciudadano, que no olvidemos es quien paga la fiesta. Una fiesta de amigotes, en la que el contribuyente ejerce de vulgar pagafantas: TVE dinamitó el mercado de opinadores pagando a cada uno de ellos 500 euros por velada, una cifra desorbitada, absolutamente fuera de mercado, soltasen los exabruptos que soltasen. Una fiesta que ha distorsionado las relaciones del Ente con las productoras externas: pagar por nada es una novedad en el negocio televisivo.

P.D.

No se ha cerrado la herida de 'Así de claro', ejemplo perfecto de programa diseñado para hacer publicidad del Gobierno y dar de comer a los tertulianos de su cuerda, y TVE anuncia un nuevo esperpento para su parrilla: regresa, una vez más, Sánchez Dragó. El eyaculador interior más famoso de España, aficionado confeso a acostarse con menores, estará al frente de 'Libros con wasabi', un programa de literatura que la televisión pública comenzará a emitir en octubre. Y es que una cosa es la pederastia y otra muy diferente escribir tuits... Esperemos que tenga mejor suerte con las audiencias que José Luis Moreno y Buruaga, los otros cracks viejunos recuperados por Sánchez y su equipo.

2 Comments
  1. Mecacholo says

    Esto es de traca.

  2. qq says

    Esto es una auténtica vergüenza indigna de un país democrático medianamente avanzado. Una chapuza más a sumar a la montaña de irregularidades que acumula esta democracia ficticia, donde todo vale y el control presupuestario, la transparencia y equidad en la gestión y la rendición de cuentas son utopías irracionales.

    Nos dedicamos a crucificar a concejales por tuits publicados hace cuatro años, vertiendo comentarios que ni siquiera son suyos, y a nadie se le mueve un pelo (ni, por supuesto, se habla de dimisiones) ante tropelías como esta, que suponen una estafa y un robo manifiesto del dinero de todos. Es realmente penoso.

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