CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 16/5/2017 01:21

Miguel Sánchez-Ostiz *

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Imagen de una de las páginas del original de Pío Baroja ‘Los caprichos de la suerte’. / Miguel Sánchez-Ostiz

Este no es el título anunciado para el «último inédito» de Pío Baroja, pero es el que en algún momento tuvo (Véase Guía de Pío Baroja, 198) y el que a mi juicio mejor se acomoda a las peripecias de los personajes que Baroja pone en escena, que Los caprichos de la suerte.

El cambio de títulos no tiene nada de particular porque Miserias de la guerra, según información de Pere Gimferrer, se iba a llamar Horas finales en un edición que ya tenía apalabrada con Julio Caro y que se frustró.

Baroja detestaba el boniment, es decir la palabrería de los charlatanes de feria para embaucar palurdos. La utiliza a menudo para referirse al hampa literaria nacional y extranjera. Dejando pues a un lado la puesta en escena de la noticia –convertida en eficaz anuncio publicitario–, lo cierto es que la existencia de esos originales inéditos que trataban de la Guerra se conocía desde hacía mucho, cuando menos para cualquier estudioso de Baroja, y no cabe hablar de hallazgos misteriosos ni de misterio de ninguna clase.

En 1972 los inéditos fueron exhibidos en la Biblioteca Nacional y creo que Juan Pedro Quiñonero dio la noticia de que Amorós poseía un ejemplar del que nunca más se volvió a hablar, tal vez porque alguien le hizo ver que no disponía de los derechos de autor. Los inéditos de Baroja, de manera más o menos precisa, aparecieron citadas en distintas publicaciones, así Pío Caro Baroja, editor de Guía de Pío Baroja (Cátedra, 1987), en el apartado «Obras inéditas», da cinco títulos y ninguno es Los caprichos de la suerte: «A la desbandada (Saturnales), Miserias de la guerra (Saturnales), Madrid revolucionario (Saturnales), La guerra civil en la frontera (Saturnales) y Pasada la tormenta». El autor de este breve catálogo fue Julio Caro Baroja.

Al repertoriar y describir los originales, Caro Baroja dijo:

«4. Una carpeta gris con el título: Novelas de la guerra (Inéditas). Contiene: Iª. Las Saturnales. Madrid revolucionario, 301 folios, fechado en Madrid, enero, 1951. IIª. Miserias de la guerra, 258 folios. IIIª. A la desbandada, 101 folios.»

Y en el apartado 10.:

«Una carpeta azul, en octavo, con esta indicación: Pío Baroja. Los caprichos de la suerte. Dentro dos paquetes. Iª. Saturnales. Miserias de la guerra (fragmentos). IIª Saturnales. A la desbandada (Fragmentos). Que llamó primero Los caprichos de la suerte».

Dado que ese trabajo es de Julio Caro Baroja, hecho con las carpetas de originales delante, alguna credibilidad habrá que conceder a lo escrito… ¿no?

¿Es relevante la elección del título? En absoluto. Creo que en este caso se impone el criterio de los herederos ya que el autor no fijó de manera firme el título. Además, quisicosas al margen, lo que cuenta es poder leer esa novela, todo lo crepuscular o mediocre que sea, y continuación de Miserias de la guerra. Una pieza más del rompecabezas barojiano y una muestra de su voluntad manifestada en varios lugares, de llevar la guerra a los papeles.

Entre 2005 y 2006 trabajé en los originales inéditos cuando establecí el texto de Miserias de la guerra y así pude comprobar que la novela unas veces se llama de una manera y otras de otra, y que está formada por tres paquetes de cuartillas mecanografiadas, cosidas con liza. Sobre el estado del mecanoscrito ya advertí en el año 2007 que es delicado, dada la calidad del papel empleado.

Como digo, Los caprichos de la suerte vendría a ser una continuación de Miserias de la guerra, aunque en todo o en parte hubiese sido escrito antes, durante el exilio parisino de Baroja. Y desde luego está estrechamente emparentado con otros títulos de esa época, cuando no habla de lo mismo: El hotel del cine, El cantor vagabundo, la ya citada Miserias de la guerra, todos los libros de memorias que tratan de su exilio parisino (como Aquí París), y Los caprichos del destino, de 1948 (incluido en Los enigmáticos), no ya por el muy significativo título, sino por los personajes (femeninos) y las situaciones: el hotel donde el protagonista vive en París, Rue des solitaires, donde jamás hubo un hotel llamado «Del cisne»; en cambio, en la plaza del Castillo de Pamplona, sí, y Baroja lo vio, en la rue des Solitaires, no. Como humorada me parece fantástica.

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Comienzo del capítulo VIII de ‘Los caprichos de la suerte’. Original con correcciones manuscritas de Pío Baroja. / Miguel Sánchez-Ostiz

A ‘Los vascos en su rincón’, del capítulo VIII de Los caprichos, podemos encontrarlos en Rojos y blancos y en Extravagancias (inédito, pero utilizado); la defensa de no haber firmado el manifiesto de apoyo a Rusia que hace Goyena, está en Miserias de la guerra y en Pasada la tormenta.

Los personajes que en Miserias de la guerra padecen esta en Madrid, han conseguido huir del Madrid rojo en Los caprichos de la suerte, y tras errar algo por tierras españolas llegan a París donde sufren los rigores del exilio (como el autor). Sonámbulos, extraviados, atrapados, con pocas posibilidades de salir del callejón en el que están metidos.

Vuelve a aparecer Carlos Evans, el militar inglés ya recurrente, Escalante, de la tertulia del Club del Papel, Elorrio, contrafigura de Baroja, que se convierte para la ocasión en Goyena; salen a escena Gloria y Flora con sus dramas, en los que se ve mezclado Goyena que cree vislumbrar el espejismo del amor hasta que las circunstancias se lo llevan por delante. Sobrevivir en un medio hostil, de eso se trata: la vida de Baroja y lo que Isabel Criado llamó sus «estados confusionales», desde los que escribió.

La actitud de Pío Baroja ante la Guerra Civil expresada en la novela no puede ser más catastrofista. Para él, que se pretende neutral, pero salta a la vista que trata mejor a los blancos que a los rojos, la única salida es la fuga, algo que hacen sus personajes.

De dos de ellos –su contrafigura Goyena (Elorrio) y Evans, el militar inglés–, escribe Baroja: «Uno y otro pensaban que la única solución que habría podido tener la República Española habría sido la dictadura, una dictadura inteligente… sin opresión espiritual de ninguna clase».

A mi modo de ver tiene más interés el estado de ánimo de Baroja (a través de sus contrafiguras), es decir su sólido trasfondo autobiográfico, que sus opiniones sobre la guerra, la República y sus hombres ya expresadas hasta la saciedad en libros de aquella época, o las esquemáticas peripecias de sus personajes que sonarán a muy conocidas a los lectores de Baroja.

Hablé de esta novela inédita en varios artículos y en el ensayo Tiempos de tormenta (Pío Baroja, 1936-1940), del año 2007.

El último Baroja inédito verá por fin la luz

Ese es un titular del diario ABC de días pasados, muy parecido, si no el mismo en cuanto al fondo, al de otros artículos publicados en otros medios de comunicación acerca del «descubrimiento» de un inédito de Baroja, del que se dice que es «el último». No es así. Presumo buena fe en el autor del titular, pero no estaría de más saber con certeza de dónde han salido o desde dónde se han echado a rodar los bulos, algo más que ignorancia, o si solo han sido maneras del barullo mediático.

Los caprichos de la suerte no es el último Baroja inédito porque entre los últimos libros de memorias publicados no aparece Pasada la tormenta, de modo que este está pendiente de publicación, con las correcciones que figuren en la copia mecanografiada y las cuartillas manuscrita añadidas en varias ocasiones… incluso alguna acotación como «Esto queda para otro libro» que hace pensar en el trabajo febril de Baroja, componiendo y recomponiendo libros.

El libro pertenece a ese periodo crepuscular, no tan falto de vigor y chispa como decía Isabel Criado, hacia 1972, cuando escribió de las obras de ese periodo sombrío, y desde luego después de la publicación del Pascual Duarte, de Cela, a cuyo prólogo (que no hizo) se refiere.

Entre el año 2005 y 2006, pude leer una versión de 261 (más o menos) cuartillas apaisadas, casi todas mecanografiadas, menos unas pocas que son autógrafas.

Pasada la tormenta es un libro de recuerdos, opiniones y digresiones de índole diversa –, políticas, históricas, literarias–, episodios autobiográficos, y ajustes de cuentas y defensas literarios –uno muy divertido contra Ángel María Pascual, el poeta falangista de Pamplona, que le había acusado de dormir vestido en casa de una marquesa a la que había sido invitado y de no lavarse–. Cuartillas entre las que hay siluetas de diversos personajes –Lequerica, Cossío, Chaves Nogales…– y dos versiones que me parecen particularmente interesantes: la del «enjarretamiento» (genuina expresión barojiana) del libro Comunistas, judíos y demás ralea –cuartillas 171 a 175– y otra no menos interesante del asesinato de Federico García Lorca, con un retrato cruel del poeta que no pudo ahorrarse –cuartillas 237 a 240–, porque aduce «haberla oído explicar a dos paisanos suyos». También este título estaba censado por Julio Caro Baroja en la Guía de Pío Baroja, entre los trabajos inéditos. Di cuenta de él, después de haberlo leído, en diferentes trabajos publicados en los años 2006 y 2007 que ya me resulta tedioso hasta citar, pero que los doctos no ignoran.

Diré también que Pasada la tormenta no sería el último «inédito encontrado» porque con el material reunido en las carpetas repertoriadas por Julio Caro Baroja todavía se podrían «enjarretar» uno o dos títulos más, empezando por Extravagancias y siguiendo por Hombres extraños. Y si no, al tiempo.

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Página manuscrita por Pío Baroja de ‘Los caprichos de la suerte’. / Miguel Sánchez-Ostiz
(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y uno de los expertos más reconocidos en la obra de Pío Baroja, al que ha dedicado varios libros entre los que cabe destacar la biografía Pío Baroja, a escena (Espasa-Calpe, 2006) y el ensayo Tiempos de tormenta. Pío Baroja 1939-1941 (Pamiela, 2007). Es autor del blog  Vivir de buena gana.

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  • Carlos G.

    Trabajos como éste, brillante y documentadísimo, incluidas las fotos, prestigian al autor y al medio que lo publica. Grande Sánchez-Ostiz.

  • Y más

    Exhaustivo. Conclusión: a ver cuándo van publicando, que yo quiero ir leyendo.

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