Grecia y los vasallos de Merkel

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Jesús Cuadrado *

Jesús_CuadradoSi quedara dignidad en la Unión Europea, a quienes decidieron que el Banco Central Europeo retirara el crédito al sistema bancario griego, obligando al corralito, ahora mismo se les estaría aplicando el Código Penal. En ese acto de terror, utilizado como forma de presión en el referéndum griego, en esa infamia, que Paul Krugman ha calificado como golpe de Estado, participaron todos los miembros de la Junta Ejecutiva del BCE. Deben ser recordados, uno a uno, por la indecencia de intentar doblegar “por hambre” al pueblo griego, y por la cobardía de actuar al dictado del gobierno alemán.

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Después, en la cumbre europea, tras el Referéndum, se completó la infamia. De hecho, tras el diktat alemán, al que los cínicos llaman acuerdo, Grecia está, en la práctica, fuera del euro, en una situación insostenible, como saben todos los que tomaron la decisión, entre ellos el ministro alemán de finanzas, el siniestro Wolfgang Schäuble, y los comparsas que no movieron un dedo para evitarlo, como Luis de Guindos, más pendiente de su asunto personal que de una decisión que pone en riesgo a España. La propuesta a los jefes de gobierno, que incluía la expulsión “provisional” de Grecia, merecería también estar ya en un juzgado de guardia. Utilizando a Serrat, “Padre, están matando a Europa”.

El escritor y periodista italiano Eugenio Scalfari se lo soltó al Die Zeit: “Si la política fiscal impulsada por Alemania hiciera fracasar el euro, los alemanes serían responsables del fracaso de Europa”. Ulrich Beck, el sabio alemán ya fallecido, en su libro Una Europa alemana advierte contra la “altanería de los europeos del Norte” y apela a la mejor cultura alemana, tantas veces sepultada, en la propia Alemania. Coincide con el grupo formado por Helmut Schmidt, Jürgen Habermas, Herta Müller y otros, que en su manifiesto Doing Europe apuestan por una democracia europea que crezca “desde abajo”, que se mantendrá viva solo si la gente se apropia del proyecto de construcción de Europa. Quienes se han escandalizado con la convocatoria del referéndum, ¿esperaban que los griegos, invitados a un suicidio colectivo por una política de austeridad fiscal imposible, fueran al matadero cantando? ¿Qué país se puede comprometer con un proyecto de Europa que les condena a un futuro sin esperanza alguna? Un futuro que, para mayor humillación, se decide en el Parlamento alemán, como les recuerdan cada día. Esa no es la Europa capaz de movilizar a los europeos, del Norte o del Sur, es el proyecto de los extremistas “ordoliberales” alemanes sobre los que ya escribí aquí.

Más allá del relato sobre hormigas y cigarras, sobre vagos, corruptos y tramposos de “sol y playa”, sobre virtuosos del Norte e indisciplinados del Sur, ahorradores y deudores, todos saben que sin quita Grecia no tiene solución. Hasta el FMI lo dice abiertamente en su último informe sobre la deuda. Pero no se puede hablar de quita porque Merkel se comprometió solemnemente ante los electores alemanes a que con ella nunca habría condonación de deuda. Merkiavelo, como le apodó Beck, debe ser temida en Europa para ser amada en Alemania. Y así, tacita a tacita, los ultras ordoliberales van destruyendo el sueño de la construcción europea. En España los tertulianos aplauden, y le exigen a Tsipras que incumpla sus promesas electorales, como todos. La ministra de Agricultura es más directa; “Cuidado con las urnas”, dice.

Una estrategia de austeridad fiscal para la deuda griega es inviable, y lo saben. En un medio de opinión tan poco “populista” como el blog de economía Nada es Gratis, Daniel Fuentes publicaba la víspera del Referéndum un texto titulado, precisamente, Sin quita, la deuda griega no tiene solución. En 2014, cuando se anuncia que al fin Grecia alcanza un superávit primario de un 0,4% del PIB, la deuda subió del 175 %, en 2013, a un 177,1%; serían “brotes verdes”, previos a la victoria de Syriza, a los que se refieren cada día los palmeros de Merkel. Los autores se preguntan cuál tendría que haber sido el superávit primario en 2014 para que la deuda, simplemente, no hubiera crecido. “La respuesta a esta pregunta es que Grecia habría necesitado un superávit primario del 7,1%”. Es decir, sólo para conseguir que la enorme deuda pública griega no crezca hubieran necesitado recortar en un año 6,7 puntos de PIB más, nada menos. El estudio es concluyente: “Afirmar que si Grecia se compromete a un superávit primario anual en el entorno de tres puntos durante treinta años se resuelve el problema, es razonar como contables, no como economistas”.

Ni como economistas ni como responsables políticos. Le piden al gobierno griego algo imposible porque su objetivo es expulsar a Grecia del euro. Y, de paso, hundirnos y liquidar cualquier vestigio de construcción de una Europa Federal, mientras nuestros tertulianos aplauden. Lo que pretenden los insaciables ordoliberales es una “Europa para Alemania”, organizada como un gran mercado doméstico con una tasa de cambio más competitiva de la que tendrían sin su Eurozona. Un imperio gratis, una falsa construcción europea en la que las transferencias de soberanía en la práctica no circulan desde los Estados hacia instituciones europeas federales, sino hacia Berlín directamente. A la construcción de este monstruo es a lo que se han dedicado nuestros “europeístas de salón”, que, o no entendían los riesgos, o cobraban mucho por no entenderlos. Ahora escriben artículos para responsabilizar de todo a Tsipras y, de paso, recrearse en la mitología griega, que da para mucho. En este sentido, las declaraciones recientes de Joaquín Almunia son memorables.

El gobierno griego, colocado en una situación insalvable, vive, por supuesto, en un enorme desconcierto. Se ha producido el accidente que algunos ya preveían, como el economista Martin Wolf, del Financial Times, que escribió hace tiempo sobre “la posibilidad de que en algún momento sean elegidos por el pueblo políticos que rechacen los mandatos que provienen del exterior, particularmente desde Alemania, es grande”. Ocurrió, y todo el tinglado de papel en el que se ha convertido Europa se viene abajo. Otros se dedican a repetir como posesos que los griegos deben hacer reformas, como si no supieran que los cadáveres no hacen reformas. O les piden que salgan de la Eurozona, pero saben que, aunque mejor les hubiera ido a los griegos, y a otros, estar fuera de este invento al servicio de Alemania, una vez dentro, salir resulta aún más costoso. Y, además, aunque aplaudan nuestros tertulianos, la caída de Grecia provocaría una catástrofe inmediata en países como España. Es la trampa del euro.

¿Qué salida? Armar, y pronto, una opinión pública para recuperar el proyecto de una Europa Federal, con una Alemania europea como la que querían Beck y tantos buenos alemanes preocupados por el riesgo real de aislamiento de su país, otra vez. ¿La socialdemocracia europea? De momento, no ha comparecido. Soy de los pocos que aún espera que despierte a tiempo. A Matteo Renzi le he oído decir que hay que construir una nueva Europa en la que Italia sería decisiva. Buenas palabras, pero, de momento, ha formado parte de la cumbre de la Eurozona del lunes, la de la vergüenza, la que se plegó a los dictados de los ultras alemanes y se olvidó de la Europa herida de muerte. ¿El PSOE? Ha contratado a Jordi Sevilla para llevar el tema. ¡Santo Cielo!

(*) Jesús Cuadrado es militante y exdiputado del PSOE.
1 Comment
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