Cataluña desde Grecia

50

Hugo Martínez Abarca *

Hugo-Martínez-AbarcaGrecia a la Unión Europea le da igual. Pueden pisotearla porque Grecia no tiene cómo amenazar. Su economía es suficientemente pequeña como para que lo único con lo que pueda amenazar es con un giro geoestratégico (por eso Obama pidió a la UE un poco de cabeza) pero si Rusia y China andan sin un duro, como es el caso, la capacidad de amenaza es nula.

Esa es la gran diferencia con España. España sí puede amenazar. Cuando la especulación contra la deuda de los países mediante amenazó con engullir a Italia y España se acabó la burbuja de la prima de riesgo y los rescates. A Italia le bastó con cambiar de gobierno (dimitió Berlusconi) y a España con rescatar a su sector bancario (nacionalizar la deuda de los bancos) y aunque la economía fuera peor cada vez, el fantasma de la prima de riesgo y el rescate desapareció en Europa.

Publicidad

Un hundimiento español, una amenaza creíble de impagos o al menos de reestructuración unilateral y contundente de la deuda española podría tumbar buena parte de la banca alemana y francesa y hacer temblar el sistema financiero mundial. Es el botón nuclear de la economía.

Por eso, si yo fuera un acreedor (los representados por Ángela Merkel, vaya) querría la independencia de Cataluña. Cuanto más pequeñas sean las partes deudoras menos capacidad de negociación tienen porque sólo una parte puede amenazar. El PIB catalán es cerca del 20% del PIB español. Un buen bocado. Cataluña tiene (como comunidad autónoma) una buena deuda, es la comunidad más endeudada de todas. Una deuda superior al 30% de su PIB.

No soy nacionalista. Me gustaría que Cataluña siguiera siendo parte de España. De hecho, puestos a pedir, me gustaría que Portugal y España formaran algo más que dos países vecinos. Qué más da. Me gustaría pero no tiene demasiada importancia. Y es obvio que no hay más decisión legítima que la del pueblo catalán: si quieren la independencia, qué se le va a hacer, uno es demócrata cuando asume una derrota democrática.

Lo cierto es que si queremos la supervivencia de nuestros pueblos necesitamos tener fuerza y aquí la fuerza la tenemos hoy, catalanes y españoles por el volumen de nuestra economía. Eso sí, necesitamos tener gobiernos que quieran ejercer esa fuerza. Teniendo gobiernos títeres de la banca alemana como los de Rajoy y Mas da exactamente igual cuánta fuerza se pudiera tener plantando cara a quienes dan las órdenes: además de capacidad de plantar cara hace falta gobiernos con ganas de plantar cara.

Esa es una disputa en defensa de la soberanía catalana y española mucho más real que la que se preocupe por dónde se traza una frontera. Efectivamente, en las próximas elecciones catalanas y españolas lo que se va a jugar es la soberanía: entre vendepatrias envueltos en sus banderas como Mas y Rajoy y las opciones de cambio real que se presentarán en Cataluña y unas semanas después en España.

(*) Hugo Martínez Abarca. Miembro de Convocatoria por Madrid y diputado autonómico de Podemos. Es autor del blog Quien mucho abarca.