Pim pam destituido

37
carmona_psoe_destituido
Antonio Carmona durante una rueda de prensa el pasado lunes 3 de agosto, tras su destitución. / Fernando Alvarado (Efe)

A Antonio Miguel Carmona no le ha destituido como portavoz del PSOE en la Alcaldía de Madrid Sara Sánchez, la nueva secretaria general de los socialistas de la capital. Ni su amistad con Tomás Gómez, caballo perdedor entonces al frente del PSOE madrileño. Ni su hipócrita relación con Pedro Sánchez, hoy amigos del alma y mañana enemigos íntimos. Ni su sobrexposición televisiva, tertuliano multicadenas hermanado con la escoria mediática en todos los platós del país. Ni sus nefastos resultados electorales, por supuesto sin asumir: “la campaña estuvo mal gestionada”. Ni siquiera su álbum fotográfico promocional registrado en campaña, en el que apareció en silla de ruedas, saltando junto al oso y el madroño, besando huérfanos o en retratos vintage, luciendo el porte engominado de un apoderado de banderilleros.

A Antonio Miguel Carmona se lo ha cargado, pim pam destituido, su incapacidad para cumplir su gran promesa electoral, la columna vertebral de su programa, esa idea genial, luminosa, que devolvió la ilusión a los madrileños y les ayudó a superar la pesadilla provocada por Ana Botella y sus Olimpiadas interruptus: recuperar en los parques del Retiro y la Casa de Campo las naumaquias de los tiempos de los romanos. El bueno de Carmona, un romántico idealista, quería hacer de Madrid una “referencia mundial” de las batallas navales. Como lo oye. La ciudad situada en el centro geográfico de la Península, a más de 350 kilómetros del mar, debía ofrecer al público los mejores espectáculos acuáticos del planeta en las tardes de los viernes y en las mañanas de sábados y domingos, y “también en las noches primaverales y en las veraniegas”.

Publicidad

Carmona basó su programa político en un sueño húmedo: resucitar unos espectáculos que ya tenían lugar en tiempos del rey Felipe V en Aranjuez, con veladas producidas y realizadas por Carlo Broschi Farinelli. Pero en tiempos de Felipe VI la realidad, como una colosal bayeta absorbente de tres capas, desecó esa genial idea y condenó al político socialista a la más humillante derrota.

Como no podía ser de otra manera, el despechado Carmona llora su destitución frente a las cámaras de televisión. “Si me han cesado por los resultados electorales deberían cesar a media España”, dijo en La Sexta, recurriendo a una estadística de estar por casa, el político-tertuliano. “El PSOE es un partido dividido, también a nivel nacional: las divisiones internas están provocando una división en el partido”, sentenció nuestro marinero en tierra en brillante reflexión.

Mientras, un sesudo analista político se pregunta muy serio cómo es posible que según el nuevo barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el PP, un nido de corrupción e inutilidad política, aumente su ventaja con respecto al PSOE en 3 puntos. Vete tú a saber…