La cápsula del tiempo

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Mariano Rajoy, en el río Umia. / Efe

La noticia es de esas que invitan a soñar: un tren nazi cargado de oro y obras de arte, que habría desaparecido cerca del final de la II Guerra Mundial, podría haber sido descubierto en un laberinto de túneles construido por los alemanes en una región del suroeste de Polonia. Los especialistas en ese periodo histórico se frotan las manos. Hablan de un instante mágico anclado en la vía muerta de la historia. Y se preguntan si en el interior del tren blindado no se encontrarán, además de joyas, oro, obras de arte y valiosos documentos, los restos de soldados nazis. Estaríamos ante una cápsula del tiempo.

Los españoles nos descojonamos con este tipo de noticias: ¡Nosotros vivimos en una cápsula del tiempo! Concretamente en una cápsula anclada en pleno franquismo, el periodo histórico al que se aferra con uñas y dientes el partido que gobierna el país. No hace falta que mire los nombres de algunas calles y plazas españolas, del Caudillo y la Falange, de los caídos por España. Ni las lágrimas que se vierten en algunas ciudades cuando retiran las estatuas del dictador. Ni siquiera que escarben en las cunetas que acogen los restos de hombres y mujeres que murieron por la libertad y la República. No.

Basta con que escuchen al líder del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, hablar de "limpieza" en las calles de Badalona. O al ministro de Justicia Rafael Catalá decir maravillas de la prisión permanente. O a Alfonso Alonso, ministro de Sanidad, calificar de "disparate" que los inmigrantes en situación irregular puedan tener acceso a una tarjeta sanitaria. O que contemplen al ministro de Interior santiguarse en la misa a la que asiste cada año, para "meditar, en el Valle de los Caídos.

El PP se debate entre la imagen real, un partido viejuno y corrupto que apuesta por xenófobos para resolver el problema catalán, y el radical cambio de look que necesita para tener alguna posibilidad en las próximas elecciones generales. ¿Discurso? ¿Ideas? ¿Propuestas? ¿Alternativas? No. Imagen, imagen, imagen...

De la misma forma en que Putin responde a la caída de su popularidad con fotos deportivas, montando a caballo sin camiseta, cazando un tigre o practicando submarinismo, Mariano Rajoy quiere vender salud, aparentar estar en buena forma física, mostrar que está hecho un toro. ¿Recuerda su imagen nadando en aguas del río Umia, en Pontevedra? Pues luego pudimos verle haciendo footing. Y más tarde en vaqueros y zapatillas, en pleno proceso de conversión, de holograma de plasma a ciudadano de carne y hueso.

La metamorfosis del presidente llega tarde, me temo: el paro ha subido este mes de agosto en España el triple que el mismo mes del pasado año. Recuperación interruptus. El gusano parece condenado a permanecer no ya en un capullo, sino en una cápsula del tiempo. Como el tren de los nazis, pero sin oro, sin obras de arte, sin joyas...

3 Comments
  1. Mecacholo says

    Sin oro, sin obras de arte, sin joyas… pero también con muertos.

  2. Juanjo says

    Si hay algo que en estos momentos que chirríe las orejas del común de los españolitos es la enorme perra agarrada por el Rajoy y sus Ministros, por la Aguirre, la Cospe, el Catalá, el Floriano y demás secuaces contra los populismos. Parece como si tal palabreja (populismo) fuera más repugnante que todo el dinero negro e ilegal que comenzando por el Bárcenas y su amigo Rajoy se embolsaron Y hasta se diría que ellos se agrupan bajo la denominación de Partido POPULAR porque no pretenden ser ni populares ni populistas

    Y a fe mía que lo consiguen: con la enorme corrupción que les corroe, la aparición de al menos un gran corrupto por jornada, sus embustes cotidianos y su evidente pretensión de manipular tanto su pasado como su presente, así como su evidente intención de gobernar exclusivamente con miras a mantenerse en el poder les convierte en antipopulares.
    ¿Existe algún político más antipopular que el Rajoy?
    Indudablemente, como el resto de los partidos políticos (e incluso mucho más que la mayoria) tanto el Rajoy como sus secuaces se esfuerzan por ser “populistas”, por alagar al pueblo, por prometerle el oro y el moro y un trabajo bien pagado para todos.
    ….
    Lo que pasa es lo que pasa y resulta que algunos políticos dan de sí lo que dan. Por ejemplo, si un líder (o pseudolíder) político, además de ser un badanas consumado, lucir una pachorra de tortuga reumática, mostrar un rostro lánguido, anodino y sosote, disponer de un vocabulario retaco y monocorde, soltar falacias y embustes y dar acíbar tras prometer almíbar, ¿cómo va a ser popular? Y, por tanto, ¿qué podrá tener de extraño que el único modo de mostrar su populismo sea denigrando el populismo.

    Es lo de la zorra ante las uvas: “están verdes”

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