¿Cumplir con el deber?

Miguel_Sánchez_OstizAbusivas las palabras del ministro Morenés en relación a Cataluña y el independentismo. Resultan propias de una arenga cuartelera del tiempo de los chortas y el servicio militar obligatorio. No hay derecho a oponer al derecho a decidir de los catalanes la intervención del Ejército, por muy velada que haya sido la advertencia. ¿Quién se cree Morenés que es para decir que "si todo el mundo cumple con su deber no hará falta" sacar al Ejército? ¿Deber... cumplir? Insisto, ¿cree acaso el ministro que somos reclutas en el patio de un cuartel o empleados del Real Club de Golf Puerta de Hierro madrileño? ¿Quiere jugar ahora el señorito de Neguri a ser lord Kitchener?   

Sea lo que fuera, desde que fue nombrado ministro de Defensa, Morenés juega a los soldaditos. El ministro se hizo de oro gracias a ellos, es decir al 'tráfico' de armas desde antes de entrar a dirigir el ministerio más opaco de todos los que componen el régimen policíaco que padecemos. Morenés juega a los soldaditos porque tal vez no hizo el servicio militar, puesto que le suspendieron las pruebas de acceso de Milicias Universitarias por no poder subir la cuerda de cinco metros. Ignoro si al final 'se libró' de la mili o gozó de 'enchufe'. El gesto que tuvo con la diputada de UPyD en relación al bochornoso caso de la comandante Zaida Cantero le delató: mandar callar; nos quieren mandar callar. El aristócrata tiene conciencia de representar a esa rancia clase de La Escopeta Nacional en el actual Gobierno, junto  con otros de su misma casta, representantes todos de una sociedad más estamental que democrática.

No ha sido examinada con la debida atención y desde el ámbito parlamentario la estrecha relación que ha tenido Morenés hasta la víspera de su nombramiento con empresas de armamento o de seguridad privada, esa que el partido en el gobierno quiere imponer con una 'Ley de Matonería', y los encargos ministeriales a aquellas una vez dentro del ministerio. Eso mismo en otros países europeos no habría sido consentido, aquí sí.

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En los últimos años ha habido, es cierto, una voluntad de cambio de imagen del Ejército español, y hasta un cambio real en muchos sectores, no puedo negarlo, con el fin de hacerle olvidar a la ciudadanía más memoriosa que en los últimos doscientos años no ha ganado por sí mismo otras guerras que las emprendidas contra sus propios compatriotas y que su participación en el aparato represivo del franquismo fue de peso, algo triste sin duda. Pero desde la llegada de Morenés al ministerio de Defensa se ha producido un recrudecimiento de la presencia del Ejército en la sociedad civil española con idéntica perspectiva a la expuesta por el general Emilio Mola Vidal en su obra El pasado, Azaña y el porvenir (1934): combatir el secular antimilitarismo español; imponer la presencia social del Ejército, no ya en misiones llamadas humanitarias –cuya oportunidad no podemos en la práctica discutir y de la que sabemos por informaciones no contrastadas–, sino en la vida civil; revalorizar el uniforme. Cifrado todo ello en homenajes extemporáneos y por completo acríticos convertidos en actos políticos del partido en el gobierno, a la División Azul, por ejemplo, o a regimientos, como el América 66, de Pamplona, desde donde se urdió el golpe militar de 1936 y cuya participación en la matanza de Valdediós se olvida; en el enroque en una justicia militar intocable, tanto en el presente como en el pasado ominoso de los consejos de guerra, en las ridículas 're-juras' de bandera de nuevos patriotas añosos que de ese modo españolean y se afirman en la política gubernamental sectaria y partidista... una fiesta permanente que enmascara bien la opacidad de un ministerio cuyo gasto excede en mucho los presupuestos generales mientras los más elementales derechos y servicios sociales se recortan sin piedad. Si el ministro quiere jugar que lo haga con soldaditos de plomo y en su casa.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog  Vivir de buena gana.