Rajoy engaña como Samaras

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Alejandro_InurrietaLa contabilidad pública europea está llena de episodios de creatividad, por ser suaves, para poder aprobar unos exámenes ridículos que, a día de hoy, la Comisión Europea sabe que no se pueden cumplir. Pensar que los 28 países que configuran la UE pueden tener un mismo déficit público (3%) o un mismo nivel de deuda (60%) es simplemente histriónico, cuando no un ejemplo de la locura que hoy por hoy asola a la gobernanza económica y política europea.

Esta creatividad ha tenido episodios gloriosos, como el de la entrada de muchos países en el euro, entre ellos España, lo que todavía se achaca al milagro de aquel excelso ministro que se llamaba Rodrigo Rato. Pero después de este episodio, también hemos vivido el affaire de Eurostat, que sembró muchas dudas sobre la calidad y fiabilidad de las estadísticas europeas, algo que también empieza a ocurrir en países concretos, como es el caso de España con el INE.

En este contexto de cuentas maquilladas, criterios ad hoc para esconder parte del déficit, cada vez tienen menos credibilidad los documentos que se mandan a Bruselas, los mal llamados Planes de Estabilidad. Pero además, en el caso de España, como estamos intervenidos de facto, los Presupuestos hay que mandarlos a Bruselas para que, en la llamada tercera Cámara, sean aprobados o no por el Colegio de Comisarios. Esto, que antes no pasaba, es un elemento de presión que está siendo utilizado por Bruselas, pero también por la oposición política en España para deslegitimar la aprobación tan rauda y empecinada de los quintos presupuestos de la legislatura, algo por lo que tristemente pasará Rajoy a la historia.

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Estas cuentas públicas, innecesarias a todas luces, dado el calendario electoral, han sido elaboradas con el único objetivo de hacer creer a los agentes económicos que España ha iniciado un ciclo económico expansivo que ya no tiene vuelta atrás, y que no hay ningún factor exógeno que vaya a enturbiar la propaganda hasta diciembre, aunque una vez tome posesión, como le pasó en 2011, el Gobierno que sea tenga que recortar algo más de 10.000 millones de euros de gasto. Para elaborar estas cifras, Rajoy ha necesitado dos colaboradores necesarios. Por un lado el Banco de España que ha avalado el cuadro macroeconómico, aún sabiendo que es incumplible y que la amenaza de recesión global es cada vez más plausible. Así mismo, el Banco de España no ha alertado lo suficiente sobre el verdadero agujero que deja Rajoy en la Seguridad Social, y que inició Zapatero, ya que las sucesivas reformas laborales han cercenado los ingresos de la Tesorería de la Seguridad Social, algo que buscaban ansiosamente tanto el Gobierno como la patronal. Esta coyuntura, con un déficit estructural del sistema que se aproxima al 2%, solo se puede cubrir si aumentamos los impuestos para financiar el sistema al margen de las cuotas patronales y de trabajadores, o elevamos las bases de cotización más de un 17% el año entrante, sin que ello merme la afiliación.

El segundo aliado del Gobierno ha sido el INE, con su calendario de revisiones de la Contabilidad Nacional, sin que hayan enlazado las series anteriores. Los errores generados en el periodo 2011-2014 revelan cómo sistemáticamente se está inflando la contabilidad del consumo privado, y también del sector exterior, de ahí la discrepancia entre el INE y el Banco de España en exportaciones e importaciones. Sin aprender el pasado, se sigue apostando por cifras de crecimiento completamente desfasadas y fuera de toda lógica. Curiosamente en un momento en el que se ha empezado a revisar el crecimiento en todas las áreas geográficas, fruto del enfriamiento asiático y el desplome de las materias primas. A eso hay que añadir las alertas que sobrevuelan la economía norteamericana, con Canadá y Australia ya en recesión técnica. Estas noticias parecen no influir en el optimismo patológico de los últimos inquilinos de la Moncloa que únicamente se rodean de asesores de una sola dirección: la del crecimiento sin pausa.

Este menosprecio a los agentes económicos y a los ciudadanos, en puertas de las elecciones, por parte del presidente Rajoy se asemeja mucho a lo que hizo su querido amigo griego, Samaras, cuando ocultó parte del déficit griego, con la inestimable ayuda de Goldman Sachs. Este contubernio de la derecha europea del Sur para evitar ser castigados por los guardianes de la ortodoxia, a pesar de los elogios sublimes que nos dedican cada vez que nos recuerdan que no hemos cumplido el objetivo de déficit en toda la legislatura. Por eso, el dictamen de Moscovici ha sido demoledor y abre una grieta en la ya maltrecha credibilidad de la economía española. Si el déficit no se va a cumplir,  y para pertenecer a este club hay que cumplir las reglas, lo más honesto sería retirar estos presupuestos que ya han sido enmendados a la totalidad por parte de la tercera Cámara que cogobierna en España: La Comisión Europea.

En suma, los ciudadanos y los agentes españoles deben saber que no hay presupuestos creíbles para 2016 y que el próximo gobierno se estrenará con la tijera del gasto, especialmente el social, como ya hicieron Zapatero y Rajoy cuando les enseñaron el camino recto desde Bruselas. Rajoy ya utilizó estrategias de trilero cuando esperó a las elecciones andaluzas para aprobar su programa de recortes en sanidad y educación. Ahora ya tenemos información suficiente para poder decidir el voto con mayor diligencia. Habrá nuevos recortes y la Seguridad Social seguirá con un déficit estructural que no se arreglará solo con la derogación de la Reforma Laboral. Habrá que diseñar otro modelo productivo y cambiar la forma de financiar la Seguridad Social. Y por tanto, habrá que subir impuestos, como muchos decimos, derogando la mini rebaja de las nóminas que apenas se deja notar entre las rentas más bajas. Para todo ello, el nuevo ejecutivo debería ser muy valiente y estar muy bien preparado para acometer todas estas reformas. Pero lo que se va viendo, no invita al optimismo, sino más bien a la tristeza más absoluta, máxime después de los chascarrillos del último desfile militar.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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