París, Meca del periodismo

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Portada de La Razón del domingo, 15 de noviembre, en la que se muestra la imagen del periodista canadiense Veerender Jubbal (arriba a la izquierda) y se le acusa de ser uno de los terroristas de la masacre de París. / kiosko.net

En estos tiempos de violencia irracional, conflictos internacionales, derivas independentistas, eclipses morales, fundamentalismos agresivos y decadencias éticas, en los que la realidad parece relegada por la incertidumbre y el relativismo, necesitamos más que nunca a aquellos que son capaces de iluminar el camino, definir los deberes cívicos y mostrarnos la esencia de la realidad. Intelectuales, pensadores, estadistas, filósofos, artistas, académicos, humanistas… Periodistas. El atentado de anoche en París me recuerda la misma locura, sin víctimas físicas, del independentismo catalán, dijo Jesús Mariñas en Telecinco, cadena de televisión generalista que lidera las audiencias y las ganancias televisivas en España. El Grupo Mediaset España, dueño de Telecinco y Cuatro, ha multiplicado por cuatro sus beneficios en los primeros seis meses de 2015, logrando un beneficio neto de 97,8 millones de euros.

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La noche de los atentados en París, las televisiones españolas no reaccionaron: la programación del fin de semana es sagrada, con sus pelis de Stallone, sus 'Sálvame' y sus 'Tu cara me suena'. Poco a poco, a medida que se acumulaban los cadáveres y los tópicos, las cadenas generalistas fueron desplazando personal a la zona de la masacre. El sábado llegaron los primeros reporteros a París. El domingo, los telediarios se emitieron en directo desde París. El lunes, los magazines matinales arrancaron en vivo desde París: Ana Rosa Quintana y Susanna Griso desde la ciudad de la luz. Las calles de París aparecían abarrotadas de periodistas en todas sus versiones: de investigación, reporteros de guerra, opinadores, del corazón... Había jefes y curritos, especialistas en geopolítica, algunos, y en perseguir a la Pantoja, los más. 'Postureo' a cascoporro. Contaron en la radio que en uno de los lugares donde se produjeron los atentados, convertido en improvisado altar, era mayor el número de periodistas que el de ciudadanos.

En La Sexta, el director de la cadena se convirtió en reportero de calle para mostrar en directo los charcos de sangre que, 24 horas después de la masacre, aún no se habían limpiado. Periodismo riguroso alejado del sensacionalismo. En Antena 3, la tertuliana/criminóloga que la semana pasada analizó la compleja mentalidad asesina de los padres de la niña Asunta, mostraba hoy al mundo sus conocimientos sobre la yihad. Hablaba con soltura de células, del feudo sirio de ISIS y de la financiación terrorista: “que no se estigmatice a la comunidad musulmana”, sentenció. “Cuidado: hay personas que no se quieren integrar”, le respondió un tertuliano en busca de audiencia. Mientras, algunos periodistas estrella del calibre de Carlos Herrera colgaban en las redes sociales sus selfies en los lugares de los atentados. Sí, yo estuve allí, en la Meca de la información, poniendo ojitos y haciendo gran periodismo.

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Captura del tuit de Carlos Herrera. / Twitter

En la cumbre de la cadena de despropósitos informativos, una vez más el diario que dirige Francisco Marhuenda. La Razón publicó el pasado domingo, en portada, la fotografía de uno de los terroristas que había atentado en París. ¡Enorme exclusiva! Debió pensar el director/tertuliano. Lástima que se tratase de un burdo montaje realizado a partir del selfie de un periodista canadiense: unos bromistas le añadieron un cinturón de explosivos y sustituyeron el iPad que tenía en las manos por un Corán. ¡Voilà! El periódico de Planeta se tragó el anzuelo y presumió de terrorista en portada. ¿Rectificación? Sí, pero no en portada, mejor con un tuit...

¿La guinda al disparate periodístico de las últimas horas? Quizá el minuto de silencio por las víctimas que tuvo lugar el mediodía del lunes en París. Retransmitido por Telecinco y La Sexta, el escalofriante minuto de silencio se convirtió en el minuto de los monólogos de las estrellas de ambas cadenas, que no dejaron de hablar en los instantes supuestamente más íntimos y emotivos vividos tras los atentados. "Esto es impresionante, hay dolor y lágrimas", decía la presentadora/escritora. “El silencio impone su ley”, susurraba Ferreras, el periodista dicharachero, sumido en una interminable verborrea.