La memoria

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El monumento en recuerdo a las víctimas del 11M en la estación de El Pozo ha sido objeto ve actos vandálicos. / Efe

Si usted es uno de esos españoles de bien que, conmocionado por los atentados de París, quiere rendir un pequeño homenaje a las víctimas de nuestro 11-M, se encontrará con algunas puertas cerradas: el monumento a su memoria que se levantó en la estación de Atocha lleva meses caído en el suelo. La falta de mantenimiento (aire comprimido) hace que el cilindro de cristal, de 11 metros de altura con el interior forrado por un plástico con frases dedicadas a los 193 fallecidos en los atentados yihadistas de 2004, no se pueda mantener erguido. Está desplomado, derrotado y retorcido como un vulgar montón de basura. En la estación de cercanías de El Pozo del Tío Raimundo, donde murieron 67 personas, se levanta otro monumento a las víctimas de ese mismo atentado, con unas litografías enmarcadas en unos nichos de granito. Tampoco se acerque por allí: unos vándalos han destrozado a mazazos los cristales blindados.

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¿Y ahora qué hago, dónde voy, cómo entreno ese músculo invisible llamado memoria? Sinceramente, lo ignoro. El actual Gobierno ha despreciado solemnemente a las víctimas del franquismo, desactivando la Ley de Memoria Histórica. Así las cosas, solo se me ocurre una solución: apúntese al banquete organizado por la Fundación Francisco Franco en el madrileño hotel Meliá Castilla para homenajear el 123 cumpleaños de su dictador favorito. Por solo 40 euros podrá cenar en un local de cuatro estrellas, y tendrá la oportunidad de codearse con la flor y nata de la caspa ibérica.

Si esa noche no tiene ganas de salir de casa, que ya ha llegado el frío, siéntese frente a la tele con una mantita sobre las rodillas, encienda el brasero y sintonice 13TV, la cadena de la Conferencia Episcopal. En el programa “El cascabel” podrá ver cómo los tertulianos insisten en la vieja teoría de la conspiración tramada por Pedro J. Ramírez cuando dirigía el diario El Mundo. “No fue un atentado, fue un golpe de estado”, dijo hace cuatro días Luis del Pino en la tele de los obispos sobre los atentados del 11-M. “Los hechos probados de la sentencia (errores incluidos) encajan tanto con el que el 11-M lo montó Al Qaeda, ETA o un servidor. No sabemos quién fue”, asegura Pedro J en Twitter.

La memoria, ese registro del dolor del que hablaba Juan Benet, sigue manteniendo activas algunas cajas registradoras. Una memoria que nos humaniza, sin la cual dejamos de existir. Y una memoria gris, recuerdos manipulados que regresan para envilecernos, para ensuciarnos, para hacernos peores personas. No caigamos en la trampa: lo que olvidamos, dijo en una ocasión Canetti, pide socorro desde los sueños. “La teoría de la conspiración nos ha hecho casi más daño que los terroristas”, reconoce una Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11M Víctimas del Terrorismo, una mujer tenaz que atesora la mirada más triste del mundo.

1 Comment
  1. Oghaio says

    El acoso a que ha sido sometida Pilar Manjón debería hacernos morir de vergüenza.
    Pero no pasa nada. NADA.

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