El debate, hábitat democrático

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Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante el debate organizado por 'El País' ayer, 30 de diciembre. / Juanjo Martín (Efe)

No se habla de otra cosa. Los debates. El diario El País elevó la anécdota, un acontecimiento que debería ser usual en democracia, a categoría de noticia: "El primer debate electoral decide la mejor alternativa al PP", titulaba en su portada de papel del lunes. Están muy confundidos. La noticia no es ese debate, organizado por ellos mismos. Ni el que tendrá lugar dentro de unos días en Antena 3/La Sextauno de los brazos del duopolio televisivo. Ni en la patética contraprogramación de Telecinco, entrevistando a la misma hora del debate en El País al presidente del Gobierno. La noticia es que uno de los candidatos se niega a debatir con el resto de aspirantes.

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El candidato que no quiere verse las caras con sus rivales afirmó, hace no demasiado tiempo y sin ruborizarse, que los debates eran su habitat. Se trata, como usted ya habrá adivinado, del mismo hombre que pidió por SMS a Luis Bárcenas que fuese fuerte: Mariano Rajoy. El político que ofrece ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma, y que evita las preguntas de los periodistas al final de sus intervenciones. El hombre que contesta a las preguntas sobre corrupción con un abstracto "ya, tal". El líder que pierde por goleada cada debate al que no se presenta.

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Un político que se niega a debatir en público debería dejar la política en ese mismo instante. Está acabado. A no ser que pretenda que los ciudadanos asumamos que las ideas, el pensamiento, la reflexión y la confrontación creativa han dejado de ser la base de la política moderna. Un político que no quiere debatir tiene que ser un político maquiavélico, además de inseguro, tramposo y superficial, que no se atreve a exponer su ideología, a defender el conjunto de principios y doctrinas que marcará su gestión. Será un político retorcido y oscurantista que se niega a explicar su programa, es decir, su proyecto sobre cómo organizar un país y poner en marcha una sociedad. Un político que evita cruzar ideas con otros políticos es un farsante.

El debate es uno de los momentos festivos de la democracia, quizá la cumbre de la expresión política. Sobre todo en el mundo mediático en que vivimos, donde millones de personas pueden asistir en directo a estos acontecimientos gracias a la magia de la televisión. Un grandioso logro de la nueva política, más aún si lo comparamos con antiguallas tan casposas e inútiles como los mítines. Precisamente por eso, por su enorme fuerza democrática, por su capacidad para aupar líderes y desenmascarar impostores, el debate debe abrirse a todos los públicos, a todos los medios, a todas las pantallas. Y como obligación, a todos los políticos.

"Creo que nunca hubo otra época con tanta mediocridad democrática (entre los líderes del mundo)", dijo en el último "Salvados" (La Sexta) el expresidente uruguayo Mujica. La noticia, insisto, no son los debates, el corazón de cualquier campaña electoral en una democracia sana. La noticia es que un político que aspira a gobernar se niegue a discutir sus propuestas. Y lo haga con recochineo, insultando a los votantes diciendo que precisamente los debates son su hábitat.

6 Comments
  1. Meca says

    Justo cuando más lo echaba en falta, sueltas ese «Y como obligación, a todos los políticos».

  2. elnene says

    No he visto el debate, pero la imagen del plató con uno de los atriles sin persona detrás es simplemente brutal.

  3. qq says

    La noticia, insisto, no son los debates, el corazón de cualquier campaña electoral en una democracia sana. La noticia es que un político que aspira a gobernar se niegue a discutir sus propuestas.

    Sí, pero la auténtica noticia es que es partido cuyo candidato es ese político siga a la cabeza de todas las encuestas. Eso dice tan poco del país del candidato como del candidato en sí. Tenemos lo que merecemos.

  4. Juanjo says

    Javier, me parece que tu columna está muy bien: Pero, diría que en ella el Rajoy hasta sale favorecido. A mi me parece que para retratar con precisión la auténtica idiosincrasia y dimensión de semejante individuo, lo mismo que a una buena mayoría de sus secuaces (el Bárcenas, el Camps, el Granados, el Matas, etc.) son suficientes (además de muy efectivas) los 3 términos que más desprecia la ciudadanía española: badanas, embustero y corrupto.

  5. Josu says

    A Mariano lo ha castigado su mujer por pegar al niño, por eso no puede ir a los debates. Es ella la que decide el cómo y el cuándo. El pobre está deseando, pero ella no le deja relacionarse con esa chusma juvenil ¡Qué le vamos a hacer!

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