Podemos 2015: De la transversalidad a la indefinición calculada

Alejandro_InurrietaPodemos surgió como revulsivo de una sociedad anestesiada que ha tragado con una degeneración política, social y económica que ha transformado el país en un ecosistema difícil de digerir. La ocupación de plazas en todo el territorio, a partir de un movimiento muy heterogéneo de mareas y grupos sectoriales, generó una oleada de ilusión y esperanza que desbordó el modesto objetivo de sus coordinadores iniciales.

Toda aquella energía política, todas aquellas noches enteras de charlas y discusiones tan ricas, como ingenuas en algún sentido, fueron canalizadas hacia una fuerza política que trató de vertebrar todo ese caudal de ilusión, al principio desde las tertulias televisivas y finalmente con la irrupción del partido morado en Ayuntamientos y Parlamentos, tanto nacionales, como europeos.

Las plazas fueron alumbrando medidas que, en su gran mayoría, eran programas de máximos, al estilo de los viejos partidos de izquierdas, PSOE o PCE, lo que encandiló a una parte no desdeñable de la sociedad, hastiada de las dos grandes formaciones clásicas, que han fracasado en mantener a flote la confianza de la sociedad en sus instituciones políticas.

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Todo el discurso de regeneración política y social, de justicia social, de ruptura con el falso mito de la transición como ejemplo de tránsito de la dictadura a la democracia, encandiló a millones de ciudadanos, provenientes de muy diversos orígenes ideológicos, e incluso sociales y económicos, puso en vilo a la oligarquía económica, pero también política, que ha gobernado el país desde 1978. Las encuestas reflejaban un entusiasmo y una fidelidad que parecía no tener fin, a lo que se unía la excelente preparación telegénica del líder absoluto: Pablo Iglesias.

Toda la sociedad clamaba porque esta energía propositiva se trasladase a las urnas y se pudiese transformar, de verdad, el país, tal y como bramaban en las plazas todos aquellos/as líderes callejeros. Las grandes empresas y el sistema financiero entero se pusieron en guardia y comenzaron a afilar sus tentáculos mediáticos para intentar frenar esa oleada social que pretendía acabar con la España de 1978. Les asustaba las propuestas de nacionalización de gran parte del sistema productivo y financiero, y el establecimiento de una Renta Universal generalizada, que comenzó a mostrar que las discusiones en caliente y sin pensar en plazas abarrotadas, a veces son contraproducentes, máxime cuando se pronuncian por activistas sin la preparación adecuada.

De esta fase de exaltación de la unidad popular, como fórmula de asalto a los cielos y los palacios de invierno fue surgiendo una nueva forma de hacer política que tiene sus puntos muy positivos, pero otros muy decepcionantes. La organización en círculos, locales y sectoriales, con una estructura asamblearia, convertía los encuentros en tediosas y largas discusiones sobre métodos de discusión y toma de decisiones, que fueron expulsando a una parte no desdeñable de ciudadanos que ni tienen el tiempo, ni la paciencia para entrar en esta dinámica. Por el contrario, la búsqueda de autofinanciación y la no dependencia de los bancos, como el resto de formaciones políticas, les hace ser libres e independientes para poder proponer y tomar decisiones sin ese chantaje emocional y financiero que ejercen los bancos.

Con todo este bagaje y con la ilusión todavía intacta, Podemos logra un magnífico resultado en las europeas y encumbra al líder carismático que ya arrasa en audiencias en las televisiones privadas, salvo en la pública, donde es sistemáticamente boicoteado en una actitud propia de democracias censuradas que tanto se critican. Pero es partir de aquí cuando comienzan algunos de los principales problemas que arrastra hoy la formación morada. La puesta en escena de Vistalegre escenificó las tentaciones de control interno y supuso la pérdida de mucho capital humano que se fue alejando de la mayoría impuesta desde arriba por la cúpula. Las consecuencias se vieron en las autonómicas con resultados por debajo de lo esperado en algunas CCAA, como Andalucía y Aragón, plazas donde los líderes fueron aupados a pesar de los deseos de la férrea dirección nacional que, incluso apostó por candidatos alternativos.

En la política de pactos ya se entró en una indefinición y tacticismo que también ha levantado ampollas. Por un lado, se mantuvo firme en su no apoyo al PSOE en Andalucía, plaza poco recomendable para establecer alianzas con un partido tan dañado por la corrupción y la mala gestión, pero por otro permitieron que en Asturias gobernase el partido de extrema derecha en Gijón (Foro Asturias) y en el Principado, el PSOE tenga que recurrir a su pareja de baile favorita en las últimas legislaturas: el PP. En suma, se ha vendido una idea de transversalidad, de indefinición ideológica, que sólo busca captar votos en diversos caladeros y alcanzar el poder, siempre a costa de superar y hundir al PSOE.

Esta táctica ha pasado factura tras las elecciones autonómicas y municipales y ha reabierto las luchas internas, como las de Euskadi o Cataluña, tras el mal resultado de las autonómicas. Pero la propia elección de las listas ha sido un mal augurio, rompiendo los principios de mérito y capacidad, también el modelo de listas cremalleras e igualando al PSOE en fichajes impuestos que, en algunos casos, han sido difíciles de encajar por una militancia acostumbrada a las asambleas en las plazas.

Con estos mimbres y prácticas se ha elaborado el programa económico de Podemos, que, en esencia, no se parece mucho al que presentaron allá por el mes de marzo, instados por las fuerzas mediáticas que prácticamente les obligó a redactar, de forma rápida y apresurada, un manifiesto económico elaborado por V. Navarro y Juan Torres, entre otros. La versión que se presenta ahora difiere en muchas partidas, pero sobre todo la filosofía ha cambiado bastante. La nueva entrega para estas elecciones es un compendio de ideas acertadas, aunque poco concretadas y que puede ser asumido por cualquier formación de corte socialdemócrata.

Las principales aportaciones se encuentran en la parte energética donde se nota el talento del grupo que lo forma, y aquí se pone mucho énfasis en la transición hacia un nuevo modelo energético, sin mencionar la nacionalización de las empresas eléctricas, poniendo coto a las fuentes de financiación de instalaciones ya amortizadas, como ocurre en la actualidad. Todo ello con el objetivo de transitar hacia un modelo sostenible en el que las energías renovables tengan su peso, aunque no especifican qué modelo de retribución y qué tipo de instalaciones son los que hay que fomentar.

También es muy interesante el programa de ciencia y tecnología, muy en la línea que plantean el PSOE o IU, sin grandes novedades, pero dado el espacio que dedican, es de agradecer. Retorno del talento, aumento de la inversión en ciencia, democratizar las OPIS y una gran mesa nacional por la ciencia son algunas de las propuestas más destacables.

En materia fiscal y sistema financiero es donde tal vez hay más elementos que pueden defraudar muchas expectativas. La reforma fiscal es muy limitada y apenas contiene grandes novedades. Destacan los impuestos solidarios a la banca, el endurecimiento de la tributación a partir de 60.000€, y lo que no falta en ningún programa: lucha contra el fraude fiscal e impuesto de patrimonio y sucesiones. El apartado de banca pública, recoge la idea de utilizar Bankia y Mare Nostrum para construir una banca estatal, pero sin que se deje claro para qué y en qué sectores debe operar, lo que aleja un poco de la ambición inicial en este campo.

En el campo de la restructuración de deuda, la versión final es muy retraída sobre las versiones iniciales. No hay ninguna mención a quitas de deuda, por razones obvias, y se utiliza de nuevo el concepto de deuda ilegitima, auditoria de la deuda, en línea con lo que se está haciendo en la Asamblea de Madrid. Sí es interesante la parte de restructuración de deuda hipotecaria de las familias, aunque su puesta en marcha necesita de más estudio.

En materia de empleo coinciden con la gran mayoría de partidos de izquierda. Derogación de la Reforma Laboral, reducción de la temporalidad, subida de salario mínimo, mejora de la igualdad de género, y supresión de las reformas de pensiones del PP y PSOE. Abogan por destopar las cotizaciones máximas, impuestos específico para financiar las pensiones y reducción de la jornada laboral, al estilo del PS en Francia.

En suma, el programa económico de Podemos es un compendio de propuestas socialdemócratas, muy asumible para la gran mayoría de la sociedad, y donde ya solo queda la renta garantizada o complemento de renta para eliminar la trampa de la pobreza de lo que fue una pequeña revolución cuando se anunció la Renta Básica Universal. Lo que sí es verdad, es que el equipo económico de Podemos es de primer nivel, amplio, plural y muy competente que han podido plasmar un programa que no asustase a una parte de la sociedad, menos ideologizada. Esperemos que a la hora de implementarlo sean algo más ambiciosos en algunos aspectos.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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