España sigue en el pozo económico y social

Alejandro_InurrietaRealizar un balance del año, o casi de la legislatura, resulta fácil si nos creyéramos las consignas del establisment político y económico, pero bastante más trabajado y complejo si queremos ser honestos y rigurosos. El mensaje triunfante con el que se ha presentado a las elecciones la coalición PP-Poder Económico (IBEX 35)-Monarquía es que España ya ha salido de la recesión, crece más que ninguna economía de la UE, ha creado 1 millón de empleos en la legislatura y  ha salvado a España del rescate a la portuguesa o a la griega.

Este análisis falaz, construido simplemente por datos puntuales, en un momento del tiempo y sin reflejar una senda temporal completa y comparable, solo sirve para las soflamas en los mítines o para que medios de comunicación en manos del sector financiero se desgañiten los sábados por la noche ejerciendo de doctores en economía, con el beneplácito de las cadenas mayoritarias. La realidad económica y social es manifiestamente peor, de ahí los resultados electorales y las dificultades que tiene el discurso oficial para calar entre la población, tanto formada, como la no formada en esta materia.

A grandes rasgos, la economía española está hoy peor, o similar, que estaba en 2011 en muchos parámetros económicos y sociales, y por supuesto infinitamente peor que estaba en 2007, inicio de todos los males para algunos. Por tanto, la primera premisa de la que hay que partir es que no se trata de volver a los guarismos de 2007, por más que fluyese el dinero de forma rápida y caprichosa, sino cambiar de raíz las causas por las que España está hoy a la cola en muchos registros básicos: I+D, igualdad, empleo digno, cobertura de dependencia, lucha contra la pobreza, modelo de crecimiento sostenible, etc.

Las cifras más importantes son tozudas. Hoy hay menos ocupados que en 2011, según la última EPA, 104.000, menos afiliados a la Seguridad Social, 8.455, y también menos parados: 427.500. Menos parados, fruto no de la creación masiva de empleo, sino de la salida de muchos activos del mercado laboral, fundamentalmente a la emigración. Es decir, la economía española, a pesar de que coyunturalmente crea empleo barato y temporal, expulsa una parte no desdeñable de capital humano formado, más de 540.000, que satisface las necesidades de otros países comunitarios y no comunitarios, donde les pagan mejores salarios y les facilitan carreras profesionales, especialmente en el sector de la investigación biomédica. Los que se quedan aquí tienen que sufrir contratos ridículos, hasta de 8 minutos en el sector de limpieza, salarios abusivos y condiciones laborales que empiezan a rozar situaciones de semiesclavitud, siempre bajo el paraguas de una inspección de trabajo ajena y muy menguada en términos de efectivos.

Si en algo se notan los efectos de la legislación laboral y las políticas regresivas es en aquellos hogares sin ingresos y parados de larga duración. Aquí el fracaso es palmario. Hay casi 2,16 millones de personas paradas con una antigüedad superior a 2 años, unos  725.000 más que al principio de la legislatura. Cierto es que esta variable siempre va con retraso respecto al ciclo, pero la lentitud con la que se está empezando a corregir, no invita a pensar en una mejoría a medio plazo. Esto explica por qué más de 700.000 hogares no tienen ingresos, fundamentalmente hogares monoparentales con hijos a cargo, lo que significa un riesgo de exclusión muy grande para muchas mujeres y niños.

Con todo esto, la tasa de paro apenas ha bajado 1,4 puntos porcentuales al final de 2015, situándose en el 21,2%, sin contar el subempleo, es decir aquellas personas que desearían trabajar más horas que se contabilizan como ocupadas, frente a otras estadísticas que las situarían entre un concepto más amplio de desempleo. La pregunta es clave: qué empleo se ha creado y si éste tiene futuro. La respuesta es sencilla: el neto de la legislatura es las destrucción de más de 400.000 empleos a tiempo completo y la creación de más de 268 mil empleos a tiempo parcial, lo que ha elevado la tasa de parcialidad hasta el 15% y la de temporalidad al 26,1%.

Hay colectivos que, además, siguen en situación crítica. Uno es el de discapacitados, cuya tasa de paro y actividad sigue reflejando un completo abandono por parte de las instituciones y la sociedad. Los que somos miembros de un Centro Especial de Empleo sabemos las dificultades que pasamos, gracias a la lentitud en el pago por parte de las Comunidades Autónomas, particularmente Andalucía. Pero también las personas que dejan su vida por la investigación en medicina y otras profesiones afines. El maltrato administrativo, salarial y de reconocimiento público obliga a muchas de ellas a lanzarse a la aventura de emigrar, llevándose proyectos, patentes e ilusiones que aquí jamás podrán culminar. También aquí hablo por experiencia propia. En la lucha contra el Alzheimer se nota la falta de proyecto de país que tienen las instituciones financieras y otros centros que podrían apoyar y financiar la investigación básica.

Si el empleo es escaso y poco atractivo, los salarios que se pagan son cada día son menores, con el aplauso de los adalides de la flexibilidad y competitividad. Cierto es que ahora las empresas españolas salen algo más al exterior, por falta de demanda interna, pero aquellas que exportan por sistema, pagan salarios superiores a la media, por lo que no parece un elemento decisivo a la hora de exportar. La devaluación interna es la base de la acumulación del capital para desmantelar las relaciones laborales y dejar sin contenido la negociación colectiva. Esa es otra señal de retroceso en materia laboral que poca gente analiza, y desgraciadamente ha llegado para quedarse. En estos 4 años, la reducción en riqueza nacional ha alcanzado los 40.000 millones de euros.

El escenario de crecimiento, por tanto, es débil y basado en factores eminentemente exógenos. Nos llega la ola del petróleo barato, de tipos anormalmente bajos y de una corriente extra de turismo que nos permite sobrevivir, eso sí, en condiciones cada vez más precarias. No hay que olvidar que todavía estamos un 25% por debajo del crecimiento de 2011, es decir, solo nos estamos acercando a dicha meta, mientras que el resto de países de nuestro entorno ya lo alcanzó, e incluso superó. Por ello, la comparación del flujo de crecimiento no es muy adecuada en este sentido.

Pero en lo esencial, apenas hemos salido del pozo. No hay ningún cambio de patrón de crecimiento; la pobreza sigue creciendo y la desigualdad también. La fortaleza de las empresas punteras se debilita, siempre que no está el BOE para echar una mano, y algunas, como Abengoa, pagan la nefasta política empresarial de los años de la burbuja inmobiliaria y obra civil. También aquellos sectores con futuro, como las renovable, pagan los excesos de una burbuja y el daño regulatorio que lamentablemente no se acaba de superar. Tampoco aparece un nuevo modelo energético que sustituya, de una vez, al obsoleto mercado de energías fósiles, gracias al poder del oligopolio reinante, reducto de los políticos que se jubilan. Esto está propiciando que numerosas empresas solventes se tengan que ir de España buscando un marco regulatorio y de mercado más amable y sobre todo menos dañino económicamente hablando.     

El verdadero meollo está en el volumen de deuda acumulada bajo los ejecutivos de Zapatero y Rajoy, que han seguido vasos comunicantes. La parte privada que generó Zapatero se ha convertido, en gran parte, en deuda pública, que alcanza ya el 100% del PIB, y que es una espada de Damocles que pende sobre la economía española. Familias y empresas, en gran parte, tienen enormes dificultades para poder repagar dicha deuda, lo que sigue presionando al sector financiero hacia un escenario nada boyante, a pesar de la propaganda. La función del BCE seguirá siendo comprar mucha deuda basura para aplacar los ánimos de los acreedores que no están dispuestos a perder ni un solo euro.

Para todos estos cambios se necesitarían instituciones públicas solventes, una sociedad civil muy fuerte y unos partidos políticos que buscasen el bien común. Como estamos cerca de la epifanía, todo esto suena a música celestial y a eslogan postelectoral. Nada de esto tiene España y no tiene visos de tenerlo a medio plazo. Los partidos emergentes son meros parches sustitutivos imperfectos de los grandes, y estilan modos y formas muy similares, aunque el discurso sea algo más fresco. La incapacidad para tener empatía real, y no un mero tacticismo electoral, incapacita a los nuevos gestores para poder acometer todos estos frentes, y los que se me quedan fuera. Tenemos un país enfermo, grave en muchos aspectos, y una UVI sin recursos para solucionarlos. Pero sobre todos tenemos un problema moral, de calidad humana, de instituciones y de marco europeo y mundial que nos condena a soportar esta realidad como única salida. Parafraseando a Podemos, el SÍ SE PUEDE, tiene que ser algo más que un eslogan.

  (*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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